“México está librando una batalla entre civilidad y barbarie”: Luis de Tavira

Fotos: Enrique Mendoza Hernández
 
Cultura Lunes, 14 Mayo, 2018 12:10 PM

“Yo creo que nunca como en este momento histórico el teatro es indispensable, es más necesario que nunca ante esta crisis, justamente porque es el inventor de lo humano, justamente porque es el propositor del concepto de persona”, expresó a ZETA el dramaturgo

Uno de los dramaturgos y directores de escena más importantes de México es el legendario Luis de Tavira, quien en 2018 celebra 70 años de vida y cinco décadas dedicadas a la dirección teatral y dramaturgia que le han valido ser la institución del teatro mexicano actual.

Autor de libros de teoría teatral fundamentales en el mundo del teatro como “El espectáculo invisible” (1999), “Teatro es tono” (2000) y “Hacer teatro hoy” (2006), Luis de Tavira celebra con “Teatro escogido” (Fondo de Cultura Económica, 2017) donde comulgan siete obras, entre ellas “La pasión de Pentesilea”, “La conspiración de la Cucaña”, “La séptima morada”, “Ventajas de la epiqueya”, “Otra Dama Boba”, “El director de teatro” y “Citerea”.

“Son obras todas ellas estrenadas, exitosas en sus temporadas, pero que han arrojado un fruto que con mucho rebasa aquella experiencia efímera de su montaje porque ha sido posible que queden articulados en estas estructuras dramáticas que son estructuras fincadas, que retan un desciframiento; es como meter el mapa de un tesoro y lanzarlo al mar, alguien lo encontrará y tal vez pueda descifrar el mapa del tesoro, porque ese libro es el mapa de un tesoro”, expresó De Tavira a ZETA durante su presentación en la reciente Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY) 2018, momento en que el intelectual también confesó sus orígenes en el teatro, el papel y desafíos del arte escénico en México.

 

JUGAR AL TEATRO

Hijo del exiliado abogado español Antonio Francisco de Tavira y de la mexicana Martha Noriega, Luis Fernando de Tavira Noriega nació en Ciudad de México, el 1 de septiembre de 1948, tuvo ocho hermanos; de hecho  en entrevista con este Semanario, recordó que el juego con sus hermanos fue su primer acercamiento a lo que después descubriría:

“Yo nací en una familia muy numerosa, fuimos nueve hermanos, de manera que ya juntos formábamos una comunidad, aprender a jugar juntos de alguna manera muy particular, porque aprender a hacer equipos es algo que luego me iba yo a encontrar en el teatro, porque el teatro es un arte colectivo, es un arte comunitario, nadie hace teatro solo, y aprender a jugar en grupo creo que fue una importante iniciación a lo que vendría ser después mi vida”.

¿Desde dónde viene su interés por el teatro?

“Nosotros decíamos que jugábamos a hacer películas y en realidad lo que hacíamos era teatro, pero no sabíamos que era teatro; entre las ideas de mi padre estaba el no permitir que la televisión entrara en la casa, ya desde entonces él veía que eso no iba a ser bueno, entonces prohibió que la televisión entrara a la casa, lo cual pues a nosotros nos hacía estar fuera de la jugada de los demás compañeros, que todos estaban conectados a la televisión; claro, nosotros protestamos enormemente porque no permitía la entrada de la televisión.

“Lo que sí estaba él de acuerdo era en que fuéramos al cine, en el colegio donde estudiábamos había cine los sábados y domingos, pasaban tres películas el sábado y tres películas el domingo, íbamos y veíamos una enorme cantidad de películas. Cuando regresábamos del cine a la casa decidíamos qué película nos había interesado más y decidíamos reproducirla, jugábamos a que haríamos la película, nos repartíamos los papeles e íbamos reconstruyéndola, incluso cuando no estábamos de acuerdo con determinada cosa, cambiábamos la anécdota y hacíamos otra cosa a partir de estar jugando a aquella película que nos había gustado más.

“Eran películas de piratas, había toda una saga de ‘Tarzán’, nos gustaban las películas del mar, los navegantes, algunas películas eran muy buenas: ‘Lawrence de Arabia’, ‘Motín a bordo’; veníamos del cine y la reconstrucción de la película nos hacía jugar al teatro, pero no sabíamos que estábamos haciendo teatro”.

