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lunes, julio 22, 2024
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“La poesía no es ficción”: Pura López Colomé

“Via Corporis” (FCE, 2016) es título del poemario de Pura López Colomé creado en colaboración con la obra pictórica sobre radiografías de Guillermo Arreola. Los autores se presentan el 10 de noviembre en el Festival de Literatura en el Norte (FELINO) que organiza el CECUT

Dos lenguajes artísticos, la poesía y la pintura, convergen en un solo libro titulado “Via Corporis” que entregan Pura López Colomé y Guillermo Arreola, a su vez editado este año por el Fondo de Cultura Económica (FCE, 2015).

De manera tal que luego de publicar “Poemas reunidos” (CONACULTA, 2013) y la traducción de la obra poética del Premio Nobel de Literatura 1995 contenida en “Seamus Heaney. Obra reunida” (CONACULTA, Trilce Ediciones, 2015), Pura López Colomé propone “Via Corporis” (FCE, 2016), cuyo poemario fue creado en colaboración con la obra pictórica sobre radiografías del artista tijuanense Guillermo Arreola.

Precisamente, ambos autores presentan “Via Corporis” el jueves 10 de noviembre en el Centro Cultural Tijuana (CECUT) durante el Festival de Literatura en el Norte (FELINO), visita a la frontera de la que Pura López Colomé refiere a ZETA:

“Para mí, Tijuana significa una permanente negativa a convencionalizarse respecto a todo lo demás del país. Es una ciudad única, con extremos que se conservan como tales. La visité por única vez hace un año precisamente en compañía de Guillermo Arreola, quien me condujo por ‘su’ Tijuana, así que es maravilloso volver ahora, en compañía de tan querido amigo y colega, a presentar nuestra tan peculiar y entrañable colaboración en este libro”.

Por supuesto, “Via Corporis” como proyecto poético y pictórico tiene su historia.

 

Todo empezó con los desechos de un hospital

XIX Telepatía crónica/ Foto: Guillermo Arreola

XIX Telepatía crónica/ Foto: Guillermo Arreola

Confiesa Guillermo Arreola a ZETA que un día encontró un bonche desechado como de 100 radiografías de algunos pacientes, material que el artista aprovechó para intervenir:

“Llegaron como destino, creo yo, como llega todo lo que nos determina. Estaban en una caja de cartón afuera de un hospital, radiografías ensobretadas y desechadas por motivos que no alcanzo a entender ni me interesó averiguar. Las recogí y me dediqué a su observación durante algún tiempo. Encontré en esas imágenes, bellas por sí mismas, una ruta a los rastros del dolor o, con toda seguridad, en algunos casos a la inminencia de la muerte. Y luego apareció la sugerencia de transformarlas. Crearles o superponerles una imagen, otra, una variación colorística y pigmentosa a esa imposición visual clínica del interior del cuerpo humano y sus significados.

pura lopez colome y guillermo arreola“Cada una de las radiografías contenía, al margen, información de a quiénes habían sido tomadas. Una de mis primeras decisiones fue cubrir esos nombres, proteger mediante el anonimato a los indicios de la ‘persona’ que pudiera haber en esas imágenes”.

Guillermo Arreola (Tijuana, 1969) advierte que algunas de las radiografías pintadas fueron exhibidas en los últimos años en diversos recintos como el Consulado de México en Los Ángeles en 2012; Casa Lamm de la Ciudad de México en 2013; en El Cubo del CECUT en 2014 e, incluso, la serie completa de 100 radiografías intervenidas se montó en el Museo de la Ciudad de México en 2015.

Del centenar de radiografías, 37 forman parte de la serie que Guillermo Arreola trabajó junto con Pura López Colomé para el título “Via Corporis”:

“Las fui pintando durante el proceso de colaboración con Pura López Colomé y abarcan varios años. Fue un proceso en paralelo, es decir trabajar en una especie de diálogo entre la poesía y la pintura. Un encuentro entre la palabra y la imagen plástica. Desde un principio estuvo claro que no se trataba de ilustrar lo uno a lo otro, sino que daríamos paso a los cruces y ecos que pudieran devenir de dos lenguajes. Se trata de un proyecto que se remonta a varios años. Surgió como eso, precisamente: una posibilidad de abordar, indagar en determinados temas, en alianza con las intuiciones de cada quien.

