Pregunta necia, respuesta obvia

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Columnaz lunes, 2 agosto, 2021 12:00 PM

Amor, ¿estoy gorda?

“No, amor, para nada”.

Dímelo al oído…

“Amor, no estás gorda”.

Dímelo en el otro oído.

“¿Neta, me vas a hacer dar tooooooda la vuelta?”.

Autor: Un flaco sangrón.

 

Orden de tacos

Hola, ¿me prepara una orden de tacos, por favor?

“Muy bien. ¿Con todo?”.

Sin chile.

“Okey, ¿en plato normal, o de princesa de Disney?

Autor: Un principito.

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Tres hombres en el cielo

Tres hombres llegan simultáneamente a las puertas del cielo.

San Pedro sale y les dice:

“Tenemos malas noticias para dos de ustedes; sólo puedo dejar entrar a uno de los tres esta semana. La persona que cuente la mejor historia de cómo murió, será la que pueda entrar en el cielo hoy”.

Uno en uno, San Pedro los hace pasar a su oficina.

El primer hombre empezó a relatar:

“Presentía que mi mujer me estaba engañando, así que esa tarde llegué temprano… Subí los 25 pisos del edificio por la escalera para no hacer ruido con el elevador, abrí la puerta de mi apartamento y allí estaba ella, la muy canija, tendida en el suelo ¡como Diosito la trajo al mundo! Sabía que la había torcido, corrí por todo el apartamento en busca del amante; arriba, abajo, debajo de la cama, en todos los armarios… ¡NADA! Estaba a punto de pedirle disculpas, ella me decía que siempre hacia gimnasia en cueros, oí unos ruidos en la ventana… ¡¡¡SCRATCH, SCRATCH, SCRATCH!!!

“Abrí la ventana y allí estaba el hijo de la Chilindrina, colgando de la cornisa. Agarré mi bate de beisbol y le di duro en la cabeza. Vi cómo se caía, pero tuvo suerte y aterrizó en un montón de bolsas de basura. ¡Se estaba moviendo! Desesperado, cargué la pesadísima cómoda hasta la ventana. La puse en la cornisa, pero al empujarla se me enganchó la camisa, por lo que caí con el mueble y encontré mi muerte. ¡Pero estoy feliz porque me cargué a ese desgraciado!”.

San Pedro no podía imaginarse historia más increíble, e hizo pasar al segundo hombre:

“Bueno, yo soy un limpiador de ventanas. Estaba haciendo tranquilamente mi trabajo en un piso alto, cuando una de las cuerdas repentinamente se rompió. Me agarré de la plataforma, pero se me fueron resbalando las manos hasta que caí al vacío. Afortunadamente logré agarrarme a una de las cornisas del edificio. ¡¡¡ESTABA SALVADO!!! Empecé a rascar en la ventana para que alguien me ayudara, cuando un cabrón la abrió y ¡me pegó un tremendo golpe con un bate de beisbol! Caí al vacío otra vez, cuando mi ángel de la guarda me permitió seguir viviendo, poniendo un montón de bolsas de basura justo bajo mi caída. Cuando abrí los ojos, ¡una cómoda pesadísima estaba cayendo encima de mí! Así encontré la muerte”.

San Pedro estaba estupefacto. Hizo pasar al último hombre:

“Hijo, más vale que tengas una muy buena historia, porque las dos anteriores ¡realmente son increíbles!”.

El hombre comenzó:

“Bien, seré breve: estoy en pelotas, escondido en una cómoda… y de repente aparezco aquí”.

Autora: La mujer, vivita.

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