 

“LO QUE ME DESLUMBRÓ FUE EL MUNDO DE SÓFOCLES”

Un día en el colegio de jesuitas donde estudiaba la educación secundaria, Luis de Tavira incursionó en la actuación por consejo de su maestro Mauricio Brehm, quien dirigía el teatro escolar.

“Recuerdo bien a mi maestro jesuita, el extraordinario director y poeta Mauricio Brehm, se me acercó y me dijo: ‘tú tienes que entrar’; había una cola muy larga de gente que hacía audiciones para ser integrado en algún reparto, y yo no me atrevía a hacer esa fila, pero entonces fue el director conmigo y me dijo: ‘tú vas a estar en la obra, tú no vas a audicionar’; no sé qué vio, sin duda vio que me haría bien, de pronto aparezco yo en el escenario, en una comedia muy bien hecha, y descubro el mundo de la actuación.

“La obra que nos había puesto era una comedia de Pedro Muñoz Seca que se llama ‘El verdugo de Sevilla’ y a mí me tocaba hacer el papel del abogado de la causa imposible de un juicio injusto que había inculpado a un inocente; esto era en la secundaria, debió haber sucedido en 1961, 1962”.

Pero no fue sino en la Compañía de Jesús donde Luis de Tavira descubrió a Sófocles de manera irreversible:

“La actuación de la secundaria fue una experiencia intensa e importante, todo un descubrimiento, además encontré la relación que había entre esa experiencia ya formal de teatro y el juego al que jugábamos en la familia, pero yo nunca pensé dedicarme al teatro, yo quería ser jesuita, entonces lo que yo hice al terminar la preparatoria fue ingresar a la Compañía de Jesús para ser jesuita.

“Y resulta que en la Compañía de Jesús tienen un período de estudios que en realidad es una licenciatura en Letras Clásicas, donde se aprende griego y latín, la cultura griega, latina, la cultura clásica. Me tocó en suerte un maestro excepcional de griego que nos enseñaba griego con Sófocles y ahí sí fue donde yo enganché con el teatro de una manera muy poderosa y muy definitiva. Más allá del griego clásico, lo que me deslumbró fue el mundo de Sófocles, la invención de lo humano que supone la tragedia de Sófocles”, compartió De Tavira.

 

“EL TEATRO TE PONE EN TU LUGAR”

El dramaturgo también reveló a ZETA que fue en la propia Compañía de Jesús donde sus mentores le recomendaron que mejor estudiara teatro, así fue como en 1968 se matriculó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), aunque por el movimiento estudiantil no ingresó sino hasta 1969. Por supuesto, durante sus estudios de teatro era requisito fundamental dirigir una obra.

¿Podría hablarnos de la figura del director de escena cuando empezaba a dirigir en la Facultad de Filosofía y Letras?

“Estaba surgiendo justamente en ese momento. Mi maestro Héctor Mendoza preconizaba esa vanguardia. Yo digo que Héctor Mendoza fue el primer director moderno de México. Sus primeros alumnos, los primeros autores de puesta en escena como Julio Castillo o Abraham Oceransky, fueron los primeros jóvenes que empezaron a ejercitar este nuevo concepto de teatro como puesta en escena.

“Mi primer estreno es de 1970, es decir, unos cuantos años después de haber ingresado en la Facultad. Fue un texto de Michel de Gheldrode sobre Cristóbal Colón, ese fue el primer montaje que hice, que era un poco como el examen de dirección; a partir de ese momento ya no me quedó duda de que mi lugar en el teatro era la dirección escénica, era un requisito, yo nunca pretendí ser director, yo intenté decirle a Mendoza: ‘yo no voy a ser director, ¿por qué no mejor cubro esos créditos haciendo la adaptación o las versiones que de hecho estaba haciendo de otros compañeros que sí querían ser directores?’.

