Las letras salvajes de Guillermo Arriaga

Fotos: Enrique Mendoza
 
Cultura Lunes, 27 Febrero, 2017 12:10 PM

El escritor recibió el Premio Mazatlán de Literatura 2017 por su novela “El Salvaje” (Alfaguara, 2016), misma que se traducirá a cerca de 30 idiomas. La obra se presentará en la FILEY de Mérida. “Para contar una historia procuro que sea el inconsciente”, refirió a ZETA el autor

Volvió a la novela Guillermo Arriaga luego de 17 años sin publicar, pues la última había sido “El búfalo de la noche” de 1999, aunque por supuesto entregó los guiones de “Amores perros” (2000), “21 gramos” (2003) y “Babel” (2006) en ese lapso.

Se trata de “El Salvaje” (Alfaguara, 2016), novela con la que el escritor mexicano ganó el Premio Mazatlán de Literatura 2017, cuyo jurado integrado por Braulio Peralta, Ignacio Trejo Fuentes y Juan José Rodríguez, dictaminó:

“Es una novela que tiene momentos de reflexión muy intensos sobre la cultura del mexicano y la violencia en la que está sumergida esta nación.

“Destaca por su experimentación formal, su ambición técnica, su intensidad y por poner de relieve un testimonio social sobre México. Además, ‘El Salvaje’ es una ficción biográfica y por lo tanto, está construida a partir de la experiencias personales del autor”.

Autor de las novelas “Escuadrón Guillotina” (1991), “Un dulce olor a muerte” (1994) y “El búfalo de la noche” (1999), y de la colección de cuentos “Retorno 201” (2003), Arriaga refirió en entrevista con ZETA que ya están en marcha las traducciones:

“Mi obra está traducida en un conjunto de 18 idiomas. Acaban de comprar los derechos de traducción de ‘El Salvaje’, al ritmo que va de ventas en países se va a ir a los 30 idiomas; ver tus libros en otro idioma te emociona, por ejemplo, verlos en griego, turco, hebreo, polaco, checo, ruso, la verdad sí me da mucha emoción”.

 

El regreso a la muerte

La muerte ronda en la obra tanto literaria como cinematográfica de Guillermo Arriaga (Ciudad de México, 13 de marzo de 1958), y en “El Salvaje” no es la excepción.

Contada en primera persona, en “El Salvaje”, Juan Guillermo, de 17 años, trata de vengar el asesinato de su hermano Carlos, pero la muerte que acecha a la familia tiene otros planes.

“Elegí a un adolescente porque estas historias me marcaron de adolescente, entonces para mantener esa frescura de lo que me marcó a mí pues el mejor punto de vista era que lo contara un adolescente de 17 años”, expresó Guillermo Arriaga a Semanario ZETA.

— ¿Desde cuándo traías en la cabeza “El Salvaje”?

“Desde que tenía como unos 17 años, pero no había encontrado la manera de madurar esta historia, necesitaba muchos años para que poco a poco fuera madurando. Hace cinco años y cachito que empecé a escribirla, un poquito antes del 2011”.

— ¿Por qué te decidiste a contar estas historias contenidas en esta novela?

“Porque estas historias ya estaban martillándome la cabeza para decirme: ‘ya sal, queremos salir, queremos que nos cuentes’ y si no las cuentas se te oxidan en la garganta y te asfixian; entonces estas historias estaban ahí, solo me faltaban los puentes que me iban a permitir unir historias separadas porque sí tenía estas historias pero no tenía la forma de unirlas y cuando me di cuenta cómo se podían unir y desde qué perspectiva y punto de vista se podían contar fue cuando me decidí a escribirla”.

—Considerando al protagonista de 17 años, ¿cómo surge “El Salvaje”?

“Mira, surge de vivencias que he tenido a lo largo de la vida, estas vivencias yo sentí que valía la pena contarlas y pues las conté”.

¿Son vivencias autobiográficas?

“No, autobiográficas no, personales sí; autobiográficas no porque no estoy contando lo que sucedió realmente en la vida; está basada en hechos reales que nunca sucedieron. No es autobiografía porque autobiografía es contar tu propia vida, aquí es aprovechar vivencias para unirlas con otras vivencias y hacer un material de ficción, pero no estoy contando las cosas tal como sucedieron, sino que aprovechándolas.

