“Esta colección es la historia del arte en México”: Rogelio Cuéllar

Fotos: Ramón T. Blanco Villalón
 
Cultura Lunes, 16 Abril, 2018 12:10 PM

El fotógrafo expone “Hacer el cuerpo. Colección Rogelio Cuéllar” en la Sala 1 de El Cubo en el CECUT, que incluye 130 obras de 84 autores, e igual número de retratos de los artistas. “Esta colección es única en México”, refirió a ZETA el artista

Solo Rogelio Cuéllar cuenta con una colección de obra de casi cien artistas nacidos o nacionalizados mexicanos que, a través del tema del cuerpo, narra la historia del arte en el país de la segunda mitad del Siglo XX.

Se está ante la exhibición “Hacer el cuerpo. Colección Rogelio Cuéllar” que se inauguró el viernes 6 de abril en la Sala 1 de El Cubo, con la participación de María Cristina García Cepeda, titular de la Secretaría de Cultura, y Pedro Ochoa Palacio, director del Centro Cultural Tijuana (CECUT).

La muestra congrega 130 obras de 84 artistas, y por supuesto, los más de 80 retratos que el reconocido fotógrafo les tomó durante las últimas cuatro décadas.

De manera tal que por las anchurosas paredes de la Sala 1 de El Cubo pueden apreciarse en orden cronológico, pinturas, dibujos, grabados y esculturas de célebres autores nacidos o nacionalizados mexicanos, empezando con obra de Balmori Santos (1899) y Rufino Tamayo (1899).

El excelso viaje por la plástica en México en el Siglo XX inicia con obra de Alice Rahon (1904), Raúl Anguiano (1915), Leonora Carrington (1917), Luis Nishizawa (1918) y Juan Soriano (1920), pasando por Manuel Felguérez (1928), José Luis Cuevas (1934), Arturo Rivera (1937), Francisco Toledo (1940) y Sebastián (1947); hasta llegar a artistas más jóvenes como Sergio Hernández (1957) o Demián Flores (1971). Obviamente, la exclusiva colección tiene su historia.

 

CUÉLLAR CONTINÚA LA TRADICIÓN

Todo inició cuando un día, Rogelio Cuéllar (Ciudad de México, 1950) se encontró con el célebre libro “Nueve pintores mexicanos”; de Juan García Ponce, con retratos de Héctor García y diseño de Vicente Rojo; editado en 1968 por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y DGE-Equilibrista (Pértiga), que incluía también los retratos de Fernando García Ponce, Lilia Carrillo, Alberto Gironella, Gabriel Ramírez, Vicente Rojo, Manuel Felguérez, Francisco Corzas, Arnaldo Coen y Roger Von Gunten;  entonces decidió que lo que quería hacer, es fotografiar a artistas plásticos.

“Esta exposición es un recorrido sobre todo amoroso del trabajo que ha llevado a cabo Rogelio Cuéllar desde sus inicios como fotógrafo, que decidió que lo que él quería hacer era fotografiar a los creadores de este país, no a políticos, sino a gente que le moviera el corazón”, expresó María Luisa Passarge, curadora de la exposición.

La muestra “forma parte del marco de mis 50 años como fotógrafo que cumplo el próximo año; 40 años ya con la conciencia que estoy haciendo retrato de los creadores, es muy clara la conciencia y tomar en cuenta lo que han hecho otros fotógrafos, no es que yo invente el hilo negro”, expresó a ZETA Rogelio Cuéllar.

En todo caso, continúa una exclusiva tradición reservada solo para algunos autores que logran establecer un diálogo y comunicación con los artistas.

“En los años 20, 30, llegan los extranjeros Edward Weston, Tina Modotti, María Yampolsky, y comienzan a retratar a sus contemporáneos en fotografía, independiente de lo que hagan, si es antropológico; los mejores retratos de los creadores los hizo Weston, Tina Modotti y don Manuel Álvarez Bravo, entonces, yo retomo esa tradición de fotografiar a los contemporáneos, y sí me planteo comenzar con los más importantes, porque se van a morir y porque admiro su obra.

“Me hubiera encantado conocer a Frida Kahlo, Diego Rivera, a Siqueiros lo vi una sola vez, a los 17 años ni tenía idea que iba a ser fotógrafo, pero ya era mi admiración; entonces, sí hay una conciencia profesionalmente de hacer un retrato fotográfico de los grandes creadores en México de la literatura y las artes plásticas”, complementó Cuéllar.

