Buenos y malos ejemplos

Dobleplana lunes, 13 mayo, 2019 12:00 PM

No necesitaron de ningún dirigente. Tampoco anduvieron revolviendo su movimiento con políticos o partidos. Ni siquiera pidieron “que desfile con nosotros fulano artista”. Menos estiraron la mano para recibir dinero. Hubo cero protagonismo. A nadie amenazaron “…si no vas, te rebajamos el sueldo”. No desenfundaron machetes para sacar chispas tallándolos en el pavimento. No rompieron vidrieras comerciales a su paso. Menos destrozaron autos o golpearon a quienes les veían. Cartulinas sin insultos. Cero quema de banderas. Nada de eso. Todos ordenaditos. Convencidos. Muy apasionados. Salieron a las avenidas. Miles hasta llegar millones. Ordenados. Así fueron las manifestaciones de mexicanos en Estados Unidos. Chicago, Milwaukee, Phoenix, Los Ángeles y más. Todos defendiendo una causa. La de no ser considerados criminales. Nunca en la historia norteamericana hubo manifestaciones tan enormes de inmigrantes o indocumentados mexicanos. Menos de otra raza. Las marchas sin violencia fueron durante casi toda la semana. Los resultados se dejaron ver en menos de 48 horas. Los señores diputados y senadores se apuraron. Impresionados seguramente. Y rapidito votaron para un programa emergente: Legalización de residencia a un gran número y contratación temporal a quien no esté emigrado. Para rematar: A las pocas horas el Presidente Bush informó “…no se construirá el muro en la frontera”. Jamás vi marchas tan grandes y respuesta inmediata del gobierno.

En realidad, los mexicanos radicados en Estados Unidos nos han puesto la muestra. Sin ir más allá: En Baja California todo se politiza en cuestión de marchas. La indiferencia de la comunidad es enorme. Recuerdo cuando los abogados de todas las asociaciones convocaron a una protesta contra la inseguridad. Sólo fueron 80 personas. Luego otra marcha. Organizada por directivos del Club Britania. Y no llegaron ni a cinco mil. Esto es ridículo en una ciudad con casi tres millones de habitantes. Pero más grave. Alguno de los organizadores debió irse a Estados Unidos. Los mañosos le amenazaron y desde entonces lo que fue un reclamo popular terminó en silencio. El miedo le ganó a la protesta. Está como el domingo pasado: La Iglesia realizó una marcha por la paz. Las crónicas periodísticas y de televisión exageraron informando “cuatro mil”. Pero aun cuando lo fueran es una suma demasiado reducida. Los católicos en Tijuana son hasta cien veces más. Y así como ésas, toda marcha o concentración para reclamar seguridad ha fracasado. Gana el miedo. Tienen pavor de ser vistos y luego les caiga la venganza mafiosa. No asisten cuando la organizan este u otro partidos. Sólo quieren llevar agua a su molino. Igual pasa con los llamados líderes. Convocan para fracasar en eso llamado “poder de convocatoria”. Solamente tienen buen resultado las manifestaciones políticas. Con el clásico “acarreo”. El regalo de tortas y sodas humillante. La amenaza de “si no vas te descontaremos el día en la nómina”. Manifestaciones signo evidente de la hipocresía. Tanto de quienes organizan como de quienes acuden. No tienen convicción. Son convenencieros. Ya verán cómo Luis Miguel logra más asistentes a su concierto, comparado con cualquier manifestación o concentración. Y le van a pagar.

Los mexicanos al otro lado lucharon por algo importante para ellos. Su situación migratoria. “Yo no soy asesino”, rezaba en muchas camisetas la leyenda. Todo cuando así los catalogaba el nuevo proyecto de ley ahora derrumbado. Fue una defensa limpia. De convicción. Sin interés. Lejos de la política y cerca de la sinceridad. Total. Los mexicanos del otro lado nos han puesto el ejemplo. Se han unido sin importar preferencias políticas o religiosas. Simplemente para defenderse con razón y sin violencia. Los tijuanenses estamos muy lejos de llegar a ser como los mexicanos del otro lado. Simplemente nos lo impide el miedo o la política.

