“Hay momentos en que lo prudente es callarse”: Ida Vitale, Premio Cervantes 2018


 
Cultura lunes, 10 diciembre, 2018 12:15 PM

La poeta uruguaya recibió el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances. En abril de 2019 recogerá en España el Premio Cervantes 2018. “Cómo situar las palabras, cómo reconocer qué hay que hacer en cada momento con las palabras: callarse, a veces usarlas”, expresó a ZETA la escritora durante la FIL de Guadalajara

La gran figura de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) acudió puntual y con envidiable vitalidad y jovialidad para recibir su Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2018, el sábado 24 de noviembre, durante la inauguración del acontecimiento literario más importante de Iberoamérica.

La poeta Ida Vitale, de 95 años de edad (Uruguay, 2 de noviembre de 1923), también mereció este año el Premio de Literatura en Lengua Castellana “Miguel de Cervantes” 2018, concedido por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España, mismo que recogerá en abril de 2019, donde se espera que dicte un ansiado discurso, tal como marca la tradición de los premiados con el “Nobel español”, el reconocimiento más importante de la lengua española.

Durante su paso por la FIL de Guadalajara, la gran poeta de la literatura universal no sólo recibió el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, también compartió una charla colectiva con medios de comunicación, participó en el diálogo “Mil jóvenes con Ida Vitale”, accedió a tomar algunas selfies y fotos con sus lectores; firmó algunos libros como “Reducción del infinito” (2002), “Procura de lo imposible” (1998), “Léxico de afinidades” (1994), entre otros contenidos en “Poesía reunida” (Tusquets, segunda edición 2018) o “Shakespeare Palace. Mosaicos de su vida en México (1974-1984)” (Lumen, 2018).

 

LA NIÑEZ O LA IMPORTANCIA DEL ESTUDIO DE LAS LENGUAS

Al tercer día de recibir el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, el lunes 26 de noviembre, un poco menos asediada por los medios y lectores, Ida Vitale concedió generosa una entrevista a ZETA.

¿Qué es lo más importante que recuerda usted de su niñez o sus primeros acercamientos a la literatura?

“Fui una niña sin hermanos, casi sin amigos, porque entré a la escuela en tercer año, así que primero y segundo los hice en mi casa, porque había problemas para ir a la escuela, estaba lejos; es decir, tenía que ir a una escuela determinada que era de una tía, estaba en el centro (de Montevideo) y nosotros no vivíamos en el centro, eso por un lado.

“La escuela sí fue una experiencia muy feliz porque sobre todo fue el encuentro con otras niñas y por ahí iba fluyendo lo que los maestros nos enseñaban, y tengo la seguridad de que fue un período muy brillante de la escuela uruguaya, con maestros muy bien formados; es más, yo iba a una escuela de práctica en la que bajaban los practicantes de magisterio y ayudaban a las maestras, pero por otro lado las maestras tenían el doble trabajo de ocuparse de nosotros y de orientar a los estudiantes de magisterio.

“El resultado fue positivo, yo me sentí muy feliz en la escuela, quizá justamente porque en la casa no tenían niños, no había niños en mi barrio muy cerca; siempre recuerdo que mi marido decía que para él, que había hecho también una carrera después de profesor, la escuela había sido lo más importante de su vida; eso quiere decir que la escuela en ese momento era una buena escuela.

“Es curioso, en la escuela yo tuve una experiencia que no era nada usual en Uruguay: era una escuela que se hacía hasta sexto grado, luego los que querían seguir magisterio seguían séptimo y octavo, pero apareció un padre del Mediterráneo, creo que era maronista, y se ofreció a dar clases de latín.

“El Uruguay  es un país muy laico en el que la Iglesia está separada del gobierno, pero mi tía tuvo la inteligente visión de que el latín podía ser desglosado de todo lo que era religión y que era la base para lo que iba a estudiar después: italiano, francés, nos daba el liceo; así que hubo una clase como de 70 alumnos que durante un año recibimos las bases del latín, así que eso yo lo agradezco infinitamente, porque aunque no fuera yo consciente cuando empecé a estudiar francés, encontré una facilidad, lo mismo que la encontré en el estudio del español. Me dieron las bases para la etimología, entonces eso es una cosa que siempre celebro, a veces se me olvida, pero, de cuando en cuando, cuando estoy peinando el pasado, me acuerdo.

