Rosina Conde, homenajeada

Fotos: Cortesía FIL UABC
Cultura lunes, 31 mayo, 2021 12:15 PM

La Feria Internacional del Libro de la Universidad Autónoma de Baja California distinguió a la autora “por sus generosas e inestimables contribuciones en múltiples esferas de la creación artística”

La escritora Rosina Conde, radicada en Ciudad de México, regresó a Mexicali para recibir un homenaje que le brindó la Feria Internacional del Libro de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) el miércoles 12 mayo, en la apertura del suceso editorial que se celebró de manera híbrida.

“Por sus generosas e inestimables contribuciones en múltiples esferas de la creación artística (narrativa, poesía, ensayo, dramaturgia, periodismo, traducción, docencia, guionismo, performance, diseño, canto…), que le han distinguido como una mujer prolífica y polifacética que enaltece su esencia con su obra, que explora el cuerpo y el deseo lo mismo que cuestiona lo marginal y la injusticia, que goza y le duele la vida: sensible y sin eufemismos, su lúcida palabra norteña, alza y defiende su voz por todas y para todos, manifiesta y honra su femenina -infinita- existencia”, reza el reconocimiento que Rosina Conde recibió del rector de la UABC, Daniel Octavio Valdez, durante la ceremonia de inauguración de la FIL bajacaliforniana.

“Para mí la UABC es una institución muy importante, de alguna manera es mi alma mater, estudié la Preparatoria ahí en 1969, a la edad de 16 años; además fui fundadora de la Escuela de Humanidades, también fundé y monté la primera librería que hubo en la UABC, fui fundadora de los talleres literarios. El profesor Rubén Vizcaíno tenía el Taller de Poesía Amerindia, pero luego, en 1977, junto con Edgardo Moctezuma, Roberto Castillo y Víctor Soto Ferrel, fundamos los primeros talleres para Extensión Universitaria”, expresó Conde en entrevista vía Zoom para ZETA tras su merecido homenaje, al tiempo que rememoró el feminismo presente en su obra, el lenguaje del Norte y sus primeras publicaciones.

 

EN LA MÁQUINA DE ESCRIBIR DE FEDERICO CAMPBELL

Hija de Jorge Guillermo Conde y Laura Mabel Zambada Valdez, Rosina Conde Zambada nació el 10 de febrero de 1954 en Mexicali. Entre 1969 y 1971 estudió la Preparatoria en la UABC Campus Tijuana, inmediatamente se trasladó al entonces Distrito Federal para estudiar la Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), de 1972 a 1977.

Aunque en 1979 dio a conocer “Poemas de seducción III y IV”, en el número 1 de El Último Vuelo, revista de la Sociedad Hispánica del Departamento de Español y Portugués de San Diego State University at San Diego, no fue sino hasta 1981 cuando publicó su primera plaquette, titulada “Poemas de seducción” en la editorial La Máquina de Escribir que dirigía Federico Campbell, sello en el cual también publicaron autores muy jóvenes como Juan Villoro o David Huerta.

“En una visita que hizo Federico Campbell a Tijuana en 1979, charlando con él me dijo que por qué no le daba algunos poemas para publicar en La Máquina de Escribir, obviamente saqué mis poemas y se los entregué. Luego me regresé a México y estando aquí en México me llevó las planas para revisión, todavía se hacían en linotipo. Así fue como salió esta publicación”, contó a ZETA Rosina Conde, reconociendo además la importancia de haber publicado su primer poemario en forma de plaquette en la editorial de Campbell.

“Fue importante porque mis poemas causaron literalmente un impacto. Para empezar, el público mexicano no estaba acostumbrado a escuchar o a leer una poesía contestataria, una poesía feminista y, además, también cargada de erotismo por parte de una mujer. La poesía erótica más bien la escribían los hombres”, rememoró.

“Entonces, hubo muchas reacciones muy opuestas, no hubo reacciones medias, hubo quienes celebraron el tono, la temática de los poemas, pero también gente que reaccionó de manera muy violenta; hubo quienes literalmente me aventaron la plaquette en la cara, te estoy hablando de poetas importantes, tanto hombres como mujeres. O sea, no nada más los hombres, también hubo mujeres que reaccionaron muy violentamente. De alguna manera, como que hizo ruido esa plaquette”.

 

EN LA REVISTA EL CUENTO DE EDMUNDO VALADÉS

Aunque en 1982, Conde publicó el relato “De infancia y adolescencia” en la editorial Panfleto y Pantomima que ella fundó y en 1984 dio a conocer la plaquette En la Tarima, editada por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), además de entregar algunos cuentos en diversas revistas, fue hasta 1988 que editó “La maldita Meche”, un fragmento del cuento “Sonatina”, en la legendaria revista El Cuento, que dirigía el célebre escritor y editor Edmundo Valadés, en el número especial doble 107-108, correspondiente al segundo semestre de ese año.

