La influencia

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Cenizas lunes, 2 agosto, 2021 12:00 PM

Estamos muy acostumbrados en Tijuana. Ya ni siquiera nos sorprende. Diariamente en algunas semanas. A veces espaciado en otras, pero siempre ejecutan a una o varias personas.

En su auto. Saliendo o entrando de casa u oficina. A veces de uno, dos, más balazos en la cabeza. Muchas con ametralladora “cuerno de chivo”. De 40 disparos para arriba. Luego aparecen “encobijados” en calles de barriada, solares o despoblado. De secuestros ni se diga.

Hace poco hubo cinco en un solo día. Y allí si nos estremecimos: En las llamadas “casas de seguridad” los perversos plagiarios armaron jaulas casi del tamaño de los cuartos. Obligadamente fueron construidas en el lugar y no las llevaron. Allí encerraban a las víctimas. Amarradas a un barrote. Una colchoneta mugrienta. Les dejaron colgando un bote de plástico, de esos lecheros, para hacer sus necesidades. Por fortuna los descubrieron, pero ni así.

El secuestro sigue y las ejecuciones también. Hace días mataron a dos agentes ministeriales. Diferencia de días. Mi hipótesis: Los policías conocían a sus asesinos. En un caso el detective se bajó de su patrulla. Como para saludar. Ni siquiera desenfundó su pistola. Le llovieron los balazos. En el otro ni alcanzó a bajar. Pero sí frenó como para platicar. Realmente a ningún policía se le pasa si lo andan persiguiendo. Cómo dicen: “Siempre andamos espejeando”. Y saben perfectamente lo peligroso, cuando otro vehículo se les empareja. En fin.

La semana pasada hubo otra ejecución: Un empresario de Ensenada viajó a Tijuana. Reunión de negocios en popular restaurante. Terminó. Subió a su auto. Y casi salía del estacionamiento cuando un joven se le acercó. Arrimó el pistolón a la cabeza. Disparó y acabó con su vida. Huyó. Pero el infortunio le trabó escabullirse. Primero había un embotellamiento enorme. En otra avenida principal estaba en un paro de camioneros. No pudo avanzar con su carro. Luego en el mismo restaurante había policías. Escucharon el estallido. Corrieron y le capturaron dando vuelta a la esquina.

Estoy seguro: Si no hubieran detenido al matón, todo mundo hubiéramos pensado “una ejecución más del narco”. Pero no. Fue sorprendente. El asesino era un novato y rápidamente confesó: Le contrataron para matar al señor. Todo por cinco mil dólares. Aparte le compraron la pistola. La hija del ejecutado y su novio buscaron al matón en Ensenada. Le encontraron más pronto que contratar a una sirvienta. El motivo fue estremecedor. La joven, ya treintañera, se hartó. Su padre la violaba desde cuando pequeña. Y como en casi todos esos casos, el abusador la amenazaba con matarla si decía algo. Pero la hija planeó todo. Contó a su novio. Buscaron un matón. No hay una referencia de cómo le hicieron para encontrarlo, si les dijeron o ya lo conocían.

El mal padre tenía varios negocios para venta de discos. Allí trabajaba la hija. Metió mano a las cajas y sacó los dólares. Le dieron unos billetes al asesino para comprar el arma. La consiguió tan rápido como ir a la tienda y comprar un litro de leche. Cierto día en su carro se emparejó al del mal padre. Le disparó y no atinó. Sólo provocó un pequeño desbarranco de su auto.

Pero entonces la planearon mejor. El señor debería viajar a Tijuana. Si lo mataba en esta ciudad y al estilo “ajusticiamiento”, todos pensarían “fue obra de narcos”. Y como la gran mayoría de estas ejecuciones la policía no investiga… Muchas veces saben perfectamente quién fue, pero no le siguen la huella por miedo o complicidad.

Luego de enterarme del crimen pensé: Hasta dónde ha calado en los bajacalifornianos el narcotráfico. Planear la muerte del padre abusador en su visita a Tijuana. Así todo mundo calificaría el hecho “otra más del narcotráfico”… Pero además es sorprendente. Cómo con tanta facilidad una pareja de jóvenes encontró a un asesino. Y este perverso aceptó sin alegar.

Es cierto: La vida no tiene precio. Pero cobrar cinco mil dólares por matar a un hombre es actitud miserable. Lo mismo si hubieran sido 10 mil. Pero hasta donde estoy enterado -y en narcotráfico-, “la tarifa” más baja es de 50 mil. Conozco de ofrecimientos en pie desde 80 mil hasta 250 mil dólares. Y he sabido de cinco millones de dólares si alguien se atreve matar a Joaquín Guzmán Loera “El Chapo”. A otros les pagan con un kilo o medio de cocaína (o varios de marihuana). A veces una camioneta pick-up nueva y hasta pistola o ametralladora.

El joven matón se hundió en el miedo. Al fin no profesional, inmediatamente dijo todo a la policía. Desde quiénes lo contrataron, cuánto le dieron y por qué. Con esa confesión bastó: los policías se fueron a Ensenada. Detuvieron a la hija y novio. Ya están en la penitenciaría. Les dictaron la formal prisión. Ahora seguirá el proceso. Todo por ese descuido del asesino. No midió el embotellamiento. Y lo más grave: Desconocía a los policías asistentes al mismo restaurante.

El caso es dramático. Ya cualquiera mata por encargo. Y cualquiera ordena matar pagando.

Escuché a una respetable dama: “¡Qué bueno que lo mató, se lo merecía!”. Otra persona opinó: “La muchacha debe ser sometida a tratamiento y no encarcelarla. La van a desgraciar para toda su vida”. Pero en la Procuraduría General de Justicia es otro el parecer. Debió denunciar el abuso de su padre para castigar. Pero no ordenar asesinarlo. Será juzgada según las leyes.

Hay más opiniones. Una: que actuó con premeditación, alevosía y ventaja. Otra: no tuvo más remedio ante lo insoportable del abuso. Espero un juicio muy sonado. Si algún abogado listo se hace cargo de la defensa, tendrá muchas formas de alegar; pero el juez insistirá, obligadamente en aplicar la ley. De inmediato el caso se repitió: Un hombre también treintañero mató de un escopetazo a otro. El motivo: Cuando tenía 16 años abusó de él. Y viendo como la mujercita de Ensenada se decidió ordenando la muerte de su padre, también tomó justicia por mano propia.

Esto no sería considerado un crimen del narcotráfico. Simplemente una venganza. Pero lo dramático en el caso de la joven ensenadense, es que realmente alarma cómo está influyendo el narcotráfico hasta en la forma de matar por otros motivos ajenos a la mafia.

 

Tomado de la colección Dobleplana de Jesús Blancornelas,

publicado por primera vez en abril de 2006.

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