“Pero bueno, claro, después pude distinguir las palabras que venían del latín, palabras que venían del griego; de alguna manera eso fue una entradita al campo de la palabra, del lenguaje, después está escribir o hacer con ello lo que se pueda, pero por lo menos eso es crear la consciencia.

“Creo que eso involuntariamente me dio un gran entusiasmo por las lenguas: tuve una profesora estupenda de francés, una profesora de italiano, pero que era una sacrificada, después se volvió a Italia en el barco de los diplomáticos en plena Segunda Guerra Mundial, era una mujer que no era sana, era enferma, débil, pero nos dio gramática italiana durante un año.

“Después tuve una profesora de inglés muy mala, muy mala, que me dejó trancada con el inglés, empecé una o dos veces a estudiar por mi cuenta; incluso tuve un entusiasmo por el alemán porque hubo un señor que formó un grupo; es decir, las lenguas son una cosa muy importante para ampliar el campo”, compartió Vitale.

 

LA REVELACIÓN DE JULIO VERNE

A pregunta de ZETA, Ida Vitale contó cómo en la adolescencia el autor que lo deslumbró fue Julio Verne, sobre todo con “La isla misteriosa”.

¿Cuáles fueron los autores determinantes en su juventud?

“Hay dos tipos de autores: aquellos que llegan involuntariamente, porque nos los presenta la familia o la escuela, todas esas lecturas que uno las ve a la distancia como un magma, así de que no se puede extraer nada claro; digo, uno empieza leyendo por lo general cosas escritas para niños, ‘Pinocho y Chapete’, bueno, ya no sé.

“Bueno, es que yo fui un poco anómala, yo leí cosas para niños cuando era un poco mayor. Hay un escritor francés muy conocido, Perrault (1628 – 1703), es el autor de ‘Caperucita roja’, ‘Blanca Nieves’ y un montón de esas cosas; yo lo leí ya como un escritor con un límite, con una obra compacta cuando era bastante más grande, cuando yo tenía como 10, 12 años.

“Ahora, claro, están esas cosas que se leen inevitablemente a toda edad, como por ejemplo Verne; creo que las modas cambian, yo no sé hoy, hoy que el mundo es todo conocido, que el mundo es normal, que el mundo casi diría que carece o ha perdido  uno de sus encantos: Verne ha caído un poco, es como Salgari, que yo no leí cuando tendría que haber leído, sino que lo leí muchos años después para ver qué era aquello de Salgari.

“Pero en mi época, bueno, luego hasta ha habido películas con Verne, a mí me gustaba, un escritor fascinante, había siempre un conocimiento, una revelación, de un mundo que yo no conocía o una manera muy científica de crear un mundo; no hay escritor que escape a su periodo y Verne no sé exactamente la fecha, no tuve la preocupación de recurrir a Google, en una época en que la ciencia se estaba organizando o divulgando, en que los viajes no eran una cosa de todos los días, creo que ni siquiera existían los aviones, se viajaba en barco y se viajaba cuando se tenía un pretexto o un capitán a mano; si no había, no se movía de las casas.

“Hay una novela que a mí me gustó, absolutamente fascinante, que es ‘La isla misteriosa’, porque en eso sí en realidad Verne, analizado ya no tanto como lector ingenuo que se entusiasma, es en realidad un producto quizá un poco atrasado del Siglo XVIII, un siglo racional, organizado, que aspiraba a ser científico; casi, diría yo, son dos características totalmente contradictorias”.

 

 

“NO ME OBLIGUÉ A SEGUIR UNA SOLA ADMIRACIÓN”

Llegaría el momento de hablar de poesía con una Ida Vitale, dispuesta a revelarlo todo:

Después de su estudio de las lenguas romances, además del alemán, ¿cuáles fueron sus primeras referencias en la poesía?