“Por ejemplo, alguna vez vi cómo se desplomó un muchacho desde lo alto de un edificio, cómo cayó arriba de un carro y cómo se rompió las piernas al caer en el carro, y cómo el carro le salvó la vida y cómo quedó; yo lo vi, vi cómo quedó, vi cómo lo salvó el carro, vi cómo estaban las piernas”.

— ¿Cómo fue el proceso de escritura de esas vivencias? ¿Tomabas notas?

“No tomo notas, escribo sin notas; o las notas que escribo son simplemente notas cuando estoy frente a la computadora; yo no soy de los que llevan cuadernitos para ir tomando notas, yo trato de escribir un poco improvisado, lo que se me viene a la mente, lo que empiezo a escribir”.

— ¿Qué tipo de desafío literario implicó “El Salvaje”?

“Mira, nunca había yo escrito una novela de este tamaño, de hecho, creo que mis tres novelas anteriores caben aquí en este libro; entonces, al escribir una novela tan larga era como empujar un tren cuesta arriba, una locomotora”.

 

— ¿Qué fue lo más difícil de controlar en una novela de esta magnitud?

“Pues que tuviera coherencia, que la historia se cuente, que la historia tenga un ritmo, que la historia tenga sentido, que la historia llegue a conmover, que la historia llegue a provocar, a mí sí me gusta que las novelas provoquen, que haya un elemento que confronte al lector.

“Cuando tú empiezas a escribir una novela eres una persona y cuando la terminas eres otra, en cinco años te pasan montones de cosas. Entonces, cómo esa persona que empezó escribiendo que tenía determinadas preocupaciones vitales puede mantener la historia viva hasta al final, termina siendo otra persona; yo tenía 52 años cuando la empecé, tengo 58 ahora; y me pasaron decenas de cosas en medio; y esas decenas de cosas cómo van influyendo”.

—En ese transcurso de esos cinco años de la escritura, ¿sabías hacia dónde iría la novela?

“En mi caso, yo no tengo claro de qué se trata la novela, la empiezo a descubrir, que esos descubrimientos sean parte del mismo arco”.

— ¿Cómo fue el proceso de edición de la novela?

“Lo que yo hago es que reescribo la novela varias veces desde el principio; termino la novela y empiezo a escribir, página uno, como transcribiendo y ahí voy quitando; en la primera criba voy quitando palabras que siento que sobran, termino, vuelvo a escribirla, voy quitando frases, termino, vuelvo a escribir, le empiezo a quitar capítulo o sigo quitando palabras y frases; luego empiezo a quitar grandes pedazos hasta que ya siento que quedó. La novela tenía originalmente cerca de mil 300 páginas, o sea, quité 500 páginas”.

— ¿Por qué desechaste tanto material ya escrito?

“Yo creo que eran digresiones que distraían, eran páginas que no estaban bien construidas que preferí deshacerme de ellas”.

— ¿Los personajes van hacia donde tú quieres?

“Van a donde se les da la gana. Uno no tiene tanto control. Hay una regla en este negocio: No hay voluntad de lo que tú escribes, no hay tanto control; si hubiera voluntad cualquiera diría ‘voy a escribir una obra maestra’; o diría ‘voy a escribir un libro que se va a vender más que Harry Potter’; no hay esa voluntad, tú no puedes escribir por voluntad; tú no puedes decir ‘voy a escribir un gran libro’, es imposible; yo no creo que García Márquez, Vargas Llosa, Faulkner o Rulfo dijeran ‘voy a escribir un gran libro’; uno escribe lo que puede, como decía Chejov, no necesariamente lo que quiere”.

— ¿Llega el momento en que tus personajes tienen vida propia?

“Los personajes mandan, no yo; ellos son los que me dicen ‘tienes que ir aquí’, no yo, yo no soy quien los manda, ellos son los que mandan, porque yo estoy sujeto a la historia. “William Faulkner decía que él no entendía sus novelas, de dónde venían; decía ‘yo soy un tipo como un granjero del sur con amigos incultos que no saben nada de literatura y que no les importa’; dice ‘el punto es que yo hago estas novelas pero yo no sé de dónde salen’; y comparto con él esa sorpresa que provoca tu literatura.

