El martillo del narcotráfico

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Cenizas lunes, 14 octubre, 2019 12:00 PM

Sucedía muy parecido en México. Claro, con una que otra salvedad. Llegaban recién titulados a la comarca. Celosamente, para hacer bulto o currículum. Los tribunales en esa región tenían su fama. Primero porque estaban rodeados de mafiosos. Luego, el juez en turno no hacía caso a tanto capo y mercadeo de droga. Mejor se desentendía y zambutiéndose en cerro de expedientes sin tanta importancia. Simulaba, no trabajaba. Sus hijos yendo a los parques o escuelas sin cuidanderos. Y ellos paseándose con la esposa como se dice por ahí, muy quitados de la pena. Nada de guardaespaldas ni carros blindados. Total, no molestaban a los narcos. Por eso la mafia ni se ocupaba de los juzgadores.

Esto sucedía en Arousa. Juzgado de Primera Instancia e Instrucción Número Uno. Lo leí en El País, diario español. Cuando la Policía notificaba al juez: “Tenemos sospecha o nos informaron que ‘Fulano’ trae gran carga de droga”, la respuesta era costumbre: “Vayan a la Audiencia Nacional”, algo así como el Tribunal Superior de Justicia. Por eso el narcotráfico se pegó a aquel lugar como gripe de invierno.

Todo cambió. José Antonio Vázquez Taín fue comisionado al Tribunal de Vilagracia. Casi egresado por la Facultad de Derecho en Santiago de Compostela. La verdad no fue un buen estudiante. Leí sobre sus antecedentes universitarios dos palabras pesadas: “Poco destacado”. Pero resaltaba en música clásica y judo. Le encantaba oír buenos conciertos y practicar el deporte.

Sus amigos cuentan que aceptó el puesto para aprender y “trabajar con devoción”. Por eso durante su primer año sorprendió. El hombre nacido en 1968, se hizo notar durante 1999 y 2000. Empezó ordenando capturar poca droga y traficantes de baja escala. Los policías, sorprendidos como nunca. Al fin un juez les hacía caso, ya no cargaban con la obligación de garrapatear uno y más formularios. Y luego seguir trámites tan largos, como la vía ferrocarrilera en el desierto.

Hasta que de pronto, el nombre del juez apareció en los diarios. Decomisó de golpe 12 toneladas de hachís. Fue una larga operación. Personalmente se encargó de planearla y conducirla. De ahí para adelante, sorprendería. Entonces la gendarmería dejó indiferencia por cooperación hasta convertirse en su informante. Con hechos supieron que no les traicionaría. Menos echaría de cabeza con los mafiosos. El Juez Vázquez Taín se ganó a los oficiales. Mucha fraternidad con la Guardia Civil. También el Servicio de Vigilancia Aduanera creyó en él. Le ayudó bastante. Tenían a la mano datos sobre el paso del narcotráfico. Con eso, tres dependencias trabajaron como si fuera una.

Todo le fue empapando de experiencia al joven juez. Empezó a conocer los tratos del oficio y muy bien. Desde cómo gestionar arrestos en el extranjero, hasta saber todo sobre las trampas marineras de las mafias españolas y extranjeras del narcotráfico. Así en 2003, el joven juez sorprendió. Decomisó 20 toneladas de las 45 incautadas en todo España. Para eso realizó lo que antes ningún juez: siete grandes redadas mar abierto. Una de ellas, la más grande, abarcando toda Europa: cocaína. Siete toneladas transportadas por el pesquero “South Seas” desde Colombia. Los mafiosos se sorprendieron cuando fueron apañados. Antes ni los molestaban.

Pero eso no fue todo. El Juez Vázquez Taín tiene nueve empleados en su oficina. Se dan tiempo y atienden puntualmente la tarea normal. Juicios por denuncia. Pleitos domésticos. Ni siquiera se atrasan en el trámite de los divorcios. Para todo tiene espacio y atención. Nada más en 2003, resolvieron 200 casos civiles, que son muchos para esa región. Dicen que el juzgador tiene lo que se llama “dedicación espartana”.

