El artista visual mexicano de origen italiano, Pedro Friedeberg, falleció a la edad de 90 años, el jueves 5 de marzo de 2026. Hace casi 15 años, el viernes 8 de julio de 2011, inauguraba la individual “Pedro Friedeberg. La estética hipnótica, la manía obsesiva y la arquitectura utópica del siglo XXI”, en la Sala 1 de El Cubo del Centro Cultural Tijuana (CECUT).
En ocasión a su despliegue artístico en Tijuana entre julio y octubre de 2011, Pedro Friedeberg (1936–2026) concedió una entrevista a ZETA, en cuyo diálogo fue bastante crítico del arte conceptual y las instalaciones.
— ¿Qué puede decirnos precisamente del arte contemporáneo donde abunda la instalación y el dibujo y diseño por computadora?
“Desafortunadamente, demasiada gente que no tiene ningún talento se ha aprovechado de estos modos de expresión, creen que es muy fácil. Esto ya es una cosa muy antigua, desde hace ya 80 años, cuando empezó Picasso, por ejemplo; hace 100 años la gente no entendía a Picasso y pensaban que pintaba como niño chiquito porque no tenían educación visual, de ahí surgió este deseo de mucha gente del público en general de querer pintar porque se ve muy fácil, o hacer como Jackson Pollock, por ejemplo, aventar nada más pintura contra un lienzo. Pero no es tan fácil como parece si uno lo quiere hacer bien”.
“Lo malo es que demasiada gente, como en todas las artes y ciencias, hoy en día hay una sobrepoblación de gente sin talento que se quiere dedicar a pintar, a actuar, decorar a quién sabe cuántas cosas, pero no todo funciona”.
— ¿Hay un abuso de la instalación en el arte contemporáneo?
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“Exacto. Todo mundo cree que es fácil colocar cinco botellas rotas y diez vasos sucios y decir que es arte de protesta o quién sabe qué cosa”.
— ¿Cómo describe el arte actual en México?
“Es como en todos lados: hay una total confusión. Los que más están de moda son los que peor arte hacen, para mi gusto; no te voy a decir nombres, pero son los que hacen arte conceptual, arte instalación. Podrían hacer una cosa más novedosa”.
— Que finalmente, Marcel Duchamp desde principios de Siglo XX ya colocó un retrete como objeto de arte…
“Son chistes que se pueden hacer una sola vez, pero no se puede repetir, repetir y repetir. Lo de Duchamp ya tiene casi 100 años y todavía hay gente que cree que puede poner una caja de zapatos vacía. Es un chiste que se ha repetido como 17 mil veces; ya a nadie le hace reír, a nadie le hace pensar, no veo el caso de esas cosas”.
— ¿Qué se propone como artista al criticar el absurdo de las cosas en sus obras?
“Toda la vida me parece sumamente absurda hoy en día, más absurda que hace 200 años, por ejemplo. Todo es como loco, como sin sentido, como mucha pérdida de tiempo, como invitación de cosas; por ejemplo, la gente se viste como si fueran a la luna, con uniformes rarísimos con muchas bolsas, cierres por todos lados que nunca van a abrir esas bolsas, son cosas de las modas pasajeras. Ya nadie lee, todo mundo ve unos programas infinitamente estúpidos en la televisión. En eso consiste la vida diaria; es lo que yo encuentro absurdo, ridículo y una total pérdida de tiempo”.
— ¿Cuál es su papel en este mundo absurdo que nos acaba de describir?
“Yo vivo aislado totalmente, yo hago mis cositas que igual las hubiera podido hacer hace 50 o 100 años. Tengo muy ligeras influencias del arte moderno, como del dadaísmo, el surrealismo, que también se ocuparon de subrayar lo absurdo y lo ridículo de la sociedad contemporánea, la terrible distribución de la riqueza; hay muy poquitos ricos y muchísimos pobres que jamás van a pisar un museo, que apenas tienen para comer. En realidad no es mi intención, mi propósito no es hacer un arte de protesta. Yo creo que con hacer un arte medianamente bueno uno ya está protestando contra el arte malo, el que llena el 90 por ciento de los museos, contra la mala pintura que se ve en 10 mil galerías de todas las ciudades del mundo. Ahí está lo ridículo y lo absurdo”.