“Edmundo Valadés publicó un fragmento de mi cuento ‘Sonatina’, también es un cuento muy controvertido, en la revista El Cuento, donde las personajas son una bisexual y una lesbiana. Es un cuento de temática lésbica, muy controvertido”, evocó la narradora.

“Don Edmundo Valadés me publicó un fragmento de ‘Sonatina’ y él lo tituló ‘La maldita Meche’, porque la maldita Meche es la tercera en discordia, es una hetero y la que cuenta el cuento es la bisexual, la que anda con ella”, trajo a la memoria Rosina Conde.

“Con la plaquette Poemas de Seducción no fui aceptada ni por los poetas ni por los intelectuales. Mi ingreso formal como escritora al mundo literario, digamos que quien me apadrinó finalmente, fue don Edmundo Valadés”, reconoció.

 

EL GERMEN DEL FEMINISMO

Rosina Conde es un referente de la literatura mexicana contemporánea desde Tijuana. Su obra narrativa incluye, entre otros, títulos como “Arrieras somos…” (Premio Nacional de Literatura “Gilberto Owen” 1993); “Embotellado de origen” (Coordinación Nacional de Descentralización e Instituto Cultural de Aguascalientes, 1994), “La Genara” (CECUT/Conaculta, 1998), “Como cashora al sol” (Desliz, Fósforo, Tipográfica, 2007), “Desnudamente roja” (Asociación de Libreros de Tijuana, UABC, Desliz, Instituto Municipal de Arte y Cultura de Tijuana, 2010); además, su obra poética comulga en “Poesía reunida” (Desliz Ediciones, 2014).

¿Qué tanto influyó en tu obra, tu estancia en la UNAM, entre 1972 y 1977, considerando la segunda ola del feminismo en México de los 60 y 70, o de dónde viene tu influencia feminista?

“Me influyó más la literatura norteamericana de las feministas, las francesas. Mi conciencia feminista no fue a partir de la UNAM ni de las revistas mexicanas; mi conciencia feminista viene de toda la literatura y de los movimientos feministas de Estados Unidos y franceses, como Simone de Beauvoir, a quien leí antes de entrar a la UNAM, porque la leían mi mamá y mi hermana mayor (Mabel).

“Entonces, yo a Simone de Beauvoir la leí desde la Preparatoria en Tijuana, además, estaba leyendo a Anaïs Nin, Sylvia Plath, estaba ya al tanto del movimiento de los Black Panther y toda esta música también de Estados Unidos”.

En cualquier caso, Conde advirtió que su formación feminista empezó en el seno familiar en Tijuana:

“Casi toda mi educación fue más autodidacta. Toda mi formación feminista me llegó por mis lecturas y por la música estadounidense y francesa. De hecho, como mamá soltera, ni siquiera tenía tiempo en México de militar en ningún partido. Toda mi familia fue de izquierda, mi padre era de izquierda. En Tijuana, desde la secundaria ya leíamos muchísimo, de hecho, digamos que mi primer maestro feminista fue Gorki con ‘La madre’; yo leí ‘La madre’ de Gorki en tercero de Secundaria, desde ahí ya venía el germen”.

En cuanto a escritoras que la influyeron, valoró:

“Hubo muchas autoras que tuvieron repercusión en mí, pero más en términos literarios que feministas, como Rosario Castellanos, Inés Arredondo, María Luisa Puga, Clarice Lispector; pero si te fijas, la única que tenía realmente personajes femeninos era Inés Arredondo, porque Luisa Josefina Hernández la mayor parte de sus personajes son masculinos, los de Clarice Lispector también los protagonistas son hombres. Muy pocas escritoras mexicanas en los años 50, 60, tenían protagonistas mujeres”.

Finalmente, subrayó: “Cuando llegué a México, sí, estaba yo muy chava, pero también nosotros por una tradición familiar leíamos desde chiquitos. Mi papá compraba muchísimos libros. Nosotros nos regalábamos, de Navidad o de cumpleaños, libros. Todo lo adquiríamos en Librería El Día con don Alfonso López Camacho”.

 

EN TIJUANENSE

Una característica en la obra de Rosina Conde, es el trato literario que concede al habla coloquial de Tijuana en particular, y del acento norteño en general. En otras palabras, Tijuana y el Norte de México habitan en la obra de Rosina Conde no nada más como escenarios, sino desde el lenguaje.

