Antorcha mundial: de México para el mundo (Primera parte)

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Opinionez lunes, 11 marzo, 2019 12:00 PM

“Nacer fue mi delito, nacer a la conciencia, sentir el mar en mí

de lo infinito y amar a los humanos…” Unamuno.

 

A mediados de la década de los 70’s, la población de nuestro país no llegaba a los 60 millones de habitantes. Miguel Székely calculó que más de 35 millones sufrían algún grado de pobreza en el país. En el campo vivía más del 46%, en donde se recrudecía la miseria como lo reconocían los propios diagnósticos oficiales: “En el medio rural se observa una concentración del ingreso y la riqueza en los productores agrícolas ubicados en las zonas de riesgo […]; los intermediarios […]; los ganaderos particulares, […]; y los concesionarios privados de bosques con talas irracionales. Frente a éstos, se encuentra la mayor parte de la población del medio rural que habitaba en zonas de temporal con pésimas condiciones de vida en materia de nutrición, salud, educación y vivienda, que por falta de apoyo empiezan a dejar de producir los alimentos necesarios para su propia subsistencia y emigran a las zonas urbanas”.

La miseria, sumada a los abusos caciquiles sufridos por los campesinos, originaron una serie de movilizaciones que desbordaron los controles corporativos del Estado mexicano, como los movimientos guerrilleros -que le siguieron al asalto al cuartel Madera, Chihuahua, en 1965- de Genaro Vázquez y Lucio Cabañas, por mencionar los más conocidos. En las ciudades el pueblo trabajador tampoco vivía en jauja: el poder adquisitivo del salario disminuyó como consecuencia de la crisis inflacionaria iniciada en el sexenio de Luis Echeverría, lo que originó luchas obreras (electricistas, mineros y ferrocarrileros, entre otros) al igual que movimientos estudiantiles reprimidos brutalmente, entre los que destaca la toma por el ejército en Chapingo con el objetivo de expulsar al grupo que encabezó la lucha para la transformación de la antigua Escuela Nacional de Agricultura en Universidad Autónoma de Chapingo.

Es en este contexto de pobreza rural, de marginación en las zonas urbanas, de deterioro salarial, de represión del descontento popular en donde se presentara, que surge en la mixteca poblana el Movimiento Antorchista, originalmente Antorcha Campesina, encabezado por Aquiles Córdova Morán, después de haber resistido la agresión del ejército en Chapingo para plantear un modelo de organización y de lucha diferente al que sostenían los que promovían, por impotencia y desesperación en el mejor de los casos o como maniobra provocadora para justificar la represión del Estado, la vía guerrillera o terrorista; diferente también al de los que se sumaron a la demagogia del “arriba y adelante” del presidente Echeverría que al reconocer que existían “graves carencias e injusticias que pueden poner en peligro nuestras conquistas: la excesiva concentración del ingreso y la marginación de grandes grupos humanos” apoyó organismos como la CONASUPO, el INI, IMSS-COPLAMAR, etc., para tratar de desmovilizar a los inconformes.

El ingeniero Aquiles Córdova y los demás fundadores de la que es hoy por hoy la organización popular mexicana más numerosa, mejor estructurada, independiente y sólida en lo económico, con verdadera presencia nacional y con una claridad y definición ideológica que la diferencian de cualquier otra corriente política y le permiten proponer su propio modelo de desarrollo del país, se plantearon un rumbo propio y, como se ha demostrado a la postre, superior a las demás corrientes y grupos ya desaparecidos o absorbidos por el Estado y sus satélites.

El antorchismo se propuso el largo y menos espectacular camino de ir sumando pueblo tras un proceso de concientización y de lucha para dignificar sus condiciones concretas de vida a la par que brindándole la conciencia política necesaria para comprender los problemas nacionales más trascendentes y las medidas para solucionarlo. Este exitosísimo proyecto, que le ha permitido pasar, en casi 45 años de existencia, de una treintena de fundadores a cerca de tres millones de mexicanos, parte de reconocer que la pobreza del pueblo trabajador tiene causas estructurales que para modificarse requieren de la acción colectiva, organizada y consciente de los afectados por la política neoliberal dominante.

Al igual que escribiera Federico Engels homenajeando a los hombres que fundaron la sociedad capitalista, rompiendo con la servidumbre feudal, “una época que requería titanes y supo engendrarlos”, así también el México de los setentas y los años subsiguientes exige gigantes de pensamiento, de voluntad y de acción para lograr el progreso negado a los creadores de esa riqueza que ha llevado a colocar al nuestro entre los doce países más ricos del mundo. Se exigía una Antorcha que llevara luz y calor a los olvidados de la Patria.

 

Ignacio Acosta Montes es coordinador en el estado y la zona noroeste del Movimiento Antorchista

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