Espacios de rehabilitación contaminados


 
Cartaz lunes, 1 septiembre, 2014 03:00 PM

A quien corresponda: ¿Por qué en los llamados centros de rehabilitación circulan como Carmichael por su casa, bacilos contagiosos ansiosos de mudarse a cualquier vulnerable y deteriorado pulmón u otras partes de un desnutrido cuerpo? Y, ¿por qué fluye, por consecuencia y con singular alegría, la tuberculosis en esos horripilantes sitios sin que ninguna “autoridad” se asome siquiera para ver, si por lo menos hay hojas recicladas, papel de baño rasposo o semi usado con que los internos (mitad animales en cautiverio y la otra entidad perdida entre la gitanería de sus “seres queridos” que los “ayudan” de lejos mientras disfrutan generalmente de los placeres que otrora arrebataron y que los dejan perdidos en la huida involuntaria del resto de la sociedad) puedan intentar taparse las fosas nasales o la boca al estornudar o toser, considerando aparte que “viven” en total hacinamiento y literalmente unos encima de otros. ¿Habrá acaso mucho dinero de por medio para dejar que “operen” impunemente esos infames sitios sin que nadie pueda reclamar? O son tan secretas “las casas de ayuda” para tratar como “ciudadanos” de tercera clase a los ahí cuasi presentes (porque adentro se pierde la identidad y la voluntad de existir) a punta de insultos y vejaciones  “a la sorda”. Quisiera escuchar o leer la preparada y arlequinada respuesta de algún funcionario que, aunque sea por haber ido a satisfacer sus necesidades cómodamente y de manera higiénica, haya tomado en alguno de sus rutinarios y burocratizados días, “mal parqueado” por ahí un semanario ZETA y que, en lo que buscaba las caricaturas, hallase topado con esta carta.   Atentamente, Timoteo Baritonal Díaz Tijuana, B.C.

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