 

“POR LAS DIFERENTES CORRIENTES DE LA PINTURA EN MÉXICO”

Un día de 2016, Rogelio Cuéllar y María Luisa Passarge estaban planeando una exposición, considerando el exclusivo acervo del fotógrafo y artista, misma que desembocó en “Hacer el cuerpo” que se exhibió en el Museo José Luis Cuevas en 2017.

“En realidad sí fue una especie de avance la exposición en el Museo José Luis Cuevas en 2017, porque en este proyecto estábamos trabajando desde 2016. Yo le propuse a Rogelio que hiciéramos una exposición de su colección e invitamos a Jaime Moreno Villarreal a ser parte del proyecto junto con la hija de Rogelio, Isadora Cuéllar, que es también artista, ceramista; entonces empezamos a hacer una primera selección para esa exposición que iba a ser una parte de la colección de obra que tiene Rogelio de diferentes artistas”, expresó a ZETA María Luisa Passarge.

Luego explicó cómo se pulió la selección y cómo surgió el título de la muestra: “Cuando empezamos a seleccionar las piezas, de repente de las que íbamos seleccionando veíamos que muchas de las que estábamos seleccionando tenían que ver con el cuerpo, ahí fue cuando platicando y viendo, dijimos ‘¿por qué no enfocamos la selección a obras que tengan que ver con el cuerpo?’, así es como salió.

“El título de la exposición sale de un primer ejercicio que hace Jaime Moreno Villarreal como escritor, cuando empieza a sacar algunos bocetos literarios acerca de la exposición y él se comienza a preguntar: ¿Cómo hace un artista un cuerpo, cómo lo plasma en un lienzo o escultura?; y por parte de Rogelio, ¿cómo hace para captar en una fotografía el cuerpo, la esencia de un artista al que él está retratando?”, agregó Passarge.

“Esta colección es la historia del arte en México: desde la escuela mexicana de pintura de los pintores que estuvieron en las escuelas de aire libre en la época de los 40, hasta los principios de arte con tendencia social, Alfredo Zalce, todos ellos que fundaron el taller de la gráfica popular; después Tamayo, que representa la ruptura del muralismo, él hace murales pero no de contenido social, como Diego Rivera Orozco o Siqueiros, sino el muralismo con un sentido del color y la visión poética”, manifestó a ZETA Rogelio Cuéllar.

Y complementó:

“Luego está la Generación de la Ruptura, que rompe con la generación de muralistas: Vicente Rojo, Alberto Gironella, Arnaldo Coen, Francisco Corzas; luego la otra generación que le sigue, que es como los independientes; luego la nueva presencia, hasta generaciones que nacieron en los 50, como Gabriel Macotela, Alberto Castro Leñero. O sea, esta exposición es un recorrido por las diferentes corrientes de la pintura en México”.

 

INTERCAMBIO ENTRE ARTISTAS

Ante semejante acervo que nadie más puede presumir salvo Rogelio Cuéllar, surge la pregunta sobre cómo logró reunir envidiable colección.

“La importancia de esta colección es que es única en México, es decir, a diferencia de otros coleccionistas que van a los talleres, a las subastas; en este caso no, es el intercambio directamente, o sea, se ha hecho por intercambio: yo les doy fotos mías y ellos me dicen ‘¿qué quieres de intercambio?’. Los que tienen dinero les cobro dinero y obra; los que no tienen mucho dinero les cobro poquito dinero y obra; y los que no tienen su primer catálogo, su primera exposición, no les cobro nada de dinero, o sea, unos me financian otros, finalmente”.

Por supuesto, en el intercambio entre Cuéllar y los artistas finalmente ha sido el fotógrafo, quien ha elegido la obra para su valiosa colección durante cuatro décadas:

“Otra característica de esta colección es que todas las obras las he seleccionado yo. El caso de Carlos Gutiérrez Angulo, la primera vez que fui a su estudio estuve todo un día y le hice como dos mil fotografías, porque el universo de su espacio, de su trabajo, es muy rico; y ya con los años me decía, ‘ya tienes que ir al estudio a recoger una obra’ y le digo ‘ésta’; dice ‘no, tengo otras más grandes, de tres, cuatro metros’; dice ‘es que ese cuadro está muy chiquito’; le contesto ‘es que este cuadro me gusta’. Entonces, no es la dimensión ni qué grande; es el cuadro”.

