Espíritu mexicano

Foto: Internet/José Vasconcelos
 
Opinionez lunes, 10 febrero, 2020 12:05 PM

La inspiradora frase “Por mi raza hablará el Espíritu”, debería completarse como la escribió su autor José Vasconcelos: “hablará el Espíritu Santo”.

Amargado y siempre reflexivo, Vasconcelos terminó sus días como terciario franciscano. Entre sus escritos póstumos, Letanías del Atardecer, Vasconcelos plasma -con serenidad de filósofo- ideas de madurez casi místicas.

Ante el fracaso del vasconcelismo, frente al obregonismo y el callismo revolucionarios, don José no quiso escuchar a don Antonio Caso, su colega del Ateneo de la Juventud. Caso le sugería a uno de sus alumnos, Manuel Gómez Morín, que los jóvenes mexicanos se unieran en un organismo político, porque solo unidos y organizados podrían realizar grandes ideales. Así fue como el chihuahuense de Batopilas fundó el Partido Acción Nacional, que en apariencia perdió sexenio tras sexenio, elección tras elección.

La historia oficial mexicana, nos presenta a los villanos como héroes, y a los héroes no quisiera recordarlos. ¡¿Sabrá usted, por ejemplo, que el General Álvaro Obregón mandó dinamitar en 1929 la imagen original de Nuestra Señora de Guadalupe en la Villa del Tepeyac?! ¡¿Y que Plutarco Elías Calles se consagró a acabar con el catolicismo mexicano?! En paz descansen esos “héroes”.

En Guadalajara, hace algunos ayuntamientos, la Secretaría de Educación editó las obras completas de Anacleto González Flores, uno de los mártires laicos beatificados el 20 de noviembre de 2005. Solemnidad de Cristo Rey del Universo. González Flores fue compañero en el Seminario Tapatío de personajes de la vida nacional como don Agustín Yáñez, literato y ex secretario de Educación Pública.

El Espíritu mexicano, desde la Colonia, no está de acuerdo con tantas aberraciones e imposiciones a las que se ve obligado. Los españoles “católicos” sometieron a los indígenas a situaciones indignas, como hoy en Chiapas o Baja California (específicamente en San Quintín). Antes que el párroco de Nuestra Señora de los Dolores en Guanajuato, pusiera fin al servilismo virreinal, muchos otros pagaron por sus ideales de justicia por la Nueva España. Habrá que leer la Expulsión de los Jesuitas de Nueva España; desterrados, murieron en Europa mexicanos inolvidables como el sonorense José Rafael Campoy, los michoacanos Diego José Abad, Benito Díaz de Gamarra, Francisco Xavier Clavijero, entre tantos otros.

El padre Hidalgo, que había sido rector del Colegio de San Nicolás en Morelia, vendría siendo el heredero de tantos ideales a favor de una Nueva España verdaderamente digna, libre y cristiana. Fundamentados en la doctrina social cristiana de tantos humanistas, como De Vitoria, De las Casas y Vasco de Quiroga, algo tenía que haber pasado por las buenas o por las malas. Pero pasó. Y la llamada Nueva España pasó a ser México.

Entre una nación gobernada por pseudocatólicos hispanos, que explotaban indignamente a sus gobernados en la época colonial, México pasó a ser tiranizado por los liberales y revolucionarios anticristianos… Sin una idea claramente humanista y sin respetar la esencia religiosa del pueblo mexicano.

El Espíritu mexicano siempre ha estado vivo en su pueblo, en todos los siglos; en el siglo XXI también. Un estudio interesante para nuestra época sería el observar cómo la persecución contra la fe de un pueblo en la época de los gobiernos revolucionarios (1917-2007) ha dado como fruto tanta indiferencia, maldad, corrupción, estupidez y destrucción al interior de este país.

A lo mejor un día, algún revolucionario sensato, dirá como Fidel Castro -después de más de cincuenta años de Revolución Cubana- que el modelo ya no está vigente.

¿Y cuándo lo estuvo?

Claro, el mal de los pueblos sigue siendo negocio para algunos.

 

Germán Orozco Mora reside en Mexicali.

Correo: [email protected]

Comentarios

comentarios

Ir a la barra de herramientas
Tipo de Cambio