“Fue una experiencia equilibradamente intensa. Una experiencia de descubrimientos pictóricos, poéticos. Una corroboración de afinidades artísticas, espirituales; de intereses en común, por ejemplo, en el amor y el asombro que nos infunde el mundo animal, los perros. La palabra poética misma. La pintura misma. Ha sido un privilegio para mí colaborar con una poeta de la magnitud de Pura López Colomé. Colaborar con ella es un obsequio de camino, de la vida y del arte. Su obra ha alcanzado un punto muy alto de la poesía. Y en ‘Via Corporis’ es innegable tal hecho. Esta experiencia ha significado también una ratificación del vínculo indisoluble que existe entre la poesía y la pintura”, concluyó Arreola.

 

Entre la imagen y la palabra

Pura López Colomé (Ciudad de México, 1952) también compartió con ZETA su experiencia escritural sobre “Via Corporis”:

“La idea de este libro surgió cuando Guillermo me contó que estaba pintando sobre estas placas radiográficas. Su tema hizo un eco inmediato con lo que yo comenzaba a escribir.  Se titula ‘Via Corporis’ en una suerte de alusión a la vía de la cruz, Viacrucis, un camino doliente tanto físico como espiritual. La búsqueda de Dios, en este caso, está en el cuerpo mismo, vehículo capaz de placer y sufrimiento rumbo a la ‘otra’ vida que es ésta”.

— ¿Cómo fue el proceso de escritura de “Via Corporis”?

“Creo que nuestros procesos artísticos son semejantes, en general. Ambos somos apasionados respecto de la creación, en la que buscamos un sentido que trascienda los meros satisfactores inmediatos de la vida. Por esto, cuando Guillermo me habló del hallazgo de las radiografías y su especie de ‘intervención’ en óleo sobre ellas, contando yo ya con algunos poemas centrados en el dolor y la enfermedad, de inmediato entré en resonancia con el tema: se me ocurrió que quizás podría recuperar algo de ese camino de aflicciones –ahora oculto tras el óleo–, por medio de la palabra poética. Él comenzó entonces a mandarme poco a poco distintas placas, ante las cuales yo descubría una especie de réplica en lo que tenía en el escritorio, o bien me sentía invitada a escribir sobre el impacto que causaban en mi sensibilidad”.

¿Hubiese sido posible el poemario sin las imágenes previas de Guillermo Arreola?

“Por supuesto que ambas colecciones, la de poemas y la de imágenes pintadas, funcionan por separado. Sólo que al hallarse en contigüidad, ofrecen una lectura distinta, prestándose precisamente a la pluralidad implícita en el acto creativo”.

—A propósito de las pinturas de Guillermo Arreola y de tu poemario, ¿podrías hablarnos de la imagen y de la palabra escrita como lenguajes poéticos ancestrales? Es decir, ¿es posible la poesía solo como imagen (las imágenes de Guillermo son en sí mismas impresionantemente poéticas) o en todo caso cuál es la función de la palabra?

“Sí, de alguna manera se trata de lenguajes poéticos ancestrales y/o actuales a un mismo tiempo, porque no se atenta contra la pluralidad de significados característica de la poesía. La palabra poética indaga en el ser de una manera única, porque adquiere siempre más de un sentido. Es profética, es convocatoria, y cuando pone la atención como un alfiler sobre el cuerpo de una mariposa, no es para matar, ni para detener el movimiento, sino para hacernos conscientes de otros nacimientos, otros vínculos manifiestos en el poder de nombrar”.

—“Un poema nunca se termina, se abandona”, decía Paul Valéry. ¿Cómo sabes cuando un poema está concluido?

“Cada autor sabe cuándo un poema está terminado, porque no depende de él sino del poema mismo. En el caso concreto de ‘Via Corporis’ hay un movimiento continuo porque los poemas existen individualmente y como partes esenciales del engranaje total. El poemario propone un ‘crescendo’ que va de lo abstracto de los primeros textos a lo profundamente figurativo de los últimos. Lo mismo ocurre al interior de cada unidad en la combinación del tempo francamente lírico con el poema en prosa: la metáfora, la imagen, los juegos aliterativos, etc., habitan su propio espacio, así como el del eco de la prosa. Creo que algo similar ocurre con las imágenes de Guillermo, aunque no me toca a mí definirlo de este modo, sino a él”.

— ¿Qué sensación te queda el haber trabajado un poemario a propósito de las radiografías pintadas de enfermedades, partes o en general del cuerpo como “templo de padecimiento” (página 33) que deambula en “el famoso túnel iluminado de que hablan quienes han estado casi al borde” (página 92)?