“En la escuela nos ponían en contacto también con la poesía, pero siempre una poesía muy livianita, pero en mi casa había libros; incluso, hay una poeta uruguaya que es de la generación de Delmira Agustini (Uruguay, 1886-1914) que es muy célebre, muy admirada por su forma, por su historia, que es María Eugenia Vaz Ferreira, una poeta así como Delmira, una poesía muy llamativa, muy cumplidora de todas las reglas de la rima y del verso.

“María Eugenia era mujer que le interesaba más lo que se decía que cómo se decía, pero era una persona muy interesante y una poesía quizá más filosófica de lo que uno está acostumbrado a ver, pero una gran poeta.

“Por el hecho de que hubiera libros en casa me interesé en general por la literatura; después llegó Lorca con todo el prestigio que tuvo y me deslumbró, pero también, por suerte, como a la vez me deslumbró Neruda. Por suerte, otras cosas que de repente no tenían tanto prestigio, no me acostumbré o no me obligué a seguir una sola admiración, por eso siempre pienso que hay que leer mucho cosas muy distintas, hasta que uno pueda distinguir ‘esto es bueno, esto no es bueno’.

 

MÉXICO Y LÓPEZ VELARDE

Ida Vitale vivió exiliada en México por lo menos una década, tal como cuenta en “Shakespeare Palace. Mosaicos de su vida en México (1974-1984)” (Lumen, 2018), por eso había que preguntarle:

Durante su exilio en nuestro país entre 1974 y 1984, ¿qué le dio México a su poesía?

“Para empezar, mucho antes de llegar a México me dio a López Velarde, que para mí fue una revelación; López Velarde era un poeta que no tenía nada que ver con lo que yo había leído. También (México) podría haberme dado a Nervo, en la escuela algo de Nervo teníamos, no necesariamente fue el contacto directo con el país, por eso el libro y la cultura son tan importantes, porque eso es lo que nos llegaba (a Uruguay). Antes de llegar a México como país generoso que me abrió las puertas, me llegó uno de sus productos grandotes: López Velarde.

“Una poeta argentina, Silvina Ocampo -quizás sea más conocida la hermana que fue directora de una de las grandes revistas literarias latinoamericanas, Sur-, también descubrió López Velarde, le pasó lo mismo que a mí: cayó rendida, pero ella llegó a más porque escribió una cosa que viene directamente de López Velarde, sobre el campo (Enumeración de la patria); era muy buena poeta, escribió un poco a la sombra de López Velarde. Es muy importante cuando un país produce eso, y entonces sí, las vías de acceso son muy gratas, cómodas y al alcance de todos”.

 

“LAS MARAVILLOSAS FORMAS QUE OFRECE LA POESÍA”

La ganadora del Premio Cervantes es autora de “La luz de esta memoria” (1949), “Palabra dada” (1953),  “Cada uno en su noche” (1960), “Oidor andante” (1972), “Jardín de Sílice” (1980), “Sueños de la constancia” (1984), “Léxico de afinidades” (1994), “Procura de lo imposible” (1998), “Reducción del infinito” (2002), “Trema” (2005), “Mella y criba” (2010), “Mínimas de aguanieve” (2015), contenidos en “Poesía reunida” (Tusquets, 2015, reedición 2018).

¿Cómo ha evolucionado su idea de la poesía, su forma y contenido con el paso del tiempo o luego de una extensa trayectoria?

“Yo empecé publicando sonetos, me fascinaba y me fascina, me parece que es digamos como una perfección de la lengua; pero a la vez siento que el soneto es también como una caja en la que no te puedes mover con comodidad; si tú pones demasiadas cosas en el soneto la tapa va a saltar, entonces, había y hay siempre frente a cualquier creación la lucha o la oscilación entre la obediencia y la desobediencia; la obediencia a una forma que sería ceñirme al estructurar el soneto o de la lira, o de lo que sea cualquiera de las múltiples y las maravillosas formas que ofrece la poesía. La idea es contraponer esa aceptación de la forma a la sumisión que implica.

“Es decir, si a mí me interesa decir una cosa y decirla de cierta manera, de pronto tengo que sacrificar la forma, que me limita; es oscilar en el fondo entre la poesía y la prosa, las dos cosas me encantan y me canta la forma en el poema y me encanta el verso libre; hay grandes poetas en verso libre. Neruda también en partes hace nunca verso totalmente libre, porque Neruda siempre canta; bueno, quizás el problema sea más entre la forma y el contenido, entre la música y el contenido; la música no siempre tiene que estar obligadamente ceñida a una forma”.

