20.5 C
Tijuana
s√°bado, septiembre 30, 2023
Publicidadspot_imgspot_img

Las intermitencias de la muerte

‚ÄúDime qu√© lees y te dir√© qui√©n eres‚ÄĚ.

-Federico García Lorca


Publicidad


 

La muerte es el gran tema, a√ļn por encima del amor, que ha preocupado a la Humanidad desde el principio de los tiempos. Parece que a estas alturas, despu√©s de que haya llovido tanto, decir algo nuevo sobre un tema tan viejo es casi imposible; y aun as√≠, los grandes escritores han encontrado intensos argumentos. Por ese motivo es encomiable la revisi√≥n que Saramago hace del tema.

La inmortalidad es un antiguo anhelo humano que tiene un reverso grotesco, un viejo sue√Īo que puede volverse f√°cilmente contra uno mismo. Lo que de verdad interesa a Saramago son las repercusiones sociales y organizativas de esa inmortalidad, contemplada bajo una mirada que es m√°s tragic√≥mica -en muchas ocasiones c√≠nica- que puramente tr√°gica.


Publicidad

 


El libro se divide en dos partes, tan distintas que podr√≠a hablarse de dos libros, cuyo eje central es la muerte. En la l√≠nea de ensayo sobre la ceguera, Saramago comienza contando el drama de un pa√≠s entero, abriendo el relato con una frase corta y rotunda: ‚ÄúAl d√≠a siguiente no muri√≥ nadie‚ÄĚ. La primera es una historia con un protagonista colectivo -todo un pa√≠s-, sin que ning√ļn personaje destaque por encima de otro; la segunda, una historia individual, con dos protagonistas claramente definidos.

Cada parte, además, está escrita con un estilo completamente diferente: aun manteniendo el tono novelístico la primera tiende más a la exposición y a lo ensayístico mientras que la segunda es casi una novela. El narrador, por supuesto, introduce su temática a lo largo de todo el libro, muy al estilo de Saramago, pero su voz es mucho más habitual en la primera parte que en la segunda, donde los personajes toman la palabra con mayor frecuencia.

En un primer momento la inmortalidad se recibe con alegr√≠a, pero los problemas que plantea tal condici√≥n no tardan en aparecer. En primer lugar, que haya desaparecido la muerte no significa la juventud eterna ni tampoco exactamente la vida eterna, sino un nuevo estado, que es mezcla de ambos, pero al mismo tiempo no es ninguno, y que se describe como ‚Äúun vivo que est√° muerto, un muerto que parece vivo‚ÄĚ. El resultado es una poblaci√≥n condenada a envejecer con una masa gigantesca de viejos en la parte de arriba. Ante esta perspectiva, el pa√≠s se sume en el caos m√°s absoluto: el poder se tambalea, se produce una inversi√≥n de los valores morales -p√©rdida del respeto hacia los ancianos o hacia los enfermos terminales-, surgen facciones ocultas que se dedican al tr√°fico de la muerte.

Porque efectivamente se encuentra la manera de enga√Īar a la muerte: como en los pa√≠ses lim√≠trofes contin√ļa funcionando -con el l√≥gico sentimiento de alivio- basta con pasar la frontera para morir. Y puesto que las leyes no han cambiado para adaptarse a la nueva situaci√≥n, cruzar uno mismo la frontera por su propio pie se considera suicidio y ayudar a hacerlo homicidio. Saramago aprovecha para introducir una cr√≠tica a la hipocres√≠a imperante en los gobiernos: oficialmente los mandatarios se oponen a la muerte, pero extraoficialmente comprenden la necesidad de descargar a un pa√≠s que cada vez tiene mayor densidad de poblaci√≥n y que exponencialmente ser√° imposible de gobernar en poco tiempo. Pronto aparecen las mafias que se dedican a comerciar, ilegalmente, pero amparadas por el propio gobierno, con la muerte.

Lo que comienza como un conflicto interno pronto acaba convirtiéndose en un asunto internacional, cuando las fronteras de los otros países comienzan a llenarse de cadáveres.

 

Benigno Licea Gonz√°lez es Doctor en Derecho Constitucional y Derecho Penal. Fue presidente del Colegio de Abogados ‚ÄúEmilio Rabasa‚ÄĚ, A. C.

Correo: liceagb@yahoo.com.mx

Autor(a)

- Publicidad -spot_img

Puede interesarte

-Publicidad -

Notas recientes

-Publicidad -

Destacadas