El País comentó del joven Vázquez Taín: “Hombre afable y de trato sencillo”. Hasta llegó a tener cierta confianza con los mafiosillos etiquetados de “clientes” en el tribunal. Se le conoce como funcionario abierto. Nunca se anda apretando. Tampoco cierra las puertas de su oficina. Jamás rechaza a parientes de los encerrados. Algunos van para suplicarle rebaja en fianzas.

Sufridas mujeres suplicándole condonar multas o dejar libres a sus maridos. Detenidos por escandalosos luego de gastar todo en burdeles. O andar dejando paga completita, semanal o quincenal, en las cantinas. A veces hasta chocan muy borrachos. Terminan sin una moneda. Por eso el periódico español cree del juez: Ya tiene un lugarcito en el corazón de muchas madres y esposas. Son las que siempre han estado contra la droga. El narcotráfico las mortifica. Desgració a sus hijos, esposos y parientes.

Sucedió algo increíble con este juez. Por sus méritos, lo ascendieron a magistrado. Más categoría y mejor sueldo, pero lo rechazó. Prefirió seguir en su tribunal. La superioridad no quiere desperdiciar capacidad, pero sí se sintió lastimada cuando oyó la negativa de Vázquez Taín. Por eso le pusieron plazo definitivo: Un año más en el Juzgado y se acabó. Ahora con eso, sus colegas lo tildan de protagónico. Meter narices y manos en otros territorios. Tener comal y metate con todos los policías. Aparte, los narcos no descansan: zumban y rezumban con recursos legales, pero no tienen resultado. Todo ha terminado con sentencias que no les favorecen. Los mafiosos se pasarán años en prisión. Sin remedio. Por eso la prensa española llama a Vázquez Taín “El Martillo de los Narcos”. Y en los altos mandos policíacos, comentaron: “Con cinco jueces como éste, iban a cambiar mucho las cosas en España”.

Yo digo: Si tuviéramos en Baja California un juez como ése, entonces sí las cosas cambiarían y mucho. La Policía se vería obligada a trabajar. O si no, les acusarían por cómplices del narco y pasarían años en prisión. Los tribunales superiores no fallarían en contra, escuchando tintineos mafiosos. Ningún magistrado se arriesgaría para aceptar soborno. Sabrían a qué atenerse. Escándalo periodístico o bartolina. El Procurador no metería las manos, menos el Gobernador. Además, el Lector puede imaginarse. Un juez decomisando 20 toneladas de droga en doce meses. Es una cantidad no reunida en los tribunales estatales en 20 años. Sería un juez excelente.

Pero no. Los expedientes se amontonan en cada tribunal. Muchos casos podrían estar resueltos desde hace buen rato, pero la mayoría fueron entrampados. Es curioso, sobre todo tratándose de ejecuciones. No se va al fondo del asunto. Menos turnan al fuero federal. Esos casos quedan en el limbo, son cientos de ejecuciones sin resolver.

Los juzgadores siguen despachando a pesar de no tener capacidad, pero sí habilidad para el trastupije. Y los que funcionan, son abrumados por papeleo absurdo. Funcionarios menores les sabotean o no compaginan con la responsabilidad. Aparte, es plenamente conocido: son bastantes policías embarrados en el narcotráfico. No cooperan para nada. Lo reconoce hasta el Gobernador del Estado, pero no hay intenciones para desaparecer esa podredumbre. Hace falta un juez que no lo chamaqueen ni se preste a trampas.

No puedo ni debo regatear. Buenos jueces hemos tenido en Tijuana. Pero a veces su rectitud, la encueran influencia y poder superiores. El aparato de la justicia, está prácticamente desconchinflado. Si lo comparamos con el de los años sesenta, aquel era superior. Había más pulcritud. También tenían mucho qué ver los abogados litigantes. Lumbreras en el terreno penal, los suyos eran alegatos sólidos. No como ahora. Uno de ellos me dijo recientemente: “En la Universidad, jamás no enseñaron a sobornar, pero así es como se litiga. A base de puros billetes. En esta profesión, por eso vale más el dinero y menos el conocimiento”.

 

Tomado de la colección Dobleplana de Jesús Blancornelas, publicado por última vez en mayo de 2004.

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