Tijuana vuelve a colocarse en el centro del debate nacional por una serie de hechos que, más que aislados, revelan la persistencia de un modelo de seguridad pública incapaz de contener la violencia, de depurar sus instituciones y de ofrecer respuestas creíbles a la ciudadanía.
Así nació el municipio: sin ceremonia, sin comunidad, sin consentimiento. Un municipio sin alma, porque el alma la dan los pueblos, no los partidos. Y cuando un municipio nace sin alma, lo que sigue es un gobierno que camina sin brújula.
En marzo de 2019, la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia de Morena resolvió que mi impugnación al proceso interno para elegir candidato a la Presidencia Municipal de Tijuana era fundada. El órgano partidista reconoció que el procedimiento había sido manipulado, opaco y violatorio de los principios más elementales de certeza y legalidad.
Durante seis años, Morena gobernó Baja California con la promesa de una transformación profunda. Hoy, al revisar el periodo 2019–2025, lo que emerge no es un legado de cambio, sino un inventario de obras inconclusas, compromisos rotos, endeudamiento histórico, escándalos políticos y una violencia que nunca cedió.
Si habla de Jaime Bonilla, que cruzó la frontera para dirigir el Distrito de Agua de Otay y afiliarse al Partido Republicano y terminó cobijado por quienes hoy se dicen distintos, dígalo también.
Un mes después, la ciudad me había atrapado. Sus olores, su cadencia, su silencio que habla, su topografía que reta, su gente que empuja. Era como entrar al mundo de Nunca Jamás. Y yo ya no quería salir.
“Si Bonilla va como gobernador, yo no le entro”. No me arrepiento. Era evidente que detrás de la aparente unidad se gestaba un proyecto personalista, sin transparencia y con desprecio por las reglas democráticas.
Andrés Manuel López Obrador ha vuelto a colocarse en el centro del debate nacional con sus declaraciones sobre un eventual regreso a la vida pública. El expresidente aseguró que sólo volvería si la democracia está en riesgo, si la Presidenta Claudia Sheinbaum es atacada o si la soberanía nacional se ve amenazada.
Tijuana fue su cuna y su trinchera. En los clubes de la ciudad, entre gringos curiosos y mexicanos hambrientos de sonido, Bátiz empezó a construir su leyenda. Cuando se fue a la Ciudad de México, lo quisieron meter en moldes comerciales, pero no encajaba. No podía.