Templo cívico. México: su pasado, presente y futuro (Trigésima séptima parte)


 
Cartaz Martes, 6 Marzo, 2018 12:00 PM

Álvaro Obregón se convirtió en presidente constitucional de México, el 1 de diciembre de 1920. Durante su mandato intentó continuar el proceso de pacificación nacional que inició Adolfo de la Huerta, de manera que comenzó la verdadera reconstrucción nacional. La reforma agraria se ponía en marcha. El latifundio, ahora proscrito, iría cediendo ante la pequeña propiedad, pues según el criterio oficial del momento, esa era la forma óptima de explotación de la tierra. Junto a ella, pero como solución secundaria, la restitución y la dotación ejidal. Así, a pesar de las deficiencias, la redistribución de la tierra se constituyó una base fundamental de una economía más compleja y productiva; ésta era la única garantía real para emprender, con posibilidades de éxito, el proceso de industrialización nacional.

Álvaro Obregón, en educación, nombró como titular a José Vasconcelos, un intelectual que fue Ministro de Instrucción Pública, creada en 1921. Desde esta secretaría, Vasconcelos efectuó su plan de fundación de escuelas rurales, formación de nuevos maestros e iniciación de una educación de clásicos de la literatura, como la Divina Comedia y otras obras de autores como Platón, Aristóteles, entre otros. Además, Vasconcelos impulsó las escuelas de artes y oficios donde se enseñaban estas disciplinas a los jóvenes y también adultos. Promocionó a los artistas plásticos, como Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros.

Obregón, en política interna, siguió manteniendo el control de las fuerzas políticas en el país, principalmente del Ejército. Por ello concedió la amnistía a Francisco Villa y Saturnino Cedillo, a cambio de rendirse y colaborar con la estabilidad del país; les otorgó tierras, como parte del reparto agrario. Otro de los objetivos prioritarios fue obtener el reconocimiento de los Estados Unidos, ya que consideraba que la relación binacional entre México y el país del norte era muy importante, puesto que en caso de una revuelta armada en su contra, debería usar el apoyo de los Estados Unidos, que logró al inicio de 1923, con el tratado de Bucareli. Sin embargo, tuvo que hacer concesiones con este país, sobre todo en materia agraria y del petróleo, dado que la política nacionalista del Artículo 27 Constitucional afectaba los intereses de las compañías extranjeras en México.

Adolfo de la Huerta, convencido por sus partidarios, lanzó su candidatura a la presidencia de la República para el periodo de 1924-1928, contando con el apoyo del Partido Liberal. Bregón apoyaba a Calles, lo que causó la rebelión delahuertista que se dio a fines de 1923. Todos los personajes que podían dar batalla a Obregón habían muerto, como Lucio Blanco y Villa; el primero en 1922 y Villa asesinado en 1923, en Parral, Chihuahua. Los delahuertista fueron derrotados y su líder salió expatriado a Panamá, en 1924, mismo año en que Calles fue electo presidente.

Durante el mandato de Calles, los conflictos religiosos creados por la aplicación de las leyes constitucionales radicales de algunos artículos, que el episcopado mexicano, apoyado por el Papa Pío XI, ordenó el cierre de los templos católicos del país, ocasionando que la feligresía católica de México se lanzara a las armas, exigiendo la renuncia de Calles y la derogación de la Carta Magna de 1917. Así dio inicio la persecución religiosa en la llamada Guerra Cristera.

Al terminar su mandato, Obregón se retiró a la vida privada a trabajar los campos de su propiedad en Sonora, para producir garbanzo, trigo, algodón, etc., e inició un negocio de combustibles para autos, una novedad en el país. Mantuvo relaciones con los miembros del gobierno de Calles y en varias ocasiones visitó al mismo presidente Calles.

La Constitución Mexicana sufrió una reforma para permitir la reelección, en enero de 1927, con lo que Obregón ganaba la oportunidad de volver a ser candidato.

Continuará…

 

Guillermo Zavala

Tijuana, B.C.

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