“El humor negro para poder vivir en este mundo”: Sergio Ramírez

Foto: Enrique Mendoza Hernández
 
Cultura lunes, 1 abril, 2019 12:15 PM

En “Ya nadie llora por mí” (Alfaguara, 2018) el ganador del Premio Cervantes 2017 entrega la segunda novela de la saga del inspector Dolores Morales. “Una buena manera de hablar de la corrupción del Estado es la novela negra”, expresó a ZETA el narrador en la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY)

 Leer a Sergio Ramírez es también acercarse a una lectura de Centroamérica en sus diversas épocas, sobre todo en el tiempo contemporáneo, como en “Ya nadie llora por mí”, su novela más reciente entregada a Alfaguara en 2018, misma que el autor lleva como novedad literaria en los diversos escenarios donde se presenta.

Ganador del Premio Cervantes 2017, Sergio Ramírez ha sido un huésped distinguido en México, tal como en 2018 cuando visitó Ciudad de México, Pachuca y Guadalajara para compartir “Ya nadie llora por mí”; e incluso, en marzo de 2019 acudió puntualmente a la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY), donde participó en diversas actividades literarias.

Fue precisamente en Mérida, durante la FILEY, donde el escritor nicaragüense compartió con ZETA una entrevista sobre el Premio Alfaguara 1998 y el Premio Cervantes 2017, además de sus reflexiones en torno al género negro en el cual incursionó a través de la saga que inició con “El cielo llora por mí” (Alfaguara, 2008), y “Ya nadie llora por mí” (Alfaguara, 2018).

 

DEL PREMIO ALFAGUARA AL CERVANTES

En entrevista con ZETA, dos parteaguas reconoció Sergio Ramírez (Masatepe, Nicaragua, 1942), en su trayectoria como narrador. Para empezar, fue en 1998 cuando ganó el Premio Alfaguara de Novela con “Margarita, está linda la mar”, obra de la que, en 2018, Penguin Random House Grupo Editorial presentó una tercera reimpresión:

“El Premio Alfaguara para mí fue un momento muy culminante, en distintas circunstancias, porque yo venía saliendo de la vida política, entonces, al salir de la vida política yo me dediqué a reconquistar el terreno de la literatura y me metí a escribir ‘Margarita, está linda la mar’, que demandó una gran investigación sobre la vida de Rubén Darío, sobre el asesinato del viejo Anastasio Somoza, es un libro en el que me metí muy a fondo, por eso cuando yo recibí el Premio Alfaguara sentí que había logrado lo que yo quería: entrar de nuevo en el terreno literario, y yo diría que es el primer premio literario que yo gané, por eso lo considero como un empujón vital en mi carrera literaria”.

En 2017 alzó el Premio Cervantes, también conocido como “el Nobel español”, precisamente el reconocimiento literario más importante para un autor hispanoparlante:

“Evidentemente, el Premio Cervantes es una erupción feliz que hace estragos en el trabajo diario, en la vida cotidiana de un escritor; sin embargo, el Premio hay que verlo desde todos sus ángulos, desde todas sus aristas: el Premio Cervantes para mí ha significado conquistar más lectores, eso es muy importante, uno siempre aspira a tener más lectores, y un premio de esta categoría pues llama la atención sobre la persona que lo recibe, si alguien no lo ha leído buscará quizá leerlo.

“Por otro lado, fuera del disturbio en la vida personal que causa un premio como el Cervantes,  pues yo no lo veo como un ‘hasta aquí llegué’, o ‘aquí me echo a descansar porque ya llegué’, porque la literatura no es punto de llegada, sino punto de partida; y el Premio Cervantes ha sido para mí un punto de partida, una cumbre de la que se baja otra vez al llano al trabajo; porque la escritura no tiene tercera edad, uno escribe siempre hasta el último día”.

