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lunes, abril 13, 2026
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“Trabajar en el espacio literario es ejercer la vida”: Nona Fernández

“Parte de lo que intento hacer literariamente es desbaratar los límites”, expresó a ZETA la autora de la novela fragmentaria “Marciano”, sobre el guerrillero Mauricio Hernández

 

Hecha de voces de vivos y muertos, de fragmentos y otros retazos arrancados a la realidad o a la ficción, “Marciano” (Random House, 2025) es la novela fragmentaria más reciente de la reconocida narradora chilena Nona Fernández, donde, como un rompecabezas, arma la historia de Mauricio Hernández Norambuena, guerrillero de la época de la dictadura de Augusto Pinochet en la década de los 80 del Siglo XX.

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“Esta novela no la protagonizan seres extraterrestres, sino Mauricio Hernández Norambuena, que podría ser descrito, parafraseando a Bolaño, como uno de los últimos revolucionarios de las guerras floridas latinoamericanas. ‘Marciano’ extrema la apuesta de Nona Fernández, que ha cruzado audazmente la memoria y la imaginación para entender la historia reciente de Chile, sumergiéndose en zonas que parecen salirse de los límites terrenales, en las que espacio y tiempo no son tan claro”, tal como presenta Penguin Random House Grupo Editorial la novela de la autora chilena.

 

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EL ÚLTIMO GUERRILLERO CHILENO

El protagonista de “Marciano” es Mauricio Hernández Norambuena, también conocido como el comandante Ramiro, del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, cuyo guerrillero combatió a la dictadura de Augusto Pinochet. Fue en 2022 cuando Nona Fernández inició un diálogo en la cárcel chilena con el guerrillero que había sido extraditado de Brasil tras 17 años de encarcelamiento, acusado de asesinato y secuestro. La escritora contó a ZETA que originalmente el objetivo era hacer el guion de una de esas series televisivas que por estos tiempos abundan en el menú de Amazon, Netflix y HBO, pero sus conversaciones en la cárcel con el protagonista tenían otros planes literarios, más que televisivos.

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— ¿Cómo llegó a ti el personaje de Mauricio Hernández?

“Más bien yo llego a él como azarosamente, porque se me solicitó emprender una investigación para un proyecto de serie televisiva, una productora me lo pidió. Se consiguió un permiso por tribunales para poder visitar a Mauricio y el objetivo de la investigación era hacer un proyecto de serie televisivo sobre el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, que es la agrupación en la que Mauricio trabajó en tiempo de dictadura. Llevábamos como un año de conversaciones, yo lo visitaba los viernes, el proyecto lo habíamos más o menos levantado… y todo se fue al agua. La productora se quebró, la serie no ocurrió; no se levantó el proyecto, todo murió”.

“Pero yo me quedé con un año de conversaciones con él y ese permiso para seguir visitándolo. Se me pedía hacer una serie épica, de acción, villanos, héroes, y yo en todas mis conversaciones con Mauricio me había encontrado con material muy delicado que me parecía que tenía más dimensión literaria que televisiva, sin duda”.

Afortunadamente, la serie televisiva se frustró, por lo que la narradora emprendió un proyecto literario que finalmente tomó forma en “Marciano”:

“Entonces, le propuse seguir con nuestras conversaciones y escribir un libro, donde yo podía hacer una exploración más delicada, más profunda, a lo que era más bien su presente en el encierro y lo que era su psique, que es un espacio habitado por el encierro y que es un espacio muy especial porque el tiempo es otro, la realidad es otra, los límites entre la vida y la muerte son otros, entre la realidad y la ficción. El tiempo no es lineal en el encierro. Las estrategias psíquicas que la han levantado para sobrevivir a ese encierro también son interesantísimas”.

“Todo ese material que es muy poco épico, muy poco televisivo, me parecía que era exquisitamente literario. Él me aceptó, me dijo: ‘Perfecto’. Además, es un tremendo lector. Entonces me dijo: ‘Bueno, si puedo devolverle la mano a la literatura de alguna manera, hagamos el libro y haz lo que quieras’. Y estuve tres años más, cuatro años en total conversando con él, hurgando, desbaratando la épica y visitando más bien la bambalina de esa historia, encontrándome más bien con Mauricio y no con el comandante Ramiro, entendiendo o intentando entender las contradicciones de su generación, de él mismo, los terrores, los miedos, las pasiones, las contradicciones, entrando en un terreno que a mí me parece infinitamente más humano que el del blanco y negro”.

Entonces, Nona Fernández no sólo entra psicológicamente en el personaje en cautiverio de Mauricio Hernández, sino también en el contexto de la dictadura de Augusto Pinochet.

