La Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio tomó el audiorama de El Trompo este 4 de abril para transformar la celebración de los 35 años de “El Circo” en un acto político, donde el baile convivió con el mensaje de resistencia en Tijuana
Con un retraso de una hora con 20 minutos, pero sin diluir la expectativa, Roco, Aldo, Pato y Miguel ingresaron uno a uno para ocupar sus posiciones en el escenario envuelto en humo y atravesado por luces rosas y azules. Ahí, entre ululatos que evocaban el viento, realizaron un ritual de apertura de carácter ancestral, en el que pidieron permiso “a los guardianes de esta tierra milenaria”.
Posteriormente, con gran energía, interpretaron “Quinto Patio Ska”, donde los gritos del público fueron incentivados por los saltos y el baile de la agrupación frente a luces parpadeantes y una pantalla que proyectaba imágenes de revistas; en una de ellas sobresalía el Subcomandante Marcos, figura emblemática del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Sin perder la intensidad, continuaron con “Bailando”, mientras desde el escenario coreaban “No aguanto más, quiero bailar” y el público respondía con bailes para dar paso a Toño, canción del álbum celebrado, seguido de “Pata de Perro” y “Los agachados”.
“En estos tiempos de guerra, de destrucción, aquí luego luego, detrás del muro, está una de las potencias más racistas e ignorantes y absolutamente destructoras de la vida; pero nosotros estamos acá, con una raíz ancestral que llega al centro de la tierra. ¡Viva México!”, gritó Roco.
“Maree” y “Solin” fueron los siguientes, esta última bajo luces amarillas, en uno de los momentos en que más teléfonos se levantaron para grabar el slam, que apenas comenzaba y continuó con fuerza durante “Crudelia”, “El gran circo” y “Mojado”.
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Con los primeros acordes de “Pachuco”, el público reconoció la entonada y comenzó a gritar de emoción, algunos uniéndose al zarandeo en el epítome de la gran fiesta de pachucos.
Aprovechando la atención del recinto, Roco Pachukote condujo el momento hacia un posicionamiento político al entonar “Ningún ser humano es ilegal”, dedicándola a la Casa del Migrante y a organizaciones en apoyo a personas en movilidad.
Mientras en las pantallas se proyectaban imágenes del antiguo muro fronterizo de lámina, con cruces y nombres, se leía: “Traicionado por los coyotes y perseguido por la migra”, seguida de visuales con mensajes contra las políticas de ICE, volviéndose un momento emotivo en su paso por la frontera más transitada del mundo.
Los tambores de conga llevaron al cierre con “Kumbala”, una icónica y esperada canción bajo bailes suaves, un final no explosivo, sino de disfrute en un concierto que, más allá de la celebración reafirmó su postura social y política en una ciudad donde el mensaje no es para nada ajeno.