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DE GUERRILLERO A INSPECTOR

Los maridos y esposas engañadas con frecuencia recurren a la agencia Dick Tracy que dirige el inspector Dolores Morales, especializada en resolver infidelidades conyugales en Managua, Nicaragua.

Pero un día, el detective es contratado por el accionista millonario Miguel Soto para que investigue la desaparición de su hijastra Marcela; entonces el inspector Dolores Morales y su equipo emprenderán la búsqueda entre peripecias detectivescas aderezadas con la oralidad nicaragüense que le imprime el ganador del Premio Cervantes 2017.

Se está ante “Ya nadie llora por mí” (Alfaguara, 2018), segunda entrega de la saga de novela negra que Sergio Ramírez inició con “El cielo llora por mí” (Alfaguara, 2008), que tiene como protagonista al inspector Dolores Morales, donde el narrador explora la contrastante realidad nicaragüense actual; pero claro, el singular personaje detectivesco tiene también su historia:

– ¿De dónde viene el personaje del inspector Dolores Morales?

“Bueno, es un arquetipo de las probabilidades de que alguien que participó en la Revolución pudiera haber llegado a existir con esas características. En la Revolución entraron a combatir muchachos jóvenes, adolescentes incluso, de muy distintas clases sociales; es un hombre que su abuela es vendedora en el mercado oriental, el mercado San Miguel, el mercado más grande antes del terremoto (de 1972), fue creado por ella; de manera que el inspector Dolores Morales es un personaje que viene de los estratos populares, combatientes para derrocar a Somoza y luego combate en el Frente Sur, pierde una pierna en el combate, le ponen una prótesis en Cuba; es decir, es un personaje que pudo existir así.

“Entonces, cuando viene el triunfo de la Revolución combatiente, el ejército de Somoza a la vez hacía funciones de policía porque todavía se comportaba como una fuerza de ocupación; fue fundado por la marina de guerra de los Estados Unidos, cumplía funciones de ejército y de policía; entonces, al crearse la policía nacional nueva y el ejército nuevo, muchos guerrilleros fueron a dar unos al ejército y otros a la policía, otros no fueron a dar a ningún lado, pero Dolores Morales terminó en la policía, se fue especializando y terminó en la policía antinarcóticos, que es su primer oficio cuando aparece en ‘El cielo llora por mí’ (Alfaguara, 2008).

“Conocí a alguien que se pudo haber parecido a él o a varios; fui amigo de jefes de la policía antinarcóticos, conversaba con él sobre casos que tenían entre manos, me prestaban expedientes. Para documentar mi primer libro, ‘El cielo llora por mí’, que trata sobre un caso de narcotráfico, tuve expedientes de casos cerrados que me ayudaron mucho a meterme en la atmósfera y venían de los archivos de la policía porque tenía amigos ahí; como te decía, es un personaje arquetípico”.

 

“EL HUMOR NEGRO PARA PODER VIVIR EN ESTE MUNDO”

Con la saga del detective Dolores Morales, Sergio Ramírez incursionó en el género negro, primero con “El cielo llora por mí” (Alfaguara, 2008) y luego con “Ya nadie llora por mí” (Alfaguara, 2018).

– Teniendo incluso una trayectoria como narrador, ¿por qué le interesó incursionar en la novela negra?, a veces se dice que es un género menor.

“Porque yo no creo que la novela negra sea un género menor, por un lado; y por otro lado a mí me parece que la narración tiene sus propias necesidades y resuelve esas necesidades mediante métodos; para mí el género policíaco es un método para contar cosas que en otro género yo no podría contar; y en tercer lugar porque me resulta atractivo crear un personaje policíaco y hacerlo vivir a través de una secuela de novelas, porque un personaje policíaco no sobrevive en una sola novela, obviamente tiene que pasar por varios episodios en distintas novelas, y eso es lo que yo pretendo hacer con este personaje”.

Foto: Enrique Mendoza Hernández

 

– ¿Por qué es importante para Usted tratar el tema de la corrupción a través del humor?

