“Te van a matar”, de Kirill Sokolov, bajo la producción de Warner Bros., intenta combinar terror, acción y comedia negra, pero su propuesta se diluye en un exceso de violencia repetitiva y un guion que privilegia la espectacularidad sobre la construcción dramática.
Durante la primera parte, la película explica de una manera cliché un conflicto familiar que hace huir a la protagonista Asia Reaves, interpretada por Zazie Beetz (Deadpool 2 y Guasón), pero las consecuencias la llevan a prisión, dejando desprotegida a su hermana menor, María Reaves (Myha’la Herrold).
Una motivación con potencia emocional para cargar la historia que se diluye por escenas gráficas y repetitivas. Más de tres veces en menos de cinco minutos, la protagonista mata a sus antagonistas y estos revivían, se regeneraban y continuaban con la persecución.
El Virgil es un edificio que albergó a la menor antes de que se perdiera su rastro, el mismo que Asia siguió y consiguió entrar.
Al principio se muestra como una situación distópica para el espectador, pero no provoca nada fuera de lo común a los personajes, dando a entender que es normal el universo al que pertenecen.
Las escenas de acción son uno de los aciertos del largometraje: muchas resultan reales y creíbles; sin embargo, la música que las acompaña no sigue el ritmo, lo que genera una sensación de desajuste.
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La cámara, por su parte, funciona como un recurso para enfatizar las situaciones. De manera experimental, recurre a distintos ángulos, planos y movimientos exagerados que, en su mayoría, logran su cometido.
En comparación, los efectos pocas veces son creíbles; cada vez que una espada atraviesa un cuerpo, pareciera que la sangre es una fuente de riego recién encendida, efecto que resta credibilidad, pero también seriedad a la secuencia.
La escena de un ojo persiguiendo a la mayor de las Reaves parece absurda y confusa respecto a la temática de la cinta.
El guion, construido por el director y Alex Litvak, llega a explicar innecesariamente lo que ya está presentando en las escenas o, muchas veces, parece conveniente y complaciente con la trama. No hay diálogos memorables ni arcos narrativos intensos o desarrollados a profundidad.
La mayoría de los personajes son planos, y el ejemplo perfecto es la protagonista, Asia Reaves. En un momento se duda de su supervivencia y el público puede o no sentir lástima por el personaje.
Muchas de las escenas que debieron tener peso dramático fueron abordadas de manera sencilla y directa, con aparente prisa o irrelevancia, como la relación entre Lilith (Patricia Arquette) y el personaje de Paterson Joseph, con más de 100 años juntos. Su despedida tenía carga simbólica y emocional, al ser Lilith quien fue obligada a asesinarlo, pero su pareja con un solo machetazo cayó al piso, sin una escena de llanto.
El Diablo, o el amo de la secta del Virgil, carece de poderes sobrenaturales, lo que pone en duda su real poder e influencia.
Durante el último acto vemos cómo pasa de un plano espiritual a uno físico por medio de la cabeza de cerdo, pero nunca demuestra poderes extraordinarios más que golpes directos y sin puntería. Para ser presentado como el “final boss”, no logra intimidar a los mortales.
La película tiene un mensaje fácil de leer a simple vista. Hace mención sobre las clases sociales y el hecho de que las protagonistas, vistas como víctimas y sin dinero, sean personas afrodescendientes, mientras que las personas blancas, con poder y dinero, son las malas y sádicas, que ofrecen almas al satanismo ya da un mensaje simple, sin matices.
La película tiene una duración de una hora y 35 minutos, lo cual podría justificar la poca profundidad de los personajes; sin embargo, la repetición constante lo vuelve cuestionable.
Su estreno está previsto para este jueves 26 de febrero en las salas de cines mexicanos.







