Los otros deportados


 
Ezenario sábado, 14 septiembre, 2013 01:37 AM

Son medio millón de jóvenes criados en Estados Unidos, pero viviendo en México –su país de nacimiento– debido a su condición migratoria. La mayoría, bilingües y con estudios universitarios, sobrecalificados para los trabajos que desempeñan. Emigraron hacia Estados Unidos cuando niños, llevados por sus familias y sin saber que serían expulsados del país donde crecerían. Nancy Landa recuerda su primer día de escuela en Los Ángeles, “me sentía desorientada y perdida, no me podía comunicar con nadie porque no hablaba inglés”. A los nueve años y tras dejar el Estado de México, Nancy aprendió el idioma y eventualmente, se adaptó a su nuevo hogar. Sin embargo, 20 años después revivió esa sensación de exilio, “me pasó dos veces, una de niña en Estados Unidos y después en Tijuana, donde nunca había vivido y no sabía por dónde empezar”. En Estados Unidos, 2.1 millones de indocumentados llegaron siendo niños. A esta generación de migrantes se les llama dreamers, nombre derivado del “DREAM Act” (iniciativa de ley enfocada en la legalización de menores extranjeros), pero también cuya traducción del inglés es “soñadores”. De aprobarse esta iniciativa, brindaría residencia temporal –eventualmente, el permiso permanente y hasta la ciudadanía estadounidense– a los menores de 35 años que ingresaron a Estados Unidos antes de cumplir los 16 años y con un mínimo de cinco años vividos ininterrumpidamente antes de la aprobación de la ley. No obstante, hasta el momento los miles de jóvenes mexicanos han regresado a México, ya sea deportados o por elección, y padecido la falta de políticas públicas para su integración a la sociedad, la discriminación laboral y la estigmatización social. “Te sientes víctima de la situación porque como niño no tomaste la decisión de irte indocumentado a Estados Unidos, tampoco era una opción regresar a México sin tu familia”. Graduada con honores de la Universidad de California, Nancy Landa compartió su historia en el libro “Dreamers, la lucha de una generación por el suelo americano” de la periodista Eileen Truax. Luego de su presentación en El Colegio de la Frontera Norte (Colef), la dreamer radicada en Tijuana desde su deportación hace tres años, habló con ZETA de la red que ha formado con otros en su misma situación para “salir de las sombras de la deportación”. “¿Cómo voy a sobrevivir, dónde me voy a quedar?”, se preguntaba Nancy mientras viajaba en el autobús que la deportaría a México. La joven mexicoamericana de 29 años repasaba lo vivido ese día: su detención camino al trabajo, la llamada hecha a sus amigas para despedirse y la impotencia de ser expulsada del que sentía su país. Un año antes, mientras trabajaba con un permiso legal, Nancy se enteró que su proceso migratorio había sido rechazado y, por lo tanto, de una orden de deportación en su contra. Dos fueron las recomendaciones hechas por sus abogados: esperar una reforma migratoria o contraer matrimonio con un ciudadano estadounidense, ninguna ocurrió. “Doble tragedia que nos vieran como un problema”. Ya en Tijuana, Nancy recibió a sus padres y a su hermano menor tras ser deportados, comenzó a trabajar en un centro de atención telefónica –el mejor trabajo que pudo conseguir– y con eso, el proceso para rehacer su vida, con ocasionales visitas de familiares y amigos. A pesar de contar con una licenciatura en Administración de Negocios, Nancy no pudo revalidar sus estudios universitarios en México. “Tampoco hay un programa del Estado mexicano para ayudar (a los repatriados) a encontrar trabajo o para realizar cualquier trámite… al contrario, hay muchos obstáculos”. La imposibilidad de la Secretaría de Educación Pública (SEP) para revalidar estudios superiores, estanca a miles de jóvenes en un trabajo con salario mínimo. Pero ya comienzan a organizarse para exigir un cambio en estas políticas. “Tenemos que ser visibles, si no lo somos, es como si no existiéramos y así, no se va a facilitar el proceso de inserción en México”, explica Nancy, quien viajará el 20 de septiembre a Londres, Inglaterra –donde sí aceptaron sus estudios de licenciatura– para estudiar una maestría en Migración Global. Nancy busca utilizar su experiencia como dreamer deportada para trabajar con alguna organización que atienda asuntos migratorios, por ello se especializará en el tema. “Es una lucha larga, generar un cambio y tener una agenda política que ataque los problemas a los cuales nos estamos enfrentando”, continúa. La primera meta es iniciar un diálogo con la SEP y consulados mexicanos para facilitar el flujo de información para los repatriados interesados en revalidar sus estudios. “El problema es que las entidades de gobierno no vinculan a las personas con la información de lo que necesitarán para la reinserción, sería una doble tragedia que nos vieran como un problema”, insiste. Pero más allá de las instancias gubernamentales, los dreamers son discriminados por sus connacionales. “Nos culpan por habernos ido de ilegales y por americanos, está ese estigma de que no pertenecemos aquí”. Los rastros del inglés son casi imperceptibles cuando Nancy habla en español, “pero no era así cuando llegué”, confiesa entre risas. La idea de esta dreamer es demostrar “que no somos criminales y que podemos hacer mucho para contribuir en el desarrollo de México”. Nancy no se lamenta por el castigo de diez años interpuesto por el gobierno norteamericano que le impide tramitar una visa de turista. “Si se aprobara una reforma migratoria mañana y me piden dejar todo aquí, no lo hago”, responde decidida. “Veo la necesidad de quedarme en México y cambiar las condiciones que fuerzan a la gente a irse y ayudar a quienes regresamos a tener verdaderas oportunidades en el país”. Nancy ha logrado formar una red virtual con alrededor de 15 dreamers en México, enfocados en crear estas redes de apoyo.

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