“Hay escritores que yo sé que hacen dibujos, planean y quieren hablar de tal tema, yo realmente trato de contar una historia lo mejor posible y para contar una historia procuro que sea el inconsciente quien vaya determinando las cosas; es tu inconsciente mismo el que está habitando eso; no es que los personajes tengan vida propia, es tu inconsciente el que escribe, no necesariamente el consciente. El consciente es el que reescribe, el inconsciente es el que escribe”.

—En cuanto a la estructura en “El Salvaje”, de capítulos cortos y vertiginosos, al final de la primera escritura, ¿en la reescritura decides el orden de los capítulos?

“No, la estructura se va dictando conforme la voy escribiendo; la estructura es parte orgánica del proceso y yo no creo que pueda ser manipulada, la estructura va surgiendo, la estructura se va imponiendo a sí misma”.

— ¿Y en un guion cinematográfico la estructura funciona, en tu caso, igual que en una novela?

“Yo escribí ‘Amores perros’ en la misma forma en que tú la viste; escribí ‘21 gramos’ en la misma forma en que tú la viste; no es que yo escribo y luego corto y pego; así como la viste, así la escribí, y así surgió; no hay ‘cut and paste’, como le llaman los gringos; no es que yo escriba lineal y luego lo acomodo, es imposible escribir una estructura no lineal haciendo eso.

“Así como escribí ‘El Salvaje’, te puedo enseñar los primeros borradores, así empezó; yo te puedo enseñar los primeros borradores de ‘21 gramos’, así se escribió; no es que yo escribo la historia lineal y luego la reacomodo, eso no se puede; esto funciona de tal manera que tú tienes que ir dejando puntos de interés y cuando tienes un punto de interés álgido brincas a otra cosa; si lo hicieras como un ‘cut and paste’ no se podría”.

—A propósito de la vida y la muerte, la corrupción y la violencia, presentes en “El Salvaje”, ¿cómo elegiste el tema?

“Ernesto Sábato decía que uno no elige las obsesiones, sino que las obsesiones te eligen a ti. Créeme, me hubiera gustado escribir algo ligero donde no tuviera involucrada a la muerte, pero por alguna razón ahí están presentes, ¿de dónde? No tengo idea, pero ahí están presentes”.

 

— ¿Cuáles fueron tus referencias literarias sobre cómo tratar el tema de la muerte en “El Salvaje”?

“Hay referencias vivenciales de los temas de la muerte. Yo creo que la muerte, si no la abordas desde la existencia propia empieza a tener un valor hueco; en el momento en que la muerte se convierte en un hecho real entonces es que la muerte pesa.

“Es lo que le decía yo alguna vez a Tarantino con respecto a la violencia, le dije: ‘es que para ti quizás puede ser divertida porque no la has sufrido, pero quienes hemos sufrido la violencia de manera directa entonces la violencia ya deja de ser algo divertido’; ¿cuántos periodistas han sufrido la violencia directa?, y la violencia significa muerte, dolor, ausencia, el peso; entonces no puede ser algo literario, la muerte viene de la vida”.

—Tras escribir novela y guion cinematográfico, ¿cómo concibes la creación?

“La creación es un misterio, de entrada para el propio escritor. No sé cómo es el proceso de varios escritores, pero por lo menos el mío y de varios que conozco es que te sorprenden los temas a ti mismo, te sorprende la forma en que los abordas, es una sorpresa”.

—Finalmente, ¿piensas en un público específico para quien va dirigida una obra?

“No, porque si piensas así ya estás muerto. Si piensas en el público ya estás traicionando el primer mandamiento de la literatura que es ‘el compromiso es con la obra, no con el público’; el compromiso es con la historia que estás contando, ya después la propia historia buscará o encontrará a sus propios lectores.

“Hay momentos en que puedes decir ‘voy a escribir una novela juvenil’, que es para jóvenes y entiendes que tiene ciertos temas, que no es mi caso; a lo mejor otros escritores son más sistemáticos o más racionales, pero yo no puedo pensar en el público porque si pienso en el público entonces ya estoy prostituyendo mi novela”.

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