Vox Populi, Vox Dei.- El mito de Cárdenas. Los Braceros. La maquila


 
Cartaz Lunes, 26 Marzo, 2018 12:00 PM

Continuando esta ocasión con otros detalles. Dado que, por lo general, los mexicanos no somos allegados a historia, recordemos que ya serán 80 años de la tan propagandísticamente manoseada y hoy revertida Expropiación Petrolera.

La sorprendente realidad histórica (investígala y descúbrela lector) es que Lázaro Cárdenas solo se envalentonó a llevar a cabo la expropiación porque fue bajo la sombra del presidente de E.U.A., Franklin Roosevelt, y el imperio petrolero de Standard Oil de los Rockefeller. La historia inició en, o antes de 1905, cuando el presidente Porfirio Díaz, ante los escasos recursos financieros y técnicos de México en ese entonces, concesionó derechos para buscar petróleo, pero le dio la mayoría (65%) a empresas europeas, la Royal Dutch Shell del señor Detterding de Holanda y a la British Petroleum de Lord Cowdray inglés. En cambio, solo el 35% fue para E. U. A., o la Standard Oil/Texaco.

Una generación después, para 1938, Inglaterra y Francia ya estaban en tirantez con Adolf Hitler, lo que llevó a la crisis de Múnich y entonces fue cuando el astuto Roosevelt (sabiendo que los europeos no podrían con los alemanes y los EE.UU., apuñalándolos por la espalda) empujó a Cárdenas a expropiar las empresas petroleras.

Ese es el trasfondo verdadero y sencillo. Razón por la cual, ni europeos, ni norteamericanos, boicotearon o atacaron a México. Los primeros (los europeos realmente perjudicados) porque tenían las manos amarradas, y los E.U. A., porque al cabo que ganaron haciéndonos quedar más dependientes de ellos, ya que al crear Pemex, Cárdenas, para pagar por compras de equipos, refacciones, regalías de fórmulas de refinación a costos elevado, etc., le dio la mayor tajada de contratos (mediante empresas intermediarias prestanombres) a la Standard de Rockefeller. Además formó el sindicato esquirol de la CTM, perteneciente al PRI, el cual, en breve se atascó de corrupción y aviadores.

Los libros oficiales mentirosamente dicen que para pagar el endeudamiento por la expropiación petrolera, la gente donaba gustosa, la realidad es que en las escuelas de gobierno, nuestros bisabuelos, como alumnos, estaban amenazados al tener que entregar una cuota o reprobarían. Esta es la realidad. Investígala paciente lector. No adulemos a nadie.

Cárdenas así endeudó masivamente al país desde ese mismo 1938 e inició una serie de devaluaciones que duraron casi 20 años. Por eso, en repudio a Cárdenas y su candidato oficial, el General Manuel Ávila Camacho, en la elección de sucesión presidencial de 1940; el General Juan Andrew Almazán fue quien ganó en las ciudades, pero hubo fraude electoral y los ejidos (cuando todavía casi la mitad del país era rural) y los sindicatos controlados, fueron forzados a votar por el General Ávila. Ya una vez de presidente, el señor Ávila se comportó cauto y moderado.

Tristemente, el año antes, 1939, había estallado la Segunda Guerra Mundial y contra todos los pronósticos, la inaudita coordinación metodológica-tecnológica militar alemana (tildada como “blitzkrieg”) ocupó Polonia en solo seis semanas. Para 1940, con dos mil 400 tanques (o panzers) derrotó a cuatro mil tanques de las fuerzas combinadas de Francia e Inglaterra en solo dos meses. Roosevelt, que creía, sería larga la guerra y desgastaría a los europeos, quedó atónito. Sin declarar guerra franca a Alemania, envió (a espaldas) armamentos a Churchill y requirió más petróleo a Cárdenas para E.U.A. Tras Pearl Harbor, en 1941, inició la guerra abierta. El presidente Ávila siguió enviándole más (de hecho un suministro de guerra) y los alemanes hundieron dos buques-cisterna. Roosevelt y Churchill apremiaron a Ávila que declarara la guerra a Hitler y así reclutar carne de cañón mexicana, pero (aparte de emigrados o militares activos) no fuimos a lo tonto. Roosevelt, que no tenía suficiente mano de obra, le endulzó la oferta a Ávila mediante condiciones más leves para pagar la deuda externa, culpa de Cárdenas, y además ofreció permitirle una cuota de jornaleros para cosechas, y, abracadabra, así nació el programa de trabajadores temporales o braceros.

El Congreso estadounidense acabaría ese programa al 31 de diciembre de 1963. Por lo cual, se les ocurrió maquilar a emprendedores fronterizos, entre ellos, en Tijuana, a Enrique Mier y Terán (otra historia). Amablemente. Continuará.

 

José Luis Haupt Gómez

Tijuana, B.C.

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