SARS-COV2, la cereza del pastel

Cartaz lunes, 15 febrero, 2021 12:00 PM

El mundo en general

sufre esta pandemia temporal.

Del terreno oriental

arribó este virus mortal.

 

Le temo más a infectarme

a morir de un derrame.

Este virus es un despapaye,

tiene a la población a nada de infectarse.

 

Se ha hablado que viene del murciélago

o que fue elaborado en laboratorio.

Por tal culpa sale humo del crematorio,

los deudos, hijos van al orfanatorio.

 

Más de un millón y medio de decesos

a todos tienen perplejos.

Mientras, Biontech, Sputnick, Pfizer,

son ensayos humanos a mi ver.

 

Este coronavirus asesina,

igual la influenza decembrina.

Como la diabetes también,

junto con la alta presión, mueren.

 

Todos quieren vacunarse

para evadir la tumba y salvarse.

Pues está en juego la familia

y aumentar la numeraria.

 

Dicen llegó otro virus al mundo,

es contagioso y es otro atraso.

Ya no hay lugar donde cuidarse,

para zafarse del SARS 2 y salvarse.

 

Aún hay escépticos y no creen

que existen esta pandemia, y lo ven.

Necesitarán vivir tal peste bien

para saber está la infección al cien.

 

Que en Tijuana multarán, es por la vida

si te ven sin cubrebocas.

Es un SOS, el pueblo se aloca,

won nueve meses de vida afligida.

 

SARS-COV-2, la cereza del pastel,

ha hecho la vida cruel y mortal.

De pobres y ricos, tal cual

en este mundo, inmundo sin igual.

 

La desobediencia multiplicó el virus,

el pueblo pachanguea, llegó el rictus…

De dolor, y hoy rige la cruz

en donde debía haber luz.

 

Que el termómetro infrarrojo de plano

mata neuronas del cerebro y no se siente.

Que no pongan en la frente,

que es mejor en la palma de la mano.

 

La influenza en 2009 fue mortal,

pero no era pandemia mundial.

Se pudo “controlar” normal

y evitar el mal.

 

Mueren millones de diabéticos,

así como hipertensos.

De la misma forma, cancerosos,

pero son males no infecciosos.

 

Así como muchos en guerras,

como pleito en personas.

Son males no contagiosos,

pero sí muy horrorosos.

 

Jamás había visto una pandemia

ni vivido en sana distancia.

Mucho menos “quédate en tu residencia”;

pues, la muerte es la diferencia.

 

Vivimos en un mundo inmóvil,

mantener la vida, algo difícil.

Todo se ha atrasado

con la llegada de este virus mentado.

Virólogos, químicos y farmacéuticos

se desvelan y se hacen neuróticos.

La ciencia necesita sesos,

buscar antídoto y evitar decesos.

 

La cura será más divina,

esta es la lección del siglo.

Tiene al mundo sin risas ni alegría,

Dios será la única heroína.

 

Solo nos queda la sana distancia,

usar tapabocas y estar al tanto.

Parecemos asaltabancos, yo diría,

del Viejo Oeste texano.

 

Nos controlan como autómatas

con señales de colores.

Amanecimos en rojo, señores,

luego cambian a verde, gobiernos.

 

No sé ya qué vendrá,

si el antídoto nos salvará.

Ya murmuran de otra cepa rara,

si no ésa o ésta, nos lleva la fregada.

 

Solo tengo mi herramienta: gel

tabapocas, distancia sana fiel.

Y el todopoderoso Dios,

que ya libere de SARS-COV-2 a todos.

 

Leopoldo Durán Ramírez.

Tijuana, B.C.

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