Casi ningún marinista del Consejo Político de Morena sabe de qué trata el “movimiento”; requieren un vocero oficial y definen a Catalino Zavala. ¿El problema? Sólo la gobernadora lo aprueba
El pasado fin de semana, una parte de los integrantes del Consejo Político de Morena se reunió en el municipio de Tecate para atender diversos temas políticos, y uno de los más relevantes fue el nombramiento de Catalino Zavala Márquez como nuevo vocero del partido, un nombramiento sacado de la manga para que -por fin- el vinotinto tenga un rostro y una voz que replique y defienda al proyecto.
La política entendida desde el diccionario de Catalino Zavala es el gatopardismo o el juego de espejos, pero nunca la asertividad. El ahora vocero tiene la capacidad de fingir que las cosas cambian y de postergar acciones.
Morena, convertido en un grupo de políticos de “derecha buena onda” o de conservadurismo descafeinado, nombra a Zavala para defender en cualquier escenario, asambleas, medios de comunicación o debates al movimiento, pero además con un propósito alterno: defender la política de la gobernadora Marina Ávila Olmeda, quien lleva cuatro años poniendo el rostro, sin que uno solo de los integrantes de su equipo salga a resolver.
Con lo anterior confirman que, en el Consejo Político de Morena emanado del marinismo, nadie tiene la capacidad de defender discursivamente los proyectos que representa; tan así, que han sacado del purgatorio político a Catalino -alguien a quien ya habían enterrado- para que sea él quien dé la cara.
Así, el nombramiento del exsecretario de Gobierno del Estado no fue consenso, fue imposición de la gobernadora, quien, a cuatro años de su administración, y ante tantas polémicas, aun busca el apoyo de los morenistas; y al parecer ya se dio cuenta que no tiene en quien confiar, pues los que pensaba eran “suyos” buscan su propio beneficio y están a la espera del nombramiento del candidato a sucederla a ella, para actuar.
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Al revivirlo, aun sin respaldo, la gobernadora espera que cubra la incapacidad política y de trabajo en la que han fallado gran parte del equipo morenista que opera en Cabildos, Congreso y Ayuntamientos.
Al final, la gobernadora, aun con poder político, se impuso con el nombramiento de Catalino Zavala, a quien no ven con buenos ojos ni el secretario del Bienestar “Netza” Jáuregui, ni la senadora Julieta Ramírez Padilla, ni el alcalde de Tijuana, Ismael Burgueño; ni siquiera la dirigente del partido, Rosina del Villar Casas, está de acuerdo. Pero entre todo, curiosamente es Zavala el político menos “derechoso” que tiene Marina Ávila en sus filas.
En este escenario, muchos esperan que el futuro de Catalino Zavala no sea tan exitoso como pretende la gobernadora, pues dicen que no tendrá respaldo político, no será consultado para ningún tema, y al final sólo se sacrificará por un movimiento que persiste únicamente por la política asistencialista del Bienestar.