“Porque sin humor una novela se volvería como un regaño a los corruptos, como una admonición constante de señalar con el dedo a los corruptos; la novela no puede ser retórica, la novela tiene que tomar distancia para narrar, situar al lector en una atmósfera, pero no estarle diciendo: ‘mira, esto es malo’ o ‘éstos son bandidos’, ‘éstos son corruptos’; entonces, a través del humor pues tomas distancia suficiente como para ver a tus personajes a través de un cristal completamente distinto y dejarlos que se muevan solos por el mundo; y siempre a través del humor tú puedes guardar esa distancia”.

– A diferencia del policía corrupto, típico de nuestros países latinoamericanos, ¿cuáles son las características del inspector Dolores Morales como protagonista de la saga que le interesó llevar a la literatura?

“En primer lugar, él es un guerrillero, él en lugar de vicios acarrea virtudes, es decir, la virtud del combatiente que en su juventud renunció a todo por la lucha armada, que estuvo dispuesto a dar su vida, estaba lleno de los ideales más puros, más grandes, y después, cuando la Revolución llega a su fin, ve cómo todo se va cambiando de color, se va corrompiendo, los valores que él defendía no existen más, él se queda solo defendiendo sus valores, el mundo nuevo es muy extraño para él; entonces él lo afronta como un cinismo, como un humor negro, es decir una de las características suyas es el humor negro para poder vivir en este mundo de nuevo, donde la corrupción lo está llamando a cada rato”.

 

“UNA BUENA MANERA DE HABLAR DE LA CORRUPCIÓN DEL ESTADO ES LA NOVELA NEGRA”

Al hablar de novela negra con el reconocido narrador nicaragüense, había que preguntarle sobre las lecturas o influencias del género en su obra:

– Considerando la tradición del género negro, ¿tiene algún modelo de personaje policíaco o de novela negra al que Usted recurre?

“Yo he sido un gran lector de Simenon, y el inspector Maigret pues es un hombre que representa todo lo contrario al inspector Dolores Morales, es un hombre de vida doméstica tranquila, siempre está llamando a su mujer porque es muy doméstico, no quiere que se preocupe si llega tarde, detrás de él hay un aparato judicial severo en el cual confía ciegamente, porque ahí no hay nada que huela a corrupción, de lo que tiene que preocuparse es que las pruebas sean bien elaboradas y que el juez no las vaya a rechazar; ése es el detective europeo y también el detective anglosajón.

“Si tú te trasladas a la novela norteamericana de los años 40 de Dashiell Hammett, etcétera, te vas a encontrar con un detective negro, un detective que vive un ambiente sórdido, medio alcoholizado, que está afectado por las redes de corrupción que hay en el ambiente, pero todavía tiene un aparato judicial detrás, tiene al Estado detrás.

“En este caso, cuando te trasladas al terreno latinoamericano ya no se puede confiar ni en el Estado, no sabe si el Estado está comprometido o lo tiene comprometido el narcotráfico, o si los jueces, fiscales o los policías de qué lado están, o de las redes mafiosas o de las redes del crimen organizado; entonces, ahí nos empezamos a acercar a mi personaje, al tipo de policía que debe lidiar con la investigación de los crímenes sobre todo cuando se trata de investigar crímenes relacionados con el narcotráfico”.

“Una buena manera de hablar de la corrupción del Estado es la novela negra, es decir, si no te arriesgas a una aproximación retórica, admonitoria, de condena, de denuncia; mientras que la novela negra te da la oportunidad de describir el ambiente, los casos, introducir un personaje que resuelve los casos”.

 

LA LITERATURA, MÁS ALLÁ DEL GÉNERO

La corrupción merodea por “Ya nadie llora por mí”, escenario y situaciones nada extraños en Latinoamérica; en cualquier caso había que preguntar a su autor:

– ¿Representa “Ya nadie llora por mí” a la sociedad actual de Nicaragua?