“Y Mendoza me dijo: ‘el curso es de dirección, yo no soy barco, si quieres pasar la materia tienes que dirigir, entonces tuve que dirigir; al terminar el examen llega Mendoza al camerino y me dice: ‘lo que tú eres en el teatro es director de escena’, y a partir de ese momento no he dejado de dirigir ni lo he dudado un segundo. Y bueno, digo que uno no elige el teatro; el teatro lo elige a uno.

“Yo nunca quise dedicarme al teatro y sin embargo me topé con el teatro, y una vez que me topé con el teatro, el teatro me llamó; y lo que a mí me tocó fue ser obediente al llamado; el teatro puede ser muchas cosas, el teatro es un arte multidisciplinario, se pueden hacer muchas cosas en el teatro: desde ser actor, ser escritor, ser productor, ser escenógrafo, ser diseñador de vestuario, ser teatrólogo, ser profesor; el teatro te pone en tu lugar”.

 

LOS DESAFÍOS EN LOS 70

Luis de Tavira llega al teatro en un momento decisivo en la década de los 70, con la masificación de la televisión. Se le pregunta cuál era la principal discusión en términos de creación cuando montó su primera obra:

“Para no desaparecer, el teatro tenía que cambiar. El proceso industrial de producción televisiva lo que súper produce fundamentalmente es basura, y el ser humano se convierte en el consumidor de toda esa basura. Esto atenta contra la esencia original del teatro, el teatro es el arte por excelencia personificador; persona es una persona de teatro, gracias al teatro los seres humanos nos concebimos personas, la relación de la reunión viva del teatro con los artistas que lo hacen es una relación personal; el hecho teatral interpela al sujeto, al espectador, en tanto persona”.

¿Cuál fue el principal desafío del teatro en la década de los 60 y 70?

“El de recuperar la autonomía del teatro como antes. Durante el Siglo XIX y la primera parte del Siglo XX se confunde al teatro con un género literario, de hecho, se enseñaba así la literatura: ‘La literatura tiene tres géneros: lírico, épico y el dramático’, entonces el teatro queda reducido a un género literario y por lo tanto lo importante del teatro es el texto que permanence. La función del teatro se desvanece pero queda el texto; el teatro como tal, como celebración viva y efímera, se consume mientras sucede y terminada la función ya no queda nada, para que haya otra función hay que volverla a crear; el acto creador sucede en el momento, en su realización.

“En el predominio de una conciencia de historia del arte como historiografía, el teatro no tiene historia, porque no es posible consignar, no sabemos cómo fue la función de anoche; esto crea en un momento dado la idea de que lo que importa en el teatro es el texto, y si lo que importa en el teatro es el texto, entonces el actor debe ser un buen declamador del texto, y el director debe ser un buen ilustrador del texto

“Todo esto encadenó a la teatralidad a una condición ancilar con relación a la literatura, el escenario es un servidor deleznable de la belleza del texto, pero la actualidad demuestra que no es así, que la vigencia está en el aquí y ahora del escenario, y no en los libros; que eso es lo que nunca podrá hacer el cine, ni la televisión ni el radio, ni nada más; pero además así fue en el origen.

“El arte del teatro es un arte antediluviano, está en el origen de lo humano, mucho antes que otros lenguajes o disciplinas artísticas, está en el momento en que los seres humanos son capaces de reunirse alrededor del fuego y ahí empezar a cantar, narrar y a bailar; en la conciencia de lo que somos, de lo que hemos sido capaces de hacer. Entonces, ante esa tremenda transformación el reto del teatro era volver a ser ‘el teatro’”.

 

“EN ESTE MOMENTO HISTÓRICO EL TEATRO ES INDISPENSABLE”

Tras casi cinco décadas de trayectoria en el teatro, 14 obras creadas (siete de las cuales se encuentran en “Teatro escogido”), más de 100 obras dirigidas en México y más de una docena en el extranjero, Luis de Tavira  advierte sobre el papel del teatro en el momento histórico actual de México:

“Paradójicamente, creo que nunca como en este momento histórico el teatro es indispensable, más necesario que nunca ante esta crisis, justamente porque es el inventor de lo humano, justamente porque es el propositor del concepto de persona, justamente porque en él se conserva la posibilidad de acceder al espejo que nos muestra muestro propio acontecer, y por lo tanto es el arte por excelencia constructor de la conciencia.