“La experiencia fue profundamente enriquecedora artísticamente: entrar en resonancia de manera tan franca con otro creador es un privilegio, un regalo que nunca imaginé en esta vida, porque no sé trabajar en colaboración. Siento que, en este caso, se nos ofreció a los dos la barca para llegar al centro de un lago, y poder cada quien concebir sus propias orillas. Los dos hemos vivido experiencias límite, sabemos lo que es hallarse al borde, creer no llegar a trascender el dolor físico para darnos el lujo de contemplar el metafísico. Sin embargo, esta gran oportunidad de ninguna manera iba en busca de cantar victoria, sino de continuar esta vía”.

 

“Sin música no hay poesía”: López Colomé

A propósito de su visita a Tijuana, Pura López Colomé también confesó a Semanario ZETA algunos pormenores sobre su quehacer poético.

Hay que recordar que la obra de Pura López Colomé se concentra en “Poemas reunidos 1985-2012” (CONACULTA, 2013) donde comulgan sus diez poemarios “El sueño del cazador” (1985), “Un cristal en otro” (1989), “Aurora” (1994), “Intemperie” (1997), “Éter es” (1999), “Tragaluz de noche” (2003), “Santo y seña” (2007), “Reliquia” (2008), “Una y fugaz” (2010), hasta “Lieder” (2012).

—Tomando en cuenta que muchos autores continúan corrigiendo sus poemarios incluso después de editados, ¿los poemas de “Poemas reunidos 1985-2012” están publicados tal como se dieron a conocer originalmente en sus respectivos años o ediciones o hay “correcciones”?

“Por supuesto que hay correcciones, e incluso eliminaciones. No sé quién me tendría que creer para suponer que vale la pena conservar lo creado tal cual. Corregí, claro está, y creo que no lo suficiente…”.

Foto: Internet— ¿Ha cambiado tu idea de lo que es poesía al paso de los años?

“Pienso que no ha cambiado mi compromiso esencial con la palabra poética, a la que acudo como a un oráculo, e intento tratar como a algo sagrado, del que no puedo abusar, del que no soy dueña, y que si me paso de lista creyendo abordar conclusiones autocomplacientes, o intelectualmente soberbias, me lo cobrará muy caro: sobre todo, con desafinación”.

—En “Santo y seña” (2007) escribiste que “…la poesía es encantamiento / que se rompe por conjuro…”. ¿Qué es la poesía para Pura López Colomé”?

“La poesía es todo para mí. Concibo la vida a través de ella, de su pluralidad, de su encantamiento, de su verdad. Cualquier cosa me lleva a su palabra musical y polisémica. De hecho, cada vez me puedo comunicar menos con la gente en términos ‘normales’ o ‘prácticos’, porque no me entienden.  Suele confundir, en vez de esclarecer. En fin. Todo el tiempo leo y escribo, hasta cuando platico con alguien. Soy absolutamente inútil para cualquier otra tarea”.

— ¿Cómo nace un poema para Pura López Colomé? Por intuición, inspiración, tema, ritmo, música, una frase, una imagen, una idea o, ¿cuál es origen o punto de partida para la creación poética?

“Nace por todas estas cosas que mencionas. La entrecomillada ‘inspiración’ es para mí el simple detonador de una visión: un sueño, un recuerdo, una música existente o inexistente, un poema, una novela, un ensayo, una conversación, algo visto, algo vivido, un dolor, el amor, la maravilla al lado del horror”.

— ¿Cuál es la duda, certeza o debate que propones en torno a la poesía en la actualidad?

“La poesía actual reúne muchas vertientes expresivas, y toda una multiplicidad de distintas formas. Y hay poemas extraordinarios que incluyen mucho o poco, extensión o brevedad. Sin embargo, lo único que considero inamovible es la música: sin música (proyectada en ritmos convencionales o locos, en cadencias en contraste, etcétera) no hay poesía”.

—Después de “Via Corporis”, ¿qué estás escribiendo?

“Acabo de terminar un nuevo libro de ensayos en torno a la traducción poética en calidad de creación. Es la segunda parte del que publiqué hace un año bajo el título de ‘Imperfecta semejanza’ (UNAM, Difusión Cultural). Y apenas comienzo a escribir lo que supongo será mi siguiente poemario”.

—Finalmente, algo que quisieras agregar…

“La poesía no es ficción. Sigo dentro de ella para poder vivir.  Uno de los autores que más he admirado afirmaba que si algo enseña la poesía es que la verdad ‘puede’ decirse. Ésta es la mía”.

XX Silbido apenas/ Foto: Guillermo Arreola

XX Silbido apenas/ Foto: Guillermo Arreola

Autor(a)

Redacción Zeta
Redacción Zeta
Redacción de www.zetatijuana.com
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