¿Cómo ha influido el habla coloquial de Tijuana o del Norte de México en tu obra?

“Empecé a escribir en tijuanense, porque yo dije: ‘Si Cortázar puede escribir en argentino, ¿por qué yo no puedo escribir en tijuanense?’. Además, yo no me reconocía ni lingüística, ni temática, ni escénicamente en la literatura; todo sucedía en argentino, en chileno o en colombiano o en castellano, por referirme al español de España. O sea, todo sucedía en otros idiomas que no eran el mío, en escenarios que tampoco los conocía; no conocía las calles argentinas, ni las españolas, ni las del DF ni el llano mexicano, ni el campo mexicano. Yo no me reconocía ni en los personajes, ni en el idioma de la literatura que leía; eso fue lo que me motivó a escribir para mis amigas, a escribir una literatura en la que se reconocieran mis amigas, tanto lingüística, como temática y escénicamente hablando. Ésa fue la razón por la que empecé a escribir, realmente”.

ZETA solicitó a Rosina Conde su argumentación sobre el tratamiento literario que imprime al habla tijuanense y del Norte, más allá de la transcripción literal:

“Siempre he sido muy clavada con la gramática, y si bien trato de escribir como se habla, tampoco puedes hacerlo literalmente; las normas o leyes que rigen el lenguaje oral son diferentes de las leyes que rigen el lenguaje escrito. Entonces, sí trataba yo de escribir como se hablaba, pero sometiendo a la oralidad a ciertas reglas del lenguaje escrito, porque si no, sería ilegible.

“Cuando nosotros hablamos, divagamos, tenemos muchas digresiones cuando platicamos porque luego nos ponemos a dar referentes; el lenguaje oral es muy disperso. Entonces, al lenguaje oral sí trato de darle un orden gramatical de acuerdo con la sintaxis de la escritura; claro, tratando de que suene natural, o sea, corrigiéndole la plana al hablante, tratando de explotar los giros lingüísticos, los neologismos, las frases hechas también de alguna manera, que son muy particulares o muy locales”, reflexionó la autora.

 

REFLEXIONAN SOBRE SU OBRA

En el homenaje a Rosina Conde ofrecido por la FIL UABC, incursionaron los poetas bajacalifornianos Rosa Espinoza y Jorge Ortega; y Antonio León moderando la mesa.

“El yo poético de Rosina Conde es un yo literario que es un yo artístico de amplia acogida, en el que caben muchas voces; un yo integral que oscila entre la poesía y la novela, recalando en el cuento, asumiendo en el acto de poetizar y en el de relatar los avatares de una misma pulsión”, leyó Jorge Ortega.

Y complementó:

“… la obra entera de Rosina es la literatura que vino del Norte, antes de que el Norte posara en los escaparates, vuelto fenómeno editorial, una escritura para mujeres y hombres, sin exclusión de género, tendiente a reconciliar las mitades del acertijo que somos y que se despierta incompleto diariamente para rondar por la urbe en pos de su mitad. Una literatura donde cabemos todos, hecha para la sociedad en su conjunto y no para una comunidad dividida por el cuchillo de los fanatismos o los fundamentalismos. Arriba Rosina Conde y su combativa arca de Noé de cachorritos, letras, suculentas cocciones y canciones interminables. Felicidades ayer, hoy y siempre”.

En su turno, Rosa Espinoza también refirió:

“Me siento muy honrada de estar aquí en este recinto y formar parte de esta mesa que celebra a Rosina Conde. Una artista que representa tantas cosas para Baja California y, sobre todo, para las mujeres. Antes de escuchar de alguna escritora de la región, supe de ella. Con el tiempo descubrí que comparto con Rosina Conde el lugar de nacimiento, el amor por la poesía, el oficio de editora y que no le preocupan las becas. Es una creadora imparable y plena. Así lo reflejan las múltiples disciplinas en las que se desempeña, todas en forma luminosa”.

Por último, Espinoza leyó en el homenaje a Rosina Conde:

“Supe de ella por unas estrías. Esas lesiones en la piel que nos apenan, esas huellas que deja el tiempo, esas marcas que no son heridas, pero están ahí. Pero las estrías de Rosina Conde son luminosas, y no solo eso, las volvió visibles sobre una hoja de papel sin un atisbo de vergüenza. Las pude ver en un libro impreso, las supe como destellos de luz, las mostró ante todos y me marcó para siempre. Me hicieron descubrir que en esos surcos también florece la poesía. Y que, desde el cuerpo de mujer, desde la voz femenina, se puede ser valiente, se puede confrontar, se puede resistir”.

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