 

Incapacidad oficial

Sería muy deseable no construir más prisiones en Baja California. Es un reflejo del delito y la incapacidad policíaca. Ineficacia en los tribunales. Tenemos muchos prisioneros cuando la autoridad no es capaz de prevenir. Pero sí está lista para ser cómplice de los mafiosos, secuestradores. Hasta caer en lo más bajo: Raterillos. Y crece el número de encarcelados cuando se atiborran los expedientes de cada maleante en los tribunales. Las sentencias se dictan cuando el reo está a punto de cumplir el tiempo de condena o ya se pasó. En fin. Un cuento de nunca acabar. Ahora el Gobierno del Estado planea ampliar el penal de El Hongo y construir otro. Al rato van a ser casi igual el número de encarcelados y libres.

Recientemente y luego de muchos estira-y-afloja se firmó un dizque convenio de coordinación policíaca. No había necesidad de eso. Todo se debió a un simple capricho del inepto Jorge Hank Rhon. Y a la tibieza del Gobernador del Estado, Lic. Eugenio Elorduy. No hizo valer su autoridad como jefe supremo de las corporaciones policiacas. Fue a firmar no tanto como los empresarios promovieron hacerlo. En el fondo se cumplió el capricho del júnior. Porque si a las leyes nos atenemos, cada corporación debe realizar el trabajo señalado. No andar con las tonterías de Hank, reclamando funciones de investigación cuando ni siquiera cumple en la prevención.

Los hechos recientes demuestran cómo el famoso pacto de coordinación no tuvo el efecto ni de una aspirina en dolor de cabeza. Los secuestros siguen. Las ejecuciones continúan. Hasta policías matan. Dos en menos de un mes. Y ni siquiera aclaran. Es curioso cómo resulta más fácil capturar a un secuestrador y no al matón de agentes ministeriales. La complicidad andando. Apenas se puede creer. O como reza la vieja conseja: “En la casa del herrero, azadón de palo”, o si mejor quieren “Candil de la calle y oscuridad de la casa”. Los hechos confirman: La prevención del delito no está funcionando. La investigación de los secuestros a medias. Y falla absolutamente detener a los autores de las matazones. Otra vez las fallas aunque haya cambios en los mandos. Tanto así: A un empresario lo asesinaron en las afueras del concurrido restaurante “Amor”. Vecinos de la Delegación San Antonio de los Buenos reclaman a los nuevos jefes policíacos: Ya no soportan a tanto malandrín en las colonias. Lo mismo se meten a robar en las residencias modestas y humildes, o roban autos a damitas atropellándolas y pasándoles el vehículo por encima. Hay más taxis que patrullas. El miércoles en Otay solamente estaban en servicio cuatro.

Es un absurdo: Desde hace más de diez años los mafiosos ejecutan a personas con el mismo sistema y tiran los cadáveres casi en iguales sitios. Pero ni por eso la policía investiga. Menos los municipales rondan por los lugares. Los robos en las colonias no varían. Tampoco el establecimiento de las famosas “casas de seguridad”, donde operan mafiosos y secuestradores. Allí los vecinos prefieren callarse que arriesgarse. Por eso hemos perdido los valores en Tijuana. Nadie protesta si matan a cualquier persona. Pero se duele cuando sufre la desgracia en carne propia y entonces sí reclama justicia a las autoridades. Por eso las manifestaciones de los paisanos en Estados Unidos tienen más valor. En Tijuana sobra miedo. Y sucede por culpa de las autoridades. Sus policías se revuelven con los mafiosos y a la hora de la denuncia no sabe uno con quién está hablando. Pero ni el Gobernador ni el alcalde son capaces de poner remedio. Ni firmando convenios. Ahorita el mandatario anda por Asia haciendo negocios y el alcalde más preocupado por sus candidatos y menos para defender a la ciudadanía. No cabe duda. Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen.

 

Tomado de la colección Dobleplana de Jesús Blancornelas, publicado el 31 de marzo de 2006.

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