Cardenal emérito Norberto Rivera está en casa; estuvo 48 días hospitalizado e intubado

Foto: Cuartoscuro
Destacados viernes, 5 marzo, 2021 1:06 PM

Luego de 48 días hospitalizado -de los cuales 15 permaneció intubado-, el cardenal emérito Norberto Rivera Carrera salió del nosocomio este viernes 5 de marzo, tras haberse contagiado del coronavirus SARS-CoV-2 (que causa la enfermedad COVID-19).

Así lo informó la Arquidiócesis Primada de México a través de un comunicado, misma que señaló que el cardenal en funciones, Carlos Aguiar Retes, anunció que Rivera Carrera presentó una evolución favorable, por lo que fue trasladado a su domicilio particular para continuar con su recuperación.

“La salud de su eminencia cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Emérito, ha evolucionado positivamente. Agradecemos a Dios que este día ha dejado el hospital para trasladarse a su domicilio y continuar el proceso de recuperación”, indicó la Arquidiócesis.

El actual arzobispo primado de México, cardenal Aguiar Retes, pidió a los clérigos seguir orando por los enfermos, para que Dios interceda por las comunidades parroquiales, e infectados en general, y especialmente por quienes sufren las afectaciones de la pandemia de la COVID-19.

CARDENAL EMÉRITO NORBERTO RIVERA FUE DESINTUBADO

El cardenal emérito Norberto Rivera Carrera fue desintubado tras mostrar una mejoría, luego de permanecer durante dos semanas hospitalizado, tras haberse contagiado del coronavirus SARS-CoV-2 (que causa la enfermedad COVID-19).

Así lo informó el pasado 28 de enero, el sacerdote Hugo Valdemar Romero, ex vocero de la Arquidiócesis Primada de México, a través de su cuenta de la red social Twitter, respecto al avance en el estado de salud del cardenal emérito.

La Arquidiócesis Primada de México aseguró el pasado 20 de enero, que ofreció al cardenal Norberto Rivera Carrera atenderse de la COVID-19, en una red de nosocomios con los que tiene convenio, sin embargo, el arzobispo emérito decidió hacerlo en un hospital privado.

“En los casos que requieran hospitalización, la atención (como la tuvo Monseñor Francisco Daniel Rivera, Obispo auxiliar, y los demás sacerdotes que lo han requerido) se brinda a través de los hospitales del sector salud, aquellos hospitales privados que están en el convenio establecido por las autoridades gubernamentales, y los hospitales temporales (espacios transformados para la atención de pacientes Covid-19)”, explicó la Arquidiócesis Primada de México.

“En el caso del cardenal Norberto Rivera, el cardenal Carlos Aguiar designó a un sacerdote que ha estado desde un inicio al pendiente de las necesidades de nuestro arzobispo emérito. El cardenal Norberto Rivera tomó la decisión de recibir la atención médica en el sector privado”, agregó en un comunicado.

La Arquidiócesis Primada de México justificó que la decisión de que los obispos y sacerdotes reciban la atención médica por COVID-19 en hospitales públicos, es debido a la situación económica que vive la iglesia Católica en todo el país.

“Y en comunión y solidaridad con lo que viven miles de mexicanos durante esta pandemia y a los que acompañamos a través de nuestra oración diaria”, agregó, para luego recalcar que cada sacerdote puede decidir el sitio de hospitalización, pero aclaró que fuera de las opciones ofrecidas, deberá hacerlo por sus propios medios.

“Aquellos obispos y sacerdotes contagiados de COVID-19 que deseen llevar el seguimiento de su enfermedad a través de otros medios, pueden hacerlo, con recursos propios o los apoyos que puedan otorgarles las personas allegadas a ellos”, expuso Arquidiócesis Primada de México.

“La Vicaría del Clero es la instancia de la Arquidiócesis encargada de acompañar a los sacerdotes y obispos durante su enfermedad, manteniendo contacto, apoyando y dando seguimiento a su estado de salud”, indicó en su el comunicado.

“Ofrecemos nuestra oración constante por la pronta recuperación del cardenal Norberto Rivera. Pedimos a Santa María de Guadalupe que lo proteja en su cariñoso abrazo durante esta difícil situación por la que está viviendo, y dé fortaleza a su familia” finalizó la oficina de comunicación de la Arquidiócesis.

Sin embargo, Valdemar Romero denostó el comunicado en el que el órgano máximo de la iglesia Católica mexicano aseguró que el cardenal emérito eligió una opción fuera de la red de hospitales con los que tenían convenio.

“El cardenal fue ahí [Hospital Ángeles], confiado que su seguro funcionaba, pero pues ahí se percataron que no estaba vigente”, indicó el sacerdote, quien insistió que la Arquidiócesis tiene la obligación de absorber los gastos de salud de los curas.

“Yo sigo insistiendo: vigente o no vigente -que no lo estaba-, es responsabilidad de la Arquidiócesis cubrir esos gastos. No es una cosa opcional y si es cierto que estamos en una situación crítica, bueno, hay muchas maneras de cubrir esos gastos” abundó el ex vocero.

“Entonces me parece que el comunicado es además de mentiroso, ¡es falso! Es muy grosero en el trato al señor Cardenal porque lo expone poniéndolo como alguien irresponsable, que quiso hacer su capricho, lo cual no es cierto”, agregó Valdemar Romero.

“Nadie está pidiendo dinero, porque por ahí ya empieza a haber tú sabes, fraudes. Yo por supuesto que no, no me toca, ni tampoco su familia, ni tampoco la Arquidiócesis, hay que tener cuidado en este sentido”, añadió el sacerdote.

