45 años luchando contra la pobreza

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Opinionez lunes, 25 noviembre, 2019 12:00 PM

Columna invitada

 

 

 

Alfonso Villagrán Contreras – Desde su nacimiento en el año de 1974, el Movimiento Antorchista se propuso luchar contra la pobreza en todo el país, lo cual en un inicio parecía una proeza irrealizable, pues eran apenas una treintena de campesinos los que integraban a la naciente agrupación en uno de los municipios más pobres de la mixteca baja poblana, Tecomatlán. Sin embargo, esa proeza se volvió realidad, muy a pesar de los cacicazgos de Tecomatlán, de la mixteca y de los enemigos del progreso que se ha topado Antorcha a lo largo y ancho del país durante sus casi 50 años de existencia.

Desde el surgimiento de Antorcha, la pobreza ha crecido de forma acelerada, haciendo una brecha cada vez más grande y honda entre pobres y ricos, razón por la cual algunos concluyen que Antorcha es pura mentira o no ha logrado avanzar en su lucha contra la pobreza. Todos ellos se olvidan, ignoran o evaden -por alguna razón- que el antorchismo ha logrado luchar contra la pobreza en todo el país; sin ganar aún, pero ha librado y ganado batallas importantes que han llevado a municipios enteros (como Tecomatlán y Huitzilan de Serdán en Puebla, Chimalhuacán e Ixtapaluca en el Estado de México, Armadillo de los infante y Villa de Ramos en San Luis Potosí, por mencionar algunos) por un verdadero camino de progreso y desarrollo constante, el cual se nota en las obras y servicios de alto impacto social, además de la labor cultural, deportiva, educativa y organizativa que Antorcha promueve en cada lugar.
¿En qué radica la lucha de Antorcha contra la pobreza? Ello consta en entender que la pobreza no es ni un castigo divino ni producto exclusivo de las deficiencias, debilidades o vicios personales, sino más bien de carácter económico y político; lo primero debido al sistema neoliberal imperante, que está diseñado para concentrar la riqueza en unas cuantas manos a costa de los millones de trabajadores que la crean; lo segundo porque es el poder político el que permite, justifica y legaliza la acción del neoliberalismo, que de forma descarnada se ensaña en las masas ya empobrecidas de trabajadores, para pagar salarios de miseria, no brindar las prestaciones necesarias y hacerlos trabajar cuantas horas le sean necesarias al patrón, sin un programa real que atienda sus problemas de salud y vivienda.

Es el gobierno el encargado de administrar los recursos que el pueblo paga por medio de los impuestos, para resolver sus necesidades más básicas y elementales de una vida digna; sin embargo, o no se cumple o se hace de forma mediocre.
Por tal razón, el trabajo de Antorcha ha radicado en organizar y politizar al pueblo para llevar a cabo una lucha consciente por obligar -en la mayoría de los casos- a las tres órdenes de gobierno a resolver las demandas del pueblo, logrando así la consecución de electrificaciones, pavimentaciones, aguas potables, drenajes, escuelas, canchas deportivas, hospitales, vivienda, albergues estudiantiles, casas de la cultura, centros comunitarios y más.

Todo ello para amortiguar la pobreza creciente y lacerante que ha denunciado a lo largo de 45 años el Movimiento Antorchista en todo el país, a la par de que ha logrado articular una organización autentica del pueblo con una estructura nacional, una fuerte capacidad de movilización, económicamente independiente, lo cual le ha permitido independencia política también. Y así, llevándola a ser hoy por hoy el único organismo que ha demostrado -con creces- tener el mejor proyecto político para el país.
Pues bien, lo dicho renglones arriba viene a colación porque en los días corrientes los diputados están sesionando para discutir cómo se distribuirá el Presupuesto del Egreso Federal 2020 (PEF), que dicho sea de paso, es la suma de las horas de trabajo, desvelo y cansancio de la masa obrera mexicana, que como quedo señalado anteriormente hace llegar al gobierno a través de los impuestos.

Sin embargo, el actual gobierno de México que encabeza el morenista Andrés Manuel López Obrador desde que inició hace ya casi un año, arrancó con una serie de recortes y desaparición de programas, como las estancias infantiles, comedores comunitarios, Prospera, fomento a la cultura, al deporte y la ciencia, atención médica a enfermos de cáncer, Seguro Popular, por señalar algunas; pero el más grave es la extinción del Ramo 23, el cual permitía etiquetar recursos a estados y municipios para la ejecución de obras y servicios requeridos por la ciudadanía. Es decir, se ha optado por reducir o desaparecer recursos para programas que aminoraban las penurias de los pobres todo por combatir la corrupción -no comprobada, por cierto- de dichos programas, dejando desprotegidos a esos mismos pobres.
Hoy, como siempre, Antorcha hace su parte. Desde la madrugada del día 11, de los corrientes comenzaron a llegar al Congreso de la Unión numerosos contingentes de antorchistas provenientes de las 32 entidades federativas, para exigir a la Cámara Baja que no haya recortes al PEF 2020; al contrario, que se aumenten recursos para la atención de las necesidades más básicas de los mexicanos (vivienda, salud, educación, seguridad, deporte, cultura, obras y servicios). Antorcha no va por “moches” ni “piquetes de ojo”, como le gusta decir al señor Presidente, los problemas de la gente son reales y pedimos que se resuelvan. Dijeron que primero los pobres, pues, los antorchistas y el pueblo de México queremos que esto se vuelva una realidad.
Finalmente, como ya indiqué renglones arriba, Antorcha no puede estar eternamente dando la lucha contra la pobreza, como si esta fuera un mal puramente social; por ello, está obligada a dar un salto cualitativo para demandar la toma del poder político para el pueblo mexicano y desde ahí ejecutar los cuatro ejes de su modelo de gobierno:

1. Generación de más empleos;

2. Incremento en  los salarios;

3. Política fiscal progresiva, es decir, que paguen más los que ganan más y paguen menos los que ganan menos; y

4. Reorientación del gasto público, el cual se vea reflejado en obras y servicios para la población.

En conclusión, este es el motivo por el que Antorcha debe convertirse en partido y, ante la situación crítica de la política en el país, es que tiene que llamar a todas las fuerzas políticas y económicas progresistas a formar un frente común, para poder llevar al pueblo a tomar las riendas de México y aplicar los cuatro ejes propuestos. Contra los programas clientelistas, que fomentan la dependencia del pueblo de los subsidios gubernamentales, la política social que impulsa el Movimiento Antorchista es para el desarrollo integral de los trabajadores y sus familias, dar impulso al desarrollo económico de la nación y el establecimiento de políticas distributivas que disminuyan la desigualdad.

El autor es dirigente del Movimiento Antorchista en Mexicali.

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