24 pisos

Fotos: Internet
 
Dobleplana lunes, 4 marzo, 2019 12:00 PM

Es un enorme edificio. Viéndolo desde enfrente uno cuenta dos, tres y hasta 24 pisos. Está a tres cuadras de “La Placita”. Conocido así el corazón de San Diego, California. Frente al esplendoroso Horton Plaza repleto de las mejores tiendas norteamericanas e internacionales. Cruzando la calle Broadway el histórico hotel U.S. Grant. Muy cerquita Gas Lamp Quarter. Simpática mezcla de bares, discotecas y restaurante de categoría. Uno tras otro en varias manzanas. Cada fin de semana es jolgorio sin escándalo. A cuatro cuadras esa legendaria estación del ferrocarril Santa Fe. No muy lejos el nuevo estadio de béisbol Petco Park. La bahía enseguidita. Aparte una bola de rascacielos, titipuchal de oficinas, bancos y más hoteles. También el solemne, impresionante tribunal. Frontispicio de partenón pero edificio majestuoso. Sobre la misma acera terminal del tranvía. En auto bastan cinco minutos y ya está en el aeropuerto. O si quiere, sobre la autopista a Los Ángeles. Así por tierra y aire conexión a cualquier parte de Estados Unidos o del mundo. Total. El edificio de 24 pisos está en el mero centro de la ciudad. Son menos peatones y más automovilistas pasando por enfrente. No hay quien se quede a bobear. Tan enorme construcción de color café claro no tiene ventanas. Apenas unas rendijitas horizontales en cada piso. Anchor no más de cinco pulgadas. Grueso plástico. Irrompible.

Sandieguinos y muchos tijuanenses lo saben. Pero quien visita por vez primera esa ciudad ni se imagina. Es la cárcel. En inglés llamada San Diego Metropolitan Correctional Center. No hay policías rodeando el edificio. Ni encapuchados al frente. Ningún anuncio en las cercanías previendo de tal prisión. Tampoco está cerrada la calle para peatones o automovilistas. Ni siquiera patrulleros rondando en esquinas próximas. Cero alambradas de púas. De noche tiene iluminación normal. No aparatosos reflectores. El edificio es para durar. Ya tiene más de 25 años. Cuando lo construyeron no hubo protestas de los vecinos. Se les informó que sería prisión y no les molestaría. Por eso no hubo rechazo de comerciantes, empresarios, ciudadanos o partidos políticos. Tampoco manifiestos en los periódicos con “los abajo firmantes”. Luego ya funcionando, jamás una manifestación por alguien encarcelado. Cero amenazas de bombas o fugas. Harta tranquilidad.

El interior ni me lo imaginaba. Sólo una reja a la entrada. No hay celdas. Nada de barrotes. Son cuartos simples. Puerta con solo un visor. Cama, sábanas, cobertor y ropa limpia. Lavabo y baño. Buena comida. Cada nivel ocupa el espacio de dos pisos. Ocho para reos. Uno destinado a prisioneras y administración ocupa el resto. Esta es una prisión exclusivamente para procesados. Le caben hasta mil. Ningún sentenciado. Cuando alguien es detenido lo llevan al tribunal por un túnel. Está a dos cuadras más o menos. Zigzaguean. Los reos no ven la calle. Permanecen hasta terminar su proceso. Tres a cuatro o cinco meses. Fijada la sentencia inmediatamente son enviados a la prisión de San Bernardino en el norte californiano. Allí duran pocos meses. Forzosamente siguen al penal de Oklahoma. Igual tiempo. Luego cada dos o tres años a diferente prisión. Ni siquiera les avisan cuando el traslado. A veces en avión o autobús según la distancia. Pocos cumplen su sentencia en la misma cárcel. El movimiento tiene sus razones. Primero: Para no hacer amistad con los guardias. Segundo: Evitan grupos de poder entre reos. Tercero: Les dificultan estar recibiendo visitas de amigos y familiares. Sentenciados ya ni abogados les visitan. No tiene caso.

Pero supe de muchas de las prisiones donde se la pasan muy bien. Canchas de fútbol o tenis. Billares. Ping-pong. Gimnasio. Cine. Televisión. Maquinitas para comprar dulces, chocolates o sodas. En algunas penitenciarias hay venta de hamburguesas. Ropa limpia. Y hasta alimentación especial para diabéticos o con otras enfermedades. Platiqué con un amigo conocedor de todo esto. Me dijo: “Hay cárceles donde los internos dicen que las rejas son para evitar entrar a la gente de afuera”. Comentó cómo se la pasan muy bien allí. Lo único malo es no poder ver a los familiares si viven lejos de la frontera, o no tienen dinero para viajar. Pero me contó de prisioneros cuando recobran su libertad. Saliendo cometen otro delito. “No por maldad, de veras, es que viven mejor en la prisión y gratis.

Imagínese que construyeran en México cárceles como la de San Diego. En Almoloya cabrían por lo menos 10 con estacionamiento y juzgados. Cupo para 10 mil reos. Pero solamente funcionarían con un buen sistema de justicia. Que no sea tardado ni lleno de embrollos y papelería. En Estados Unidos no permiten periodistas con cámaras en los tribunales. Y ni siquiera la televisión transmite imágenes cuando los internan. Nunca he visto abogados en California litigando en la prensa cómo los de México. Tampoco juzgados retacados con cerros de papeles. Gasto inútil. Alimento para la burocracia. Tampoco hay procesados revueltos con sentenciados. Ni presos con teléfonos celulares y abogados todos los días.

En México estamos al revés. Fíjese nada más este sexenio. Se ha gastado más en instalaciones lujosas para las procuradurías y menos para construir penales. Hartos millones a cuerpos policíacos. Compra de equipo. Hasta aviones de pasajeros segundaclaseros. Un comparativo con Estados Unidos da tristeza. Es inexplicable. Me ha tocado ver de cerca los sistemas de uno y otro país. Por eso estoy seguro: Cuando en México el aparato de la justicia tenga recursos funcionará. Entonces habrá menos reos y mejores cárceles. Ahora cualquier juzgado está retacado de expedientes atrasados. Por eso tanto reo. Nada más un ejemplo: Hace dos años y medio capturaron a Benjamín Arellano y todavía no lo sentencian. Como él muchos. Y así de atrasados están nuestros cuerpos de vigilancia. Impreparados. Cualquier grupo de maleantes organizados llegan y se llevan a los presos. Seguimos teniendo la costumbre de mantener prisioneros en un sólo penal para procesarlos con quienes están cumpliendo sentencia. Los grupos de poder en las penitenciarias son tremendos. Me imagino próximos escándalos y grandes problemas. De veras.

 

Tomado de la colección Dobleplana de Jesús Blancornelas, publicado por última vez en noviembre de 2004.

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