El Verbo de Dios

Foto: Cortesía Felipe León
 
Opinionez lunes, 24 diciembre, 2018 12:00 PM

“Vale más ignorancia piadosa que ciencia presuntuosa”.

San Agustín, Sermón CXVII.

 

Con gratitud al padre Salvador Cisneros Gudiño

 

San Agustín fue bautizado el año 387 en Milán, gracias a las oraciones y sacrificios y amor de su madre Santa Mónica y de muchos amigos que lo aconsejaron entre ellos san Ambrosio, Obispo milanés.

El Obispo de Hipona, Agustín, reflexionó y escribió sobre casi todos los temas de su tiempo. Y afortunadamente la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC) publica para la posteridad sus obras originales en latín y español. Hoy es posible interactuar con los agustinos del Escorial en España, y de otros sitios del mundo. De sus múltiples sermones en torno a la Navidad, Encarnación, del Verbo de Dios, reproducimos textualmente aquí los relativos al Sermón 107, realizado en torno al año 418-420. Es decir, hace dieciséis siglos, 1600 años atrás. Aquí la novedad del cristianismo.

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Puede ser entendido por manera inefable, o sea, que las palabras humanas son inhábiles para elevarnos a su inteligencia. Tratamos del Verbo de Dios, y decimos por qué no es posible sea entendido. No decimos esto que decimos para lograr entenderle; hablamos sólo de lo que nos impide su inteligencia. Porque el Verbo de Dios es una cierta forma; una forma no formada de donde, sin embargo, se forman todas las formas; invariable, estable, a la que nada le falta; sin tiempo ni lugar; que lo trasciende todo, que se alza por encima de todas las cosas, fundamento donde se apoyan y remate que a todas las cobijas.

De lo dicho se deduce lo incomprensible del pasaje leído, más no se ha leído para que fuese comprendido del hombre, sino para que se duela el hombre de no comprenderlo. Procure hallar el impedimento de la comprensión a fin de removerla y ardientemente codicie la inteligencia del Verbo inconmutable, inteligencia que muda, sí, de peor en mejor al hombre. El Verbo, en efecto, nada sale ganando al ser conocido; que te quedes, que te vayas y vuelvas, él permanece inalterable, nada le hacen tus mudanzas, renovador de todas las cosas es eternamente igual. Es, en consecuencia, el eterno ejemplar de todos los seres, forma infabricada, intemporal e inespacial, seguir dijimos.

Si no puedes tú concebir una cosa tal, importa poco: vale más ignorancia piadosa que ciencia presuntuosa. Hablamos de Dios, del pasaje Y el Verbo de Dios; hablamos de Dios: ¿qué maravilla no puedas comprenderle? Si le comprendes, no es Dios. Hagamos piadosa confesión de ignorancia más que temeraria confesión de ciencia. Dar en Dios un poco con la mente es ya dicha muy grande; comprenderle, abarcarle, de todo en todo imposible. Dios pertenece a la mente, es puro inteligible; el cuerpo es visible a los ojos. Y aún el cuerpo, ¿piensas tú abarcarle con el ojo? No; de ninguna manera. Mires a donde mires, nunca verás el todo. Si miras al rostro de un hombre, mientras le ves el rostro no le ves la espalda, y cuando le ves la espalda no le ves el rostro.

Dios no es más por ser conocido; el conocedor sí es más conociendo a Dios. (El Verbo de Dios, san Agustín sermón 107; año 418-420).

 

Germán Orozco Mora reside en Mexicali.

Correo: [email protected]

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