Cortesía

 

“UNA DICTADURA NO ESTÁ BIEN EN UN PAÍS”

“Marciano” está instalada desde la década de los 80 del Siglo XX en adelante, que son tiempos dictatoriales y de transición a la democracia en Chile:

“Si tú lo piensas en términos históricos, 40 años no es nada de la historia de la humanidad; es ayer, sin duda que es ayer. En Chile todavía estamos muy entrampados –y es una pena decirlo– en esos años. Todavía estamos circulando con una constitución que redactó la dictadura, que firmó Pinochet. O sea, Chile tiene un presente muy anclado, desgraciadamente, aún a la dictadura. Por supuesto, hemos hecho infinitos avances, no digo que estemos en un sistema dictatorial, pero todavía estamos muy anclados; todavía no nos ponemos de acuerdo incluso en el juicio que tenemos de la dictadura. Es decir, una dictadura no está bien en un país. Chile todavía no lo ha procesado y tenemos una población importante que piensa que la dictadura estuvo bien”.

Le toca a la literatura contar la dictadura chilena desde los grupos antagónicos a Augusto Pinoche, entre ellos el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, al que pertenecía Mauricio Hernández:

“La historia de las agrupaciones armadas que lucharon contra la dictadura es una historia que la literatura no ha asumido mucho, porque en general la sociedad chilena no la ha asumido mucho. Creo que Mauricio Hernández es una metáfora de eso también: es un personaje que está ahí encerrado, invisibilizado, silenciado, como también ha sido silenciada la historia de su generación. Parte de mis obsesiones como autora han estado, desde que me puse a escribir, en el resto de mi obra, anclada siempre a estas historias, que son las historias de nuestro pasado reciente, porque me interesa mucho el presente de mi país. Es imposible entender el presente de un espacio si no comprende su pasado”.

 

CONVERSACIONES FRAGMENTADAS CON UN GUERRILLERO

En el lenguaje literario, Nona Fernández comparte una recreación de las conversaciones que mantuvo durante cuatro años con Mauricio Hernández, presentadas a manera de preguntas y fragmentos de respuestas, ideas o cuestionamientos que al unirlos desenredan al personaje y, por supuesto, a la época pinochetista.

— ¿Cuál es tu idea de la escritura fragmentaria que integra una obra más grande como una novela? O en todo caso, ¿cuál fue el desafío al contar las conversaciones fragmentarias con un guerrillero?

“Para mí cada libro tiene su cuerpo y hay que encontrar ese cuerpo. Así como las personas somos todas distintas, los libros también lo son. Yo no escribo un libro igual a otro, qué aburrido. Yo me tuve un gran desafío porque en cuatro años de conversación recopilé una cantidad de material inconmensurable. El desafío era cómo contar esto, cuál es la mejor forma, cuál es el cuerpo que va a tener este libro”.

“En un comienzo, cuando Mauricio me autorizó a que yo pudiese ocupar su punto de vista y su voz, pensé que iba a ser un libro narrado por la voz de Mauricio, que él iba a contar su historia, pero en algún momento me di cuenta que si yo iba a hacer eso, yo no podía traicionar el punto de vista de Mauricio, pero iba a traicionar mi propio punto de vista, porque muchas veces yo en esta historia no estoy de acuerdo con el punto de vista de Mauricio. Y ahí entendí que esto podía ser un diálogo, como efectivamente nosotros habíamos tenido durante esos cuatro años, y que el libro podía estar constituido por capítulos que fueran encuentros en los cuales M y N dialogan. Normalmente es M, Mauricio, quien habla más, y N lanza alguna frase, le hace una pregunta o lanza algún texto que puede poner en jaque también las miradas o los textos de Mauricio, que tiene por objetivo, claro, lanzar mi propio punto de vista también sobre la historia que a veces no concuerda con la de él. Así fui encontrando esta forma”.

De la brevedad a largueza, Nona Fernández entrega una obra de más de 500 páginas que el autor puede leer vertiginosamente como leer una minificción o una serie de minificciones:

“Son textos cortos y con mucho espacio; o sea, es como casi un diálogo dramatúrgico porque nuestras conversaciones ocurrían así. De pronto un viernes conversábamos sobre un tema; pasaban dos semanas en las cuales él y yo habíamos estado pensando sobre ese tema y nos volvíamos a encontrar, y yo o él volvíamos a lanzar una nueva idea sobre ese tema. Entonces eran conversaciones a destiempo, que tenía mucha pausa y mucho silencio en medio para poder reflexionar sobre lo que estábamos hablando. Insisto que el tiempo en el presidio es otro. No es una conversación vertiginosa como nosotras tenemos normalmente en la vida. El tiempo allá adentro en la cárcel es otro y nuestras conversaciones tenían ese tiempo, y por eso quise estructurarlo de la manera en la que lo hice, para poder reflejar esas pausas, ese tiempo de reflexión, esas conversaciones un poco fragmentadas”.

 

LA FICCIÓN EN LA HISTORIA

“El libro contiene un poco de realidad y bastante de ficción”, dice en alguna parte la propuesta literaria de Nona Fernández.

— ¿Cuál es el papel de la ficción al recrear una etapa de la historia?

