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domingo, junio 16, 2024
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Templo cívico México. Su pasado, presente y futuro (Octava parte)

El patriotismo criollo se había manifestado -los criollos, descendientes de españoles e indios-, fueron los primeros en afirmar su identidad, basada en los orígenes más remotos de nuestra historia, su lucha y sufrimientos constantes durante más de 300 años. Gente que se identifica con la tierra que habita, que va al rescate del antiguo pasado indígena para asentar en él la legitimidad de la patria que empieza a construirse y la creación de los símbolos que encarnen los valores patrios.

El 19 se inició la lucha. Atraídos por las habilidosas proclamas y la personalidad mesiánica del cura y por su lenguaje político, dirigiéndose al pueblo, “amados conciudadanos”, ha llegado el momento de acabar con la tiranía de “los gachupines, hombres desnaturalizados que han roto los más estrechos vínculos de la sangre”. Establezcamos un congreso que se componga de representantes de las ciudades, villas y lugares de este reino; los diputados gobernarán con la dulzura de padres, desterrarán la pobreza, cuidarán de la devastación del reino y la extracción de su dinero, fomentarán las artes, se avivará la industria y la riquísima producción de nuestros feroces países. Por la tarde del mismo día unos 25,000 ya habían engrosado las filas insurgentes, aparte del apoyo de Allende, Aldama y tantos otros.


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El padre sale de la parroquia con 600 hombres, pero en pocos días reúne cerca de 25,000 entre indígenas y criollos procedentes de la minería, la agricultura y los obrajes. Aquella muchedumbre, más que ejército, parecía una manifestación armada de palos, hondas, lanzas y machetes, que habían fabricado los obreros de Hidalgo. Sin resistencia entró en San Miguel, Celaya y Salamanca. Guanajuato, la importante ciudad minera, cayó después de sangrienta lucha, en la Alhóndiga de Granaditas.

El 28 de septiembre Hidalgo estaba en las orillas de Guanajuato con 20,000 infantes mestizos, 5,000 rancheros a caballo y aproximadamente mil milicianos de tropa, la mayoría de ellos oficiales criollos que habían desertado del ejército realista.

Hidalgo creyó que Guanajuato iba a ser tomada como las ciudades anteriores, entregarse sin resistirse. Pero a las 11 de la mañana su ex amigo, ahora en el bando opuesto, el intendente Riaño, le comunicó su decisión de defender a sangre y fuego a la ciudad. Riaño se había refugiado en la Alhóndiga de Granaditas, edificio fortaleza. Concentró en el interior más de medio millar de hombres bien armados y adiestrados, la mayoría con fusiles. Todos los embates insurgentes contra la Alhóndiga resultados inútiles y las pérdidas en vida de los sublevados eran bastantes; Hidalgo y los jefes insurgentes opinaron que solo podrían tomarse la Alhóndiga si se quemaba la puerta principal, por la cual podrían pasar los asaltantes. Juan José de los Reyes Martínez, indio otomí o chichimeca, apodado “El Pípila”, le dijo a Hidalgo que él lo haría. Se cubrió la espalda con una losa y tomó un puñado de varas de ocote, se dirigió a la puerta, entre una lluvia de balas, le prendió fuego, la puerta cedió y los insurgentes entraron, y pudo ser tomada, pero la guarnición realista y los refugiados españoles en ella fueron masacrados, excepto el intendente Riaño, que había caído en el combate. Hidalgo fue criticado por la aniquilación de los soldados realistas y españoles, poco más de 300, en la toma del fuerte, pero no tomaron en cuenta los poco más de 2,000 muertos a fuego de fusil desde la azotea de la Alhóndiga que ocasionaron los realistas.


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Los criollos de la clase media andaban obsesionados por la independencia, así como también los criollos ricos, latifundistas, mineros y comerciantes, no deseaban compartir la riqueza de su patria con gente de la nación española, ni con extranjeros y el gobierno clerical. El deseo de independencia ya había prendido en el ánimo del pueblo en todas partes de la nación, según se ve en los versos que se pegaban en los muros de la capital: “Abre los ojos, mexicano y aprovecha ocasión tan oportuna. Amados compatriotas, en la mano las libertades ha dispuesto la fortuna; si ahora no sacudís el yugo hispano miserables seréis sin duda alguna”.

 

Continuará…

Guillermo Zavala Guerrero

Tijuana, B.C.

Autor(a)

Redacción Zeta
Redacción Zeta
Francisco Navarro Fausto Francisco Navarro Fausto francisco 9 francisco@zeta.com
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