Bajo la organización de Eric Jair Palacios y Ruth Vargas Leyva, en coordinación con el Centro Cultural Tijuana (CECUT), fue homenajeado el poeta tijuanense Eduardo Hurtado (1950-2025), a tres meses de su fallecimiento sucedido el pasado 16 de diciembre a la edad de 75 años.
La tertulia en tributo a Eduardo Hurtado Montalvo sucedió en la Sala Federico Campbell del CECUT el 21 de marzo, en el marco del Día Mundial de la Poesía, en cuya mesa de homenaje estuvieron Ruth Vargas Leyva, Eric Jair Palacios, Víctor Soto Ferrel y Rogelio Arenas; además, en honor a Hurtado, se leyeron algunos fragmentos de su obra, entre ellos Mónica Morales Rocha, Rafael Lagunes, Olga Gutiérrez Galindo, Paty Blake, Diana Romo, Devra López, Armando Hernández, Sophia Elizabeth Ibarra, María Baranda, Daniel Hurtado, Mario Miranda, Manuel Romero, Eric Jair Palacios, Isaac Navarro, Carmen Nozal, con la participación especial de Antonio Hurtado Montalvo.
Durante el homenaje, el maestro Víctor Soto recordó la época sesentera y setentera de Eduardo Hurtado en Tijuana, ciudad en la que vivió entre 1962 y 1968, y entre 2018 y 2023:
“Eduardo Hurtado fue el primer egresado de Prepa de la UABC, que decidió ingresar sin titubeos a la carrera de Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Mientras hacía mis prerrequisitos para una maestría en Letras, acudimos Alfonso René y yo a las oficinas de Federico Campbell para pedirle ejemplares de su revista ‘Mundo Médico’, precisamente entonces Federico trabajaba sobre la edición de ‘Ludibrios y nostalgias’ (1978) de Eduardo Hurtado. Poco después apareció por el Café del Nelson y Vizcaíno nos invitó a sus oficinas del Seminario de Cultura en el edificio de la Cámara de Comercio. Hay una memorable sesión de fotos en las que nos acompaña el pintor Francisco Chávez Corrugedo. La conversación gira en torno a la creación de la Escuela de Humanidades, pues Eduardo ya ha concluido sus estudios de Literatura y el Profe quiere verlo incorporado al proyecto en proceso. Por entonces acá sólo tenemos los talleres de Extensión Universitaria con las reuniones del Taller de poesía en el café del Nelson y luego en el café del Capri, donde convivimos con Juan Martínez”.

Asimismo, Ruth Vargas Leyva homenajeó: “Eduardo Hurtado fue un hombre con propósitos y propuestas que quedan vigentes para un futuro que deseamos lleno de esperanza, para otro mañana. Un hombre con una pasión desmesurada por la literatura que se desbordó en esta ciudad, sin contención, porque él se escuchó y nos escuchó con el mismo rigor que puso en la lectura de sus poemarios. La autocrítica y la fidelidad es con uno mismo, fue su primera regla”.
Respetado y admirado, Vargas Leyva confesó sobre la ausencia física de Hurtado: “Lo extraño, como se extrañan los amigos cercanos con los que conversamos cotidianamente, revelando confidencias. Extraño su presencia y su sencilla elegancia, su afectuoso abrazo. Extraño su voz disertando sobre poesía y poetas, su conversación que tantas ventanas abrió a mis lecturas. Extraño la intimidad de sus inquietudes, sus propuestas, sus dudas. Ahora me doy cuenta que extrañar es la estela que nos deja una presencia que deja momentos llenos de afecto, de charla, de aprendizajes, de acuerdos y desacuerdo, de complicidades. La estela luminosa de cinco años de momentos inolvidables”.
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Concluyó Vargas Leyva el día en que Eduardo Hurtado fue homenajeado entre familiares, amigos y comunidad literaria y cultural en general en Tijuana: “Eduardo diría que el tiempo es una trampa, una imagen móvil de lo eterno, un misterio, como la poesía que convirtió en el eje de su vida”.







