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viernes, abril 3, 2026
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El dolor de encontrar los huesos del hijo

De tres hijos desaparecidos, a uno, Jesús Adrián, quien en el 2019 tenía 15 años, su madre Ceci Flores lo encontró con vida, en manos del crimen organizado, a quienes se los arrebató no de manera dócil.

Un 4 de mayo de 2019, Adrián había sido desaparecido junto a su hermano Marco Antonio Sauceda Rocha, de 31 años, de quien Ceci acepta tenía deudas con los criminales; pero su destino debió ser la autoridad, no una desaparición que por siete años le ha quitado el sueño, más nunca el compromiso de encontrarlo.

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El 24 de marzo lo logró; anunció vía sus redes sociales que finalmente había encontrado a su hijo. Primero la camiseta que llevaba puesta el día que los criminales lo arrancaron de su vida, y, posteriormente, en una fosa, sus restos. Ya sólo huesos, y no todos los que integraron la humanidad de Marco Antonio.

“Vamos a casa, hijo”, dijo al descubrir los huesos que, siete días después del hallazgo y una prueba de ADN, le confirmaron lo que su corazón ya anticipaba: efectivamente se trataba de restos óseos de Marco Antonio Sauceda Rocha.

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Ceci, como otros cientos de madres buscadoras en México (y padres también), llegó hasta el lugar donde ilícitamente fue inhumado su hijo debido a información que proporcionó un criminal testigo de los hechos que la dejaron abatida de dolor, y que fueron el impulsor para conformar el colectivo Madres Buscadora de Sonora. La Fiscalía de aquel estado también tenía la información. El caso fue develado por un miembro de la criminalidad que durante siete años guardó silencio, que no tuvo compasión por una madre buscadora.

Los colectivos de búsqueda, abandonados de la mano gubernamental, con sus propios medios, asumiendo riesgos, fatalidades y el más profundo dolor, sobreviven porque hacen una labor que el Estado ha evadido: buscar a los desaparecidos en México.

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Tan sólo el colectivo que con otras madres dirige con mucho esfuerzo y diligencia Ceci Flores, ha localizado a más de dos mil 700 personas sin vida; restos humanos hallados en fosas clandestinas a las que llegaron por investigaciones propias o por delaciones anónimas que les guiaron en el camino a los desaparecidos de alguien. En su lucha, también han encontrado con vida a mil 300 personas, a las que han reconectado con su familia.

El camino no ha sido fácil. Para Ceci Flores lo más abrumador es “seguir lidiando con las autoridades, con la apatía, con la burocracia, con la impunidad. Que es lo más difícil para nosotros. Estar sufriendo la ausencia de nuestros hijos y la ausencia de las autoridades que deberían de hacer la búsqueda y la investigación sobre su paradero; y todavía, después de que nosotros hacemos todo el trabajo que ellos no hacen, batallamos con su negligencia”.

Aun así, la Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, la misma que dijo en su discurso inaugural que no llegaba sola, que llegaban todas con ella, no ha sido capaz de recibir personalmente a las madres buscadoras. Ni un mínimo de empatía ha tenido para estas mujeres que día y noche excavan predios con la esperanza de encontrar a sus hijos, a sus hermanos, a sus esposos. La Presidenta los relega con algún miembro de su gabinete, sin dignarse a darles un abrazo de solidaridad por parte de quien es madre de dos hijos.

Tampoco a los padres buscadores, a los hermanos y hermanas buscadoras, a ninguno atiende el Estado Mexicano; ya no digamos por su obligación y facultad para ello, sino por solidaridad y sensibilidad ante un fenómeno criminal que en México deja desapariciones por cientos de miles. Hace no mucho tiempo, en diciembre de 2024, don Eddy Carrillo, un padre buscador y líder del colectivo que lleva el nombre de su hijo desaparecido, Todos Somos Erik, encontró sus restos después de cinco años de buscarlo sin descanso, a sol y sombra, con sus medios, y en muchos casos no sólo olvidado, sino relegado e ignorado por las autoridades del país y las de Baja California, donde Erick fue desaparecido, asesinado y enterrado. Hasta que su padre dio con lo que físicamente quedaba de él, para darle el resguardo respetuoso que merece el muchacho que le arrebataron.

Como Ceci, don Eddy y su colectivo, en la búsqueda de su hijo y de otros familiares de quienes le acompañan en la cruzada de localización de personas, lograron descubrir en fosas clandestinas los restos de miles de otros desaparecidos, y también ubicar a cientos con vida.

Estos dos casos, la desaparición de Marco Antonio Sauceda Rocha, hijo de Ceci Flores, y el de Erick Carrillo, sucedieron en el año 2019, cuando el país ya no estaba en la guerra contra las drogas del presidente Felipe Calderón, ni en el sexenio del contradictorio México por la Paz de Enrique Peña Nieto. No, ambos jóvenes, uno en Sonora y el otro en Baja California, fueron desaparecidos por criminales impunes, en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, en la administración condescendiente con el crimen a partir de su política de “abrazos, no balazos”, como miles de mexicanos más que han sido desaparecidos entre 2018 y 2026, pero que son ocultados en cifras manipuladas, maquilladas, rasuradas, para dar la impresión de que el de los desaparecidos es un problema, pero no tan grave ni en la dimensión que los familiares de las víctimas lo quieren presentar.

A Ceci Flores aún le falta localizar a otro de sus hijos desaparecidos, a Alejandro Guadalupe, quien a la fuerza fue trasladado a un lugar desconocido el 30 de octubre de 2015. Don Eddy Carrillo, a pesar que había dicho que una vez encontrado su hijo se retiraría, luego de haber entregado todo en su cruzada personal, sigue buscando desaparecidos junto a otros padres afligidos como él, y junto a madres que, como Ceci, lo que quieren es encontrar a los suyos para llevarlos a casa.

“Yo siempre supe que te encontraría, pasara el tiempo que pasara, porque no tenía otro motivo en la vida; me robaron el miedo con tu ausencia, se llevaron mi cansancio con tus heridas. Hoy localicé a mi niño en la carretera 26 km 46, en Hermosillo, Sonora, y más que nunca se siente la fatiga. Abrazo tus restos; es lo que me queda, es lo que me dejaron”, dijo Ceci en un video que se tomó mientras abraza un hueso, y reflexiona sobre lo poco que ha encontrado: su hijo “no está completo”, y “yo no creo que ninguna madre merezca recoger sólo huesos de su hijo”.

Sin embargo, eso es todo lo que ella y otros buscadores al final obtienen para recuperar algo de paz: huesos abandonados en predios, enterrados, a la intemperie, ignorados por un gobierno insensible que sigue cargando sus culpas y hierros a un pasado que ya les corresponde.

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Autor(a)

Adela Navarro Bello
Adela Navarro Bello
Directora general del semanario ZETA, Consejero de Artículo 19 y del CPJ para las Américas, entre otros reconocimientos, tiene el Maria Moors Cabot 2021 de la Universidad de Columbia.
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