Ese mismo día se supo que el estado de salud del arzobispo emérito de la Arquidiócesis Primada de México, el cardenal Norberto Rivera Carrera, se ha venido complicando derivado de la COVID-19, por lo que el pasado lunes 17 de enero le dieron la extremaunción.

Sin embargo, la Arquidiócesis, que no había querido costearle los gastos médicos y ni siquiera brindarle apoyo espiritual a Carrera Rivera, según lo denunció el sacerdote Hugo Valdemar Romero, quien fuera vocero del cardenal.

“El cardenal ingresó por COVID al Hospital Mocel, pero debido a que se agravó su estado de salud se le tuvo que cambiar a otro hospital, del que prefiero omitir su nombre para mantener la privacidad del cardenal. Actualmente ahí permanece en terapia intensiva, sedado e intubado”, dijo el ex vocero en entrevista con el semanario Proceso.

Según Valdemar Romero, el cardenal, de 78 años de edad, tenía serios daños pulmonares y la saturación de oxígeno le llegó a bajar al 40 por ciento. Asimismo, indicó que ni a él mismo, ni a los familiares de Rivera Carrera se les permitía ingresar al hospital para verlo.

“Este lunes, a un sacerdote se le permitió ingresar al hospital para que le diera la extremaunción, pero totalmente al margen de la Arquidiócesis, que no ha querido costearle sus gastos médicos ni tampoco darle apoyo espiritual”, aseguró Valdemar Romero.

“Pero este sacerdote, muy allegado al cardenal, tuvo que ponerse un complejo equipo de protección y respetar estrictamente las nomas sanitarias del hospital para poder llevarle la extremaunción”, agregó el ex vocero.

Valdemar Romero aseguró que el actual arzobispo primado de México, el cardenal Carlos Aguiar Retes, se había negado a pagar los gastos médicos del cardenal, como le corresponde hacerlo, de acuerdo a la legislación canónica.

Indicó que desde que Rivera Carrera ingresó al hospital Mocel, el pasado 12 de enero, Aguiar Retes le advirtió a dicho nosocomio que ni siquiera le pagaría los 80 mil pesos que le cobraron de ingreso.

“Ahora los hospitales quieren cobrarle todos estos gastos a la familia del cardenal, sobre todo a su hermano Javier. Pero éste vive en Monterrey y también tiene COVID, por lo que está confinado. En fin, es muy dramática la situación de la familia del cardenal”, advirtió el ex vocero.

“Así como Aguiar Retes tiene abandonado al cardenal Rivera, también tiene abandonados a su suerte a sus sacerdotes, quienes al contagiarse de COVID se ven en la necesidad de pedir auxilio económico a su feligresía”, asegura el actual canónigo penitenciario de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México.

“No le estamos pidiendo a Aguiar Retes que tenga caridad cristiana, sino tan solo un poco de humanidad. Y si no puede dar respuesta a las necesidades de sus sacerdotes, pues que renuncie al cargo por inepto”, espetó Valdemar Romero.

Finalmente, el sacerdote le dijo a Proceso tener la esperanza en que Rivera Carrera se recupere, ya que el pasado 19 de enero dio muestras de mejoría, al aumentar su saturación de oxígeno, aunque todavía no se le realizaba un último diagnostico pulmonar.

El 5 de diciembre de 2017, el cardenal Norberto Rivera Carrera emitió una carta de despedida, luego de que el papa Francisco aceptó su renuncia presentada en junio de ese año. En la misiva pidió “perdón por sus debilidades y omisiones”.

En el documento difundido por el entonces director de Comunicación de la Arquidiócesis Primada de México, Hugo Valdemar Romero, el cardenal Rivera Carrera dijo: “Pido perdón a Dios por mis debilidades y omisiones. Al final de mis días espero encontrarme con mi salvador, rico en misericordia”.

“Me llevo la satisfacción de no haber permanecido mudo ante la violación de los derechos humanos y divinos de mi madre la Iglesia. Lamento si, por mi posición firme, alguien se sintió ofendido y lastimado, y una vez más pido humildemente perdón a quien, aun sin querer, haya ofendido”, señaló Rivera Carrera.

El cardenal también dio la bienvenida a Carlos Aguiar Retes, por lo cual señaló: “Le deseo de corazón todo bien en el Señor, y que su ministerio episcopal sea fructífero para mayor gloria de Dios Nuestro Señor. Siempre conté con la cercanía y el amor maternal de mi Morenita del Tepeyac y el ejemplo de san Juan Diego, a quienes ahora elevo mis oraciones por el nuevo Arzobispo de México”.

El 6 de junio del 2017, Rivera Carrera entregó una carta de renuncia en la nunciatura de la Ciudad de México, tal como lo marca el Código de Derecho Canónico al cumplir los 75 años de edad.

El cardenal dejó la Arquidiócesis Primada de México, mientras que la entonces Procuraduría General de la República (PGR) lo investigaba por una denuncia en su contra, por presuntamente encubrir a 15 sacerdotes pederastas, interpuesta por los ex sacerdotes Alberto Athié Gallo y José Barba Martín

Rivera Carrera fue designado Arzobispo Primado de México por el papa Juan Pablo II, el 13 de junio de 1995, y asumió el cargo un mes después, el 26 de julio de 1995, en la Basílica de Guadalupe, convirtiéndose en el 34 arzobispo de la Ciudad de México.

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