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sábado, agosto 29, 2026
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“La guerra de los últimos”: una batalla emocional que no termina de estallar

Desde el título elegido y el tráiler, “La guerra de los últimos” promete enfrentamientos y persecución interminable y aunque sí lo ofrece, la verdadera batalla ocurre en la mente de sus personajes.}

Dirigida por Ridley Scott y escrita por Mark L. Smith, la película adapta “La constelación del perro”, novela publicada por Peter Heller en 2012. La historia se desarrolla después de que una pandemia acabara con casi toda la humanidad y sigue a Hig (Jacob Elordi), un piloto que vive en un aeródromo abandonado junto con su perro Jasper y Bangley (Josh Brolin), un exmarine que desconfía de toda la humanidad sobreviviente.

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Ambos hacen un contraste interesante, pues Hig conserva la esperanza de encontrar algo más allá del territorio que ambos protegen. Una misteriosa transmisión de radio lo lleva a emprender un viaje en su avioneta, arriesgando la estabilidad que construyó durante años para buscar otras señales de vida.

La premisa permite explorar conceptos como que significa continuar cuando ya no existe una sociedad a la cual regresar, si sobrevivir es suficiente y hasta qué punto la violencia termina por destruir aquello que pretende proteger. Sin embargo, el guion plantea estas preguntas y las dinamita con la misma rapidez con la que las introduce. Cada encuentro abre un nuevo dilema, pero sus consecuencias se resuelven antes de adquirir verdadero peso emocional.

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De la misma forma, conceptos como la estación retro era un concepto que incluso, podría dar para una película completa.

Por su parte, Jacob Elordi posee la presencia física necesaria para interpretar a un sobreviviente, pero no logra transmitir por completo al aventurero optimista. Su Hig permanece casi siempre serio, contenido y distante.

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Esa interpretación tampoco permite sentir el duelo que enfrenta por la muerte de su esposa y la desaparición del mundo que conocía.

El perro debería representar el principal vínculo de Hig con su vida anterior, además de ser el compañero que da sentido al título original, “The Dog Stars”. Sin embargo, tiene menos protagonismo del que anuncia la historia. Al ser un perro altamente entrenado, lo vuelve funcional y solo aparece para cumplir cada acción en el guion, pero la relación cotidiana y espontánea o carismática no está.

Incluso Sarah, una burra con menor responsabilidad dentro de la trama, termina desplazándolo como el animal más carismático de la película.

A sus 88 años, Ridley Scott continúa ampliando una filmografía que incluye “Alien”, “Blade Runner” y “Gladiador”, pero sus dos largometrajes anteriores también fueron recibidos con críticas puntuales. “Gladiador II”, destacó por su espectáculo y la actuación de Denzel Washington, aunque parte de la crítica señaló que repetía demasiado la estructura de su película anterior y privilegiaba la grandiosidad sobre el desarrollo emocional.

“La guerra de los últimos” vuelve a presentar esa contradicción y conserva su capacidad para construir imágenes impactantes, pero no siempre consigue que sus personajes tengan la misma dimensión.

La fotografía de Erik Messerschmidt aprovecha los bosques, las montañas y los recorridos aéreos para presentar un mundo vacío de gran escala.

Pese a sus carencias, la película es entretenida. El viaje mantiene el movimiento y los enfrentamientos aparecen con suficiente frecuencia para sostener la tensión. Scott todavía domina el espectáculo y sabe utilizar el espacio para crear peligro.

“La guerra de los últimos” no fracasa por preferir una batalla íntima sobre una guerra convencional. Queda a deber porque no permite que esa lucha deje una huella profunda en sus personajes.

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