“Cuando uno se propone escribir una novela contemporánea, con un escenario contemporáneo, pues evidentemente está obligado a ver el país tal como es, es decir el escenario que yo narro en ‘Ya nadie llora por mí’ es tal como yo lo veo, como es la realidad de Managua, como ciudad del régimen político bajo el cual vivimos, el nacimiento de una nueva clase económica muy rica que antes perteneció a los estratos revolucionarios, los vínculos del nuevo poder, los árboles de la vida, los símbolos esotéricos del nuevo poder, la liga entre poder oculto y corrupción, todo está expuesto como parte de ese escenario dentro del cual se mueve el inspector Dolores Morales.

“Es seguro que habrá una tercera novela del inspector Morales, pero tenemos que dejarlo reposar un poquito, porque el asunto es que un personaje contemporáneo que está metido en la vida diaria contemporánea y que tiene que ver con la vida pública, pues tenemos que dejar que los episodios de la vida pública se asienten, para poder armar un escenario que sea eficaz para el personaje; yo creo que pronto voy a empezar a escribir un episodio”.

– ¿Por qué es importante como autor latinoamericano narrar las historias de nuestros propios países?

“Porque yo me sentiría extraño contando una historia policíaca donde la calle no hace ruido, donde tú no tienes conflictos sociales en la calle, no tienes estados corruptos; si yo cuento una historia policíaca en cualquier país centroamericano como si fuera Inglaterra, con jueces serios, con jueces transparentes, con fiscales que no perdonan a nadie, con policías que no son corruptos, donde lo que vale son las pruebas, no estaría diciendo la verdad.

“Es decir, claro, la novela nunca dice la verdad, pero tú tienes que erigir mentiras sobre una plataforma real; no puedes hacerlo de otra manera; no puedes inventar un país porque entonces ya se trata de una novela de marcianos”.

– Finalmente, ¿cuál su la aspiración como narrador más allá del género?

“Contar una historia en los mejores términos posibles más allá de cualquier género; la calidad de la literatura está en las palabras, cómo uno utiliza las palabras, la exactitud del lenguaje, cómo uno tiene que diferenciar los personajes y no introducir llanamente su propio discurso en la voz de todos los personajes

“Es decir, eso solo se resuelve mediante registro verbal, si habla una persona que el lector sepa que está hablando distinto de su contraparte o de otro personaje en la novela; tú estás inventando personajes, por lo tanto les tienes que dar una voz narrativa distinta, y si quieres describir paisajes, ciudades, porque éstas son novelas urbanas, pues tiene que hacerlo de manera que el lector se haga cargo de la atmósfera en que la novela está desarrollada, y eso lo resuelves también con las palabras adecuadas.

“Entonces, tú puedes contar una historia en una novelita de 80, 100 páginas, perfectamente, si te vas al esqueleto del argumento, son esas novelas de leer y tirar; que también existen en la novela policíaca, de vaqueros, y existen novelitas de amor también de leer y tirar; pero la elaboración de las palabras, el cuido, la exactitud de las palabras, que las palabras sirvan para describir lo que quieres y hacerlo con calidad, con rigor, en eso consiste la literatura, cualquiera que sea el género”.

Concluyó el Premio Cervantes 2017 en la entrevista con ZETA: “Cuando uno agarra situaciones como las que están expuestas en ‘Ya nadie llora por mí’, evidentemente lo que uno hace es una descripción crítica de lo que ocurre; la literatura no tiene remedio para la realidad, lo que hace es exponer lo que ocurre bajo esta perspectiva crítica; obviamente, cuando hay una perspectiva crítica hay un deseo de que las cosas cambiaran y es el que como ciudadano yo tengo, que la situación de Nicaragua pudiera evolucionar hacia otra en la que tengamos una democracia representativa que verdaderamente funcione, que no esté sujeto a las anormalidades a la que está hoy la realidad en Nicaragua, en el entendido de que la literatura vive de la anormalidad, de la irregularidad, la normalidad no es materia novelable”.

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