Cuéllar confesó a este Semanario una anécdota más sobre cómo negociaba con los artistas hasta obtener la obra de su predilección:

“Con Rufino Tamayo llegaba con doña Olga con mi cajita de fotos y decía yo ‘aquí está esto’; preguntaba ‘¿cuánto es?’, le contestaba yo, ‘diez mil pesos’; decía, ‘qué caro eres, hijo’; le contestaba, ‘pero aparte quiero una obra’; entonces me decía, ‘a ver, escoge’. Luego yo me ponía a ver, tres, cuatro, ¡quiero no sé cuál de las cuatro! Me decía ‘¡llévate las cuatro, ya no des lata, ya vete!’. Entonces era esta cuestión de seleccionar la obra por su valor estético, por su importancia que me significa algo”.

 

EL ARTE DEL RETRATO

Obviamente, no todos los fotógrafos tienen acceso a los estudios o talleres de los artistas, mucho menos logran conocer y retratar a las grandes figuras. Entonces, para concluir la entrevista surgen las tres últimas preguntas fundamentales sobre el arte del retrato:

¿Cómo surge la complicidad entre fotógrafo y un artista plástico?

“La complicidad nace. Por ejemplo, a Juan Rulfo una sola vez le hice retrato posando para mí, a diferencia de un Carlos Fuentes o un Octavio Paz. Entonces, el universo de los artistas plásticos es más amplio y más cotidiano porque llego con ellos y les digo: ‘quiero hacerte fotos trabajando’, luego comienzo haciendo el espacio y está la ‘tele’ en blanco, entonces hay una cotidianidad, o un mismo día que comienza el papel en blanco y hace un dibujo; es muy frecuente mis visitas a los talleres con los artistas”.

¿Cómo es el proceso para hacer un retrato?

“Es una actitud personal, que establezco, que busco con el retratado, me manejo como pies de gato: sin mover nada, sin luces artificiales, sin nada; hay una seducción intelectual, de silencios, son muchos elementos, es la personalidad de cómo me acerco con ellos.

“Primero que nada, no quiero repetirme en lo que estoy buscando. Un retrato se va construyendo con la disciplina, el trabajo y también eso me ha permitido construir amistades, grandes hermandades; muchos de ellos ya son mis hermanos: Gustavo Monroy, Arturo Buitrón, Gabriel Macotela. Son mi familia”.

Finalmente ¿qué busca lograr al hacer un retrato?

“Lo que me interesa mucho es la mirada, porque la mirada es donde encuentro el contacto visual y la expresión. Pueden estar trabajando, haciendo cosas, escribiendo, de repente les digo: ‘mírame a los ojos’, en ese instante hay un intercambio de energía, se siente; cuando tú miras a alguien a los ojos, se abren los vasos comunicantes.

“Entonces, me interesa como fotógrafo captar la mirada para que el lector de una fotografía vea la foto y se conecte con el personaje, es la esencia, es lo que dicen los indígenas en Chiapas: ‘buscando el ch’ulel, el alma’; que no se dejan tomar fotos porque les roba uno el alma, el ch’ulel. La mirada para mí es muy importante, eso está en la historia de la pintura, cuando ves un cuadro la mirada te va siguiendo, siempre se ha buscado eso. Entonces, un retrato es una imagen que se acerque mucho a la personalidad, que me muestra algo del espíritu, la esencia del retratado, procuro no hacer fotos posadas”, puntualizó Rogelio Cuéllar.

La exposición está documentada en el catálogo de colección, bajo el título homónimo de la muestra, “Hacer el cuerpo. Colección Rogelio Cuéllar”, producido por la Secretaría de Cultura a través del CECUT y editado por La Cabra Ediciones que dirige María Luisa Passarge, mismo que estará disponible en breve en Librería Educal y la librería del Centro Cultural Tijuana.

“Hacer el cuerpo. Colección Rogelio Cuéllar” puede visitarse en la Sala 1 de El Cubo del CECUT durante abril, mayo y junio, en horario de 10:00 am a 7:00 pm de martes a domingo, con diversos costos de entrada; los domingos el acceso a El Cubo es libre.

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