“Me gusta decir que ‘Marciano’ es una novela porque es un libro que está instalado en el espacio literario. O sea, nosotros no dialogamos como está aquí, nosotros no hablamos como conversamos aquí; esto está construido a partir del lenguaje y de la literatura que es otro lugar, no es el lugar de la realidad. Se inspira en la realidad, trabaja con los elementos reales, pero construye otra cosa que creo que es lo que hace la creación en general, el arte en general. Además, contiene ficción, porque hay una cantidad de entrevistas a personajes que están muertos y yo todavía no tengo ese don; yo no sé, no lo he logrado todavía, me encantaría, pero no lo he logrado. A partir de investigación y de la conversación con el mismo Mauricio, quise establecer, por ejemplo, esas conversaciones con los muertos, que los muertos me hablaran de Mauricio también”.

“Yo creo que el espacio de la ficción es el espacio literario también que te permite jugar, construir otra cosa, un espacio más lúdico, un espacio más juguetón, un espacio más poético, un espacio extraño, más poroso, más líquido, que no es el de la realidad y que permite también que quien lea puede entrar allí y completar como quiera. Completar es un espacio mucho más libre. A mí justamente la literatura me interesa porque es un espacio mucho más libre, que no traiciona a la realidad, pero juega en otro espacio, sin traicionar esa realidad, pero estableciendo otra realidad, que es menos clausurada, menos pesada. Yo intento como jugar en un espacio más liviano”.

Foto: Enrique Mendoza Hernández

 

“ESCRIBIR ES UNA MANERA DE INTENTAR COMPRENDER EL MUNDO”

Nona Fernández (Santiago de Chile, 1971) es una de las autoras más importantes de su generación setentera. Es autora del libro de cuento “El cielo” (2000) y de las novelas “Mapocho” (2002), “Av. 10 de Julio Huamachuco” (2007), “Fuenzalida” (2012), “Space Invaders” (2013), “Chilean Electric” (2015), “La dimensión desconocida” (2016; Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2017) y “Preguntas frecuentes” (2020).

— ¿Qué es la novela para ti al unir fragmentos y otros retazos como en “Marciano”?

“Cuando Diamela Eltit sacó su primera novela, ‘Lumpérica’ –una novela muy experimental sacada en tiempos de dictadura, donde lo que Diamela hacía también era jugar un poco con la forma para poder expresar lo que quería expresar sin que se notara–, todo el mundo le decía: ‘¿Qué es esto?’. Y yo digo: ‘Es una novela. ¿Por qué no es una novela? ¿Quién dijo cómo debe ser una novela?’. Claro, pensando en eso, a mí también me gusta pensarlo así: ‘Marciano’ es una novela porque yo decido qué es una novela y es material literario”.

“El espacio para mí de la novela es un espacio lúdico y abierto, que no tiene límites. A mí no me gusta pensar en los límites de nada. Parte de lo que intento hacer literariamente es desbaratar los límites, de todo tipo de límites. Yo creo que en la actualidad vivimos tan limitados: límites de género, límites de raza, límites de clase, límites de nacionalidad; todo es encasillarnos en algo, no ser algo, límites de tema, tú tienes este tema, tú tienes que trabajar esto. Como que estoy cansada de eso. El espacio literario y de la novela lo veo como un espacio de absoluta libertad, donde los límites no existen. La novela también acoge esa investigación. Eso es para mí el espacio literario de la novela: un espacio donde todo puede pasar”.

— ¿Qué ha sido para ti la literatura en tu corta pero reconocida trayectoria?

“No sé estar sin escribir porque es el momento donde yo intento recopilar trozos de realidad y entenderlo en el mundo vertiginoso en el que vivimos tan acelerado que cada vez se vuelve más acelerado. El espacio escritural, el espacio literario, es un espacio donde el tiempo se detiene o uno intenta detenerlo para poder pensar y reflexionar y, a partir de eso, por supuesto, ofrendar algo, ofrendar un pedacito de realidad nueva, que pueda abrir cabezas o abrir ventanas, que es un poco lo que yo siento también como lectora. Cada vez que entro a un libro que me remece, yo siento que allí alguien pensó algo y me lo regaló y completa algo de mi propia realidad”.

Sentenció la autora chilena: “Para mí la literatura es una manera de estar en el mundo, sin duda. Escribir y trabajar en el espacio literario es una manera de intentar comprender el mundo, de ejercer la vida”.

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Autor(a)

Enrique Mendoza
Enrique Mendoza
Enrique Mendoza Hernández estudió Comunicación en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) Campus Tijuana. Premio Estatal de Literatura 2022-2023 en la categoría de Periodismo Cultural, otorgado por la Secretaría de Cultura de Baja California; Premio Nacional de Periodismo Cultural FILEY 2025, otorgado por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), a través de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán, y Manos Libres Periodistas. Ha sido incluido en diversas antologías, entre otras, en “Relatos de frontera y otras costumbres. Crónica joven de Tijuana”, editado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) y el Centro Cultural Tijuana (CECUT) en 2013. Autor del libro “Poetas de frontera. Anécdotas y otros diálogos con poetas tijuanenses nacidos en las décadas de 1940 y 1950”, publicado por la Secretaría de Cultura de Baja California en 2024. Es periodista cultural en Semanario ZETA, en Tijuana
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