Cada tiempo o época tiene su debate en torno a cómo escribir poesía, desde la forma hasta en el contenido. ¿Cuál es el principal debate o cuestionamiento que usted hace actualmente en torno a la poesía?

“Hoy todavía hay un debate: la gente hace mucho menos poesía formal, el soneto me da la impresión de que ha pasado un poco a segundo plano, porque por otro lado parece más difícil hacer un soneto; yo creo que lo más difícil es hacer un verso libre que no sea prosa, que no pese demasiado. Lo ideal sería, como ha sido en el Siglo XVI, por ejemplo, escribir sonetos que ya dentro tienen perfectamente acomodado su contenido, que el contenido no está presionado por la forma, ni la forma disminuida por la necesidad de decir lo que queremos decir.

“Los clásicos hicieron los sonetos perfectos; por ejemplo, siempre cito el caso de Orlando Esteva, un poeta cubano que está fuera de Cuba hace mucho, que adoptó la décima, que es lo más popular de la poesía cubana y en otros lados; la décima es una expresión muy popular porque en general se canta, él hizo maravillosas décimas formales de muy buena poesía, no sólo poesía que esté dependiente de la forma y se ciñó a la décima, y lo hizo muy bien

“Es decir, la forma no pertenece a una época, no está limitada, un día se volverá al soneto, a mí de cuando en cuando me ha tentado el soneto para poemas más de oportunidad o de necesidad; entonces, no se terminará nunca la difusión de la libertad absoluta y el sometimiento de una forma; yo pongo que siempre va a primar la idea a una libertad que acomoda un poco la forma, pero no sé, cada uno lo resuelve a su manera”.

 

“LAS PALABRAS TIENEN MOMENTOS”

Antes de concluir la entrevista con ZETA, se cuestionó a la autora sobre las abundantes citas y referencias contenidas en su obra poética, antologada en “Poesía reunida” (Tusquets, 2018).

¿Por qué en gran parte de su obra abundan las referencias a otros autores? Por ejemplo, en “Sueños de la constancia” hace alusión a autores como Octavio Paz, Ramón Xirau, André Breton; o en “Procura de lo imposible”, a escritores como Oliveiro Girondo, Octavio Paz, Jaime Sabines…

“Bueno, aclaro, no es que empiecen con una cita, hay arriba una cita, que es como una manera de homenajear, recordar, o de pronto en muchos casos es que el poema salió de una lectura, de una frase a favor o en contra o lo que fuera, hay una referencia, pero en el fondo es una idea de homenaje o de agradecimiento porque me sugirieron algo; bueno, es una manera como de decir ‘éstos son mis amores’.

“Dino Campana dice en italiano (Limpido fresco ed elettrico era il lume), yo lo traduzco ‘Límpida fresca y eléctrica era la luz’, y el poema está un poco dedicado a lo que es la luz en el Uruguay, porque los cielos son muy luminosos, muy variados, bueno, fue una manera -como otras- de entrar al poema que tampoco es un elogio total a Montevideo. Son las dos cosas: la celebración del espacio físico y el enfrentamiento a la realidad humana, cómo es estar en Montevideo en un lugar tan bonito y si los humanos respondemos a esa misma belleza.

“‘De se taire, parfois, riche est l’occasion’ (se lee en ‘Jardín de Sílice), ‘La ocasión de callarse a veces derrita’, es lo que  dice Roussel, es decir, estoy partiendo de la idea de que las palabras tienen momentos, hay momentos en que lo prudente es callarse, no usar las palabras, es una metáfora en realidad: ‘y tienen las palabras su verano, / su invierno, y tiempos de entretierra / y estaciones de olvido’.

Mientras leía el poema ‘Sequía’ de “Jardín de Sílice” contenido en “Poesía reunida”, Ida Vitale sentenció:

“En realidad, en este caso la cita me sugiere un tema, cómo situar las palabras, cómo reconocer qué hay que hacer en cada momento con las palabras: callarse, a veces usarlas”

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