Discotecas

Fotos: Internet
 
Dobleplana lunes, 22 abril, 2019 12:00 PM

A nadie le sorprende. En muchas discotecas de todo el país se consume cocaína. Difícilmente hay algunas donde no. Particularmente sucede en las famosas. De obligada reservación. Lugares solamente con cabida para personajes y pudientes. Materia prima para fotógrafos de revistas especializadas. Mayormente la droga es vendida en los baños de las discotecas. Y existe una gran ventaja para comercializar y aspirar. No hay vigilancia oficial. Los guardias de seguridad son contratados en lo particular por la empresa. Sin autorización oficial. Nada de investigar o perseguir. Solamente están allí para evitar o desbaratar pleitos. Sacar discretamente a los incómodos o hartos de licor o droga. Pero eso sí. Nada más con orden del gerente o dueño. Tampoco se arriesgarán echando fuera al primer desordenado que vean. Puede ser hijo o amigo de alguien relevante. Con tanto predominio como para obligar al despido del guardián, gerente y hasta cerrar el antro.

Como en las películas. Los baños son el mejor lugar para comprar o consumir. El polvo en esos lugares es de alta pureza. Costoso. No provoca daños tan terribles como el alterado. Muy lejos de la pútrida, peligrosa mezcla vendida en o cercanías de Tepito.

Hay muchas pruebas sobre el consumo de cocaína entre personajes famosos o pudientes. Abundan. Lo han confiado a periodistas y fue publicado. Luego de su internación en clínicas o centros para desintoxicación hasta presumen cómo abandonaron el vicio. Lo magnifican. Pero jamás dicen a quién y cómo compraban la cocaína. Ni la autoridad se preocupa por saberlo. Jóvenes amigos me comentaron: Hay discotecas con los baños bien surtidos. Tan fácil comprar droga como kleenex, lápiz labial, toallas sanitarias, condones, broches para el pelo, pañuelos y hasta aerosol para el mal aliento. Sobran vendedores y faltan policías.

La Procuraduría General de la República jamás ha investigado. Tiene por enfrente la confesión escrita y pública de un grave delito. Según los sitios acostumbrados por artistas y personajes es presumible dónde se comercia y consume. Pero la autoridad hace como reza la vieja canción: “Te juro que te miro y no te veo”.

Me imagino al señor Procurador: No quiere perjudicar discotecas, bares y cabarets distinguidos. La lógica indica primero una investigación discreta. Pero da la impresión de temor a propietarios y más a concurrencia. No imagino a los agentes federales invadiendo un antro armados para decomisar cocaína. Menos detener adictos y traficantes. Nunca he visto la foto de encumbrados personajes o populares artistas capturados. Eso me hace pensar también en la posibilidad del soborno.

En revistas o diarios leí casos dramáticos. Recuerdo al actor Alejandro Echánove. Se salvó de morir. No negó cómo durante mucho tiempo le entró al polvo. Rafael Rojas también lo reconoció. La excelente cantante Yuri. Sasha Sökol, ex de Timbiriche. José José en sus tiempos. Antes de morir “El Flaco” Guzmán se declaró adicto. Apareció en muchas películas de la llamada “época fichera”. Está el caso lamentable de Paco Stanley. Y cuando fue entrevistado en televisión José Alonso reconoció que consumió hace años.

En el libro “La Jefa” se revela el problema de drogadicción que tuvo Vicente, hijo del Presidente de la República. Y cómo fue enviado a desintoxicarse. Hay lugares especializados para tal tratamiento. Carísimos. Indudablemente deben existir más enviciados encumbrados. Para su fortuna los salvó no ser tan populares como artistas.

Es dramático el trato policíaco a los adictos pobretones. Los pescan tan fácil como al atún. En los picaderos, las trampas de conexiones eléctricas. Coladeras del drenaje. Barriadas. Siempre maltrato y multa. A veces no les queda otra: Dan mordida en especie o billetes para salvarse. O como reza la vieja sentencia comparativamente aplicada a la droga: “Lo que en el pobre es borrachera en el rico es diversión”. Aparte no hay lugares con personal experto para rehabilitarlos. Existen algunos sostenidos por grupos caritativos o ex-adictos. Y muchos sirven de tapadera para seguir traficando e intoxicándose.

Clasemedieros y humildes no tienen billetes para comprar cocaína. Roban para entrarle a drogas sintéticas. Cuando logran un carrujo es mucho. En cambio adinerados sí pueden y no son jamás encarcelados. Por eso es triste la diferencia. Los especialistas hablan a cada rato: “El consumo de droga aumenta en México”. Pero nunca refieren quiénes son los compradores reales. Siempre apuntan a pobres viciosos y no les falla: Señalan a los estados fronterizos de preferencia.

Este vicio abunda en los grupos musicales. Muchos integrantes estadounidenses han muerto por sobredosis. Janis Joplin, Jim Morrison, Jimi Hendricks, Layne Stanley de Alice in Chains, Richard Shanoon de Blind Melon. Andy Gibbs de Bee Gees. Dave Williams de Drowninin Poool. Jerry García. John Belushi. A cada rato en líos Scott Weiland de Stone Temple Pilots. Paul McCartney fue detenido por los japoneses drogándose. Pero desde cuando navegaba con Los Beatles le encantaba el LSD. También los Rolling Stones. Willie Nelson.

A otros personajes no les fue tan fatal. Pero sí los envolvió el escándalo Robert Downey Jr. Nick Nolte. Charlie Shenn. McCauley Culkin, afamado por las películas “Mi Pobre Angelito”. A Dennis Hooper le encantaba la marihuana. Morfina era preferida por Bela Lugosi, el “mejor Drácula” en la historia del cine. Jack Nicholson. Richard Pryor, comediante de color. Una hija de Jeb Bush, hermano del Presidente de Estados Unidos. Dwigth Gooden, pitcher de los Mets neoyorquinos. El extraordinario pelotero Strawberry.

Ocasionalmente o por vicio hasta presidentes de Estados Unidos probaron droga. William Clinton, Ulysses S. Grant, Thomas Jefferson, George Washington. El ex-Vicepresidente Al Gore. Logré una lista de celebridades consumidoras de droga. Me sorprendió ver el nombre del inventor Thomas Alva Edison, Jean Cocteau y Pablo Picasso. Les agradaba mucho el opio. Al trompetista Louis Armstrong la marihuana. Hashis, deleite de Salvador Dali. Cole Porter, cocaína.

Pero la gran mayoría se regodeó comentando esa adicción del pasado. Igual Mauricio Fernández Garza. Fue candidato del PRI a gobernador en Nuevo León. Reconoció cuando fumaba marihuana en su juventud. Pero ningún policía le preguntó a este señor a quién y cómo la compró. Igualito que a las celebridades mexicanas. No se les molesta. Ni a propietarios de discotecas donde abunda la droga.

 

Escrito tomado de la colección “Conversaciones Privadas” y publicado el 19 de agosto de 2003, propiedad de Jesús Blancornelas.

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