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lunes, marzo 9, 2026
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El chofer del Papa

En un pueblucho italiano resulta que entra en servicio un nuevo agente de la policía municipal, el sargento le dice que se ponga delante del ayuntamiento (el trozo de calle más recto del pueblo) y cronometre a los coches para lo del exceso de velocidad. Mientras, el Papa se entera que su chofer cumple años y le decide dar fiesta ese día y que no se preocupe, que él llevará el carro.

El Papa agarra el Papamóvil y se da una vuelta; curiosamente pasa por el pueblo en cuestión…

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Al final de la jornada el nuevo policía le da el informe al sargento, todo acojonado:

– ¡Mi sargento, hoy he estado a punto de multar a un VIP!

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– Supongo que no lo habrá multado.

– No, claro.

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– ¿Quién era? ¿Un funcionario?

– No, mi sargento.

– ¿El alcalde?

– No, mi sargento.

– ¿El gobernador?

– No, mi sargento.

– ¿El presidente?

– No, muucho más importante.

– Sí hombre, ¡pues debía ser Dios!

– Casi, mi sargento… ¡El Papa era el chofer!

Autor: Un obispo.

 

El aniversario gallego

– ¡Manolo, te has vuelto a olvidar otra vez!

– ¿De qué, Pepi?

– ¡Hoy cumplimos cinco años de casados!

– Pe… pe… pero, ¿cómo me voy a olvidar de eso…?

– Quiero que me lleves a cenar, a ver un buen espectáculo y a bailar.

– ¡Justamente era eso lo que había pensado!

– Está bien, quiero que me lleves al Gold Finger.

– ¿Quéeee? ¿Estás loca? ¡Eso es un antro de mala muerte!

– ¡Manolo! ¡Quiero que me lleves ahí porque quiero conocerlo!

Y fueron… Apenas llegaron, el valet dijo:

– Buenas, ¿cómo le va caballero? ¡Me alegro de verlo otra vez!

La mujer saltó sorprendida:

– ¿Qué dice éste? Ha dicho que se alegraba de verte otra vez. ¿Has estado tú aquí?

– ¿Yo? ¿Pero estás loca? ¿En este antro? Los porteros le dicen a todos lo mismo. Estos lugares son así.

Llegaron ante el portero:

– Señor Murillo… ¡Qué alegría!

– Te ha dicho Señor Murillo… ¡Éste te conoce!

– ¿Eh?… ¡Cómo no me va a conocer, si trabaja en el edificio de mi oficina. Es el electricista del edificio.

Ya dentro, los recibió Alex, el gerente:

– ¿Cómo está señor Murillo? La mejor mesa, como siempre, ¿verdad?

– ¿Éste también es electricista en tu oficina, Manolo? ¡¡Te voy a matar!!

– No… eh… no, este señor me conoce porque es el que me vendió la bocina inteligente que te regalé…

– Manolo, me estás…

En ese momento apareció la vendedora de cigarrillos:

– ¡¡Mi Reeeeeeeeyy!! ¿Te doy tu Cohiba…?

La cigarrera se puso el habano entre los pechos:

– ¡Mete la manita, mi amor, y saca tu habanito!

Pepi estaba a punto de matar a su marido cuando se apagaron las luces.

Por fin se sentaron y empezó el espectáculo. Apareció una mujer espectacular que comenzó a hacer un striptease. Y cuando se quedó sólo con la tanga se acercó a la mesa de Manolo y, muy sensualmente, preguntó a toda la concurrencia:

– Y ahora… ¿Quiéeeeeeen me va a quitar la tanguitaaaaaaaa?

Todos los presentes cantaron en coro:

– ¡¡Se ve, se siente, Manolo con los dientes!! ¡¡Se ve, se siente, Manolo con los dientes!!

Pepi no aguantó más. Salió corriendo y se subió a un taxi. Manolo la siguió y también entró en el vehículo. La mujer empezó a pegarle y a tratar de empujarlo por la puerta.

– ¡¡¡Eres el mentiroso más grande que he visto!!!

Pepi se quitó un zapato e, histérica, comenzó a pegarle en la cabeza y a gritarle los peores insultos que se sabía. En eso el taxista se dio la vuelta y dijo:

– Mire que hemos llevado locas, Don Manolo… Pero, como ésta, ¡¡¡ninguna!!!

Autor: La Pilarica, muerta de risa.

 

Opciones difíciles

Un testigo de Jehová se sienta junto a un mexicano en un vuelo Bilbao-Tenerife.

Cuando el avión ha despegado empiezan a repartir bebidas a los pasajeros.

El mexicano pide un whisky doble. La azafata le pregunta al testigo de Jehová si quiere beber algo. Contesta el testigo de Jehová con mal tono:

– Prefiero ser raptado y atacado salvajemente por una docena de mujeres de la vida galante antes que una gota de alcohol toque mis labios.

El mexicano le devuelve el whisky a la azafata y dice:

– Olvide el trago. No sabía que se podía elegir.

Autor: La azafata.

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