“México vive en un momento donde de modo decisivo se está librando una batalla entre civilidad y barbarie; la barbarie proviene de la pérdida absoluta de los valores y de las dimensiones de la vida, todo por centrarse en la obtención violenta del dinero fácil que no respeta la vida, que no respeta al otro, que no ama al mundo, que no ama a la comunidad, que destroza las familias, es la irrupción de la barbarie

“El teatro ha sido la escuela de la civilidad; yo diría: nunca como hoy un país como México necesita teatro, pero la gente no sabe que necesita el teatro. El teatro no es un derecho de los artistas, el teatro es un derecho de la sociedad, pero la sociedad no reclama su derecho al teatro porque no lo conoce y nadie puede reclamar lo que no conoce; México es un país donde el 90 por ciento de los mexicanos nunca ha ido al teatro”.

 

“TESTIMONIAR LA ESPERANZA”

Una de las máximas que Luis de Tavira ha defendido tal como lo hizo en la FILEY de Mérida en marzo de 2018, ha sido que “yo veo al teatro pleno de vida”.

 A diferencia de hace 50 años, ¿cuál es el gran desafío del teatro en pleno Siglo XXI?

“Es otro desafío muy distinto. El teatro no solamente no murió, sino creció, lleno de vida y posibilidades. La condición del arte como espejo del acontecimiento, como celebración viva, está más vigente que nunca en el teatro y el teatro más en ese sentido que nunca; pero no es un género masivo, porque para subsistir tiene que excluirse de lo masivo, porque la masa es la antítesis de la persona; y el teatro es el arte personificador; el gran dramaturgo es el creador de personajes, cuando admiras a Shakespeare o a Molière, o a Lope, los admiras por los personajes que crean.

“Los artistas del teatro son personificadores, el espectador hace su catarsis personal con el personaje, no con la situación o el ámbito; la experiencia intensa del teatro siempre es una experiencia personal; cuando vas al teatro y el teatro es verdaderamente teatro como espectador tienes la sensación de que algo te saben, ¡cómo supieron que a mí me pasa eso!, se trata de ti, el teatro se trata de la persona.

“Ante la voracidad de un sistema capitalista devastador que se está acabando el mundo, ante ese fracaso, el reto del teatro es decisivo: le toca salvaguardar la condición humana de la persona, la experiencia intensa de la vida y de la dignidad, la construcción de la conciencia. ¿Cuál sería el reto hoy del teatro? Yo digo: testimoniar la esperanza.

“Yo creo que nuestro teatro es eficaz en la constante denuncia de los problemas humanos, pero que el reto está en que además de denunciar los problemas humanos, fuera capaz de formular y fundamentar las razones de la esperanza”.

 

“ES UN MOMENTO DECISIVO, PERO NO SOY OPTIMISTA”

Crítico como la propia naturaleza del teatro, para finalizar, Luis de Tavira compartió con ZETA su reflexión sobre el proceso electoral del 1 de julio de 2018, donde se renovará la Presidencia de la República, aunque previamente valoró:

“La única explicación de lo que pasa en México es que es un país donde se ejerce el latrocinio impunemente. Es una crisis brutal. Lo decisivo está en que vamos ¿a dónde? ¿A la aspiración de un proyecto nacional de un país grande como el que podemos ser? ¿O directamente nos vamos a hundir en la barbarie hasta aniquilarnos?”.

¿Tiene alguna expectativa en la elección presidencial del 1 de julio de 2018?

“No veo conciencia de esto que estamos hablando en ninguna de las ofertas de los candidatos, porque lo que también está en juego aquí es la democracia que se ha convertido en un negocio de los partidos; la prueba es lo que sucede con la propuesta de la comunidad indígena con ‘Marichuy’ que ni siquiera pudo reunir las firmas porque el Instituto Nacional Electoral pone tales condiciones que cancela toda posibilidad de participación de las voces de las comunidades más marginadas, imponiéndoles unas condiciones que tienen que ver con estos aparatos que no están en las manos de las comunidades indígenas del país. Yo veo que es un momento decisivo, pero no soy optimista”.

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