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jueves, marzo 5, 2026
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¡La Novia!: amor y violencia

En su segunda película como directora, Maggie Gyllenhaal retoma el universo de Frankenstein de Mary Shelley en 1816 para desplazar la mirada hacia la figura históricamente secundaria la novia del monstruo. La Novia!, protagonizada por Christian Bale y Jessie Buckley, mezcla comedia negra, violencia y una estética punk para cuestionar la fantasía romántica que ha acompañado al mito. Una propuesta contemporánea que apuesta por la intensidad sin agotar. Aunque no siempre pone en el centro a nuestro personaje principal.

Ambientada en los años treinta, la trama parte de un deseo sencillo y perturbador el monstruo busca que la doctora Euphonious (Annette Bening) le cree una compañera. Más que impulsado por deseos sexuales, lo mueve la idealización de una vida conyugal. En paralelo conocemos a Ida, una joven fiestera cuya muerte accidental antecede su reanimación como Penélope. Ese pasado introduce un rasgo importante, incluso antes de morir, el personaje mostraba una resistencia mínima —gestos pequeños, pero significativos— que reaparece tras la resurrección.

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El quiebre ocurre cuando la Novia es amenazada sexualmente en un bar y el monstruo responde con violencia desmedida. La escena, gore, concentra la crudeza, aunque en el resto del filme desaparece . Después la historia se convierte en una fuga tras varias muertes no intencionales a manos de la pareja.

La actuación de Bale construye un monstruo consciente e inteligente, menos impulsivo, contrastando un poco con la versión reciente de Guillermo del Toro, pero igualmente matizado. Este monstruo desea amor sin comprender del todo la autonomía de quien lo acompaña. Buckley, por su parte, interpreta a una mujer pragmática cuya búsqueda de identidad se ve atravesada por las mentiras piadosas del propio monstruo. Además, no profundiza, pero tampoco se ve vandalizado.

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La química entre ambos está trabajada y lograda a pesar de la diferencia de 16 años de los actores que se disimula por el maquillaje. Aunque el desarrollo romántico avanza con un ritmo más lento de lo que podría esperarse en la premisa.

El guion encuentra uno de sus elementos más interesantes en el desdoblamiento de la protagonista. Penélope se observa a sí misma a través de una figura en blanco y negro —identificada explícitamente como Shelley— que verbaliza versos con acento británico marcado. Esta conciencia externa funciona como recurso meta narrativo y como fractura identitaria. El lenguaje, de época es estilizado y articula transiciones entre una de la otra.

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En términos formales, la película apuesta por una composición cuidada. La cámara, siempre estática, permite que la acción se desarrolle dentro del encuadre sin subrayados evidentes.

El contraste entre la paleta oscura y el vestido naranja brillante de la protagonista crea una imagen potente, casi icónica, con unas medias azules, colores contrarios en el círculo cromático.
El maquillaje, la mancha que atraviesa su rostro resulta distintiva, mientras que la caracterización del monstruo, con su corona de grapas, resulta funcional, aunque por momentos poco realista. La música acompaña sin imponerse y reserva su énfasis para el cierre.
Los saltos a la película del actor ficticio Reed interpretado por (Jake Gyllenhaal) funcionan, aunque no aporta en nada que el actor sea reconocido ya que el rol tampoco es principal.
En el fondo, ¡La Novia! hace una crítica a los roles de género y a la idealización del vínculo romántico. El resultado es una historia que problematiza la fantasía de “crear” a la compañera perfecta y evidencia la violencia implícita en esa aspiración. Abunda en la crítica puntual a los roles de género que sigue resonando en la actualidad.
La lectura feminista de ¡La Novia! no es del todo incuestionable. Aunque la película introduce una crítica visible, también incorpora elementos que el feminismo podría problematizar, como la diferencia de edad entre la pareja y por momentos, la protagonista roza el arquetipo de la Manic Pixie Dream Girl excéntrica e impulsiva, aparentemente diseñada para sacudir la vida emocional del hombre melancólico.
El ritmo pausado puede jugar en contra para ciertos espectadores, pero no convierte a la película aburrida. El final abierto es conmovedor en el sentido de que el espectador se alegra, pero no porque todo se resuelva.

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