Las negociaciones para la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) avanzan con México, pero enfrentan mayores dificultades con Canadá, confirmaron este 10 de febrero de 2026 autoridades comerciales estadounidenses, en un contexto de nuevas tensiones por la amenaza del presidente Donald Trump de impedir la apertura del puente internacional Gordie Howe y de crecientes advertencias desde la industria automotriz respecto al impacto de los aranceles en Norteamérica.
Jamieson Greer, titular de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés), afirmó que las conversaciones formales sobre el T-MEC con México están en marcha y se desarrollan de forma bilateral, mientras que describió el diálogo con Canadá como más complejo, al insistir en que las negociaciones sobre el nuevo puente de 4 mil 700 millones de dólares que conecta Detroit, Michigan, con Windsor, Ontario, son un proceso separado de la revisión del tratado comercial. Greer subrayó en una entrevista televisiva que la discusión sobre esa infraestructura fronteriza “es específica para el puente” y no forma parte directa de las conversaciones sobre el acuerdo trilateral, pese a que la amenaza de Trump de bloquear su apertura se inscribe en una escalada de presiones arancelarias y reclamos comerciales contra Ottawa.
El nuevo episodio de tensión entre Washington y Ottawa se produjo luego de que el presidente de Estados Unidos advirtió que no permitirá la apertura del puente internacional Gordie Howe hasta que su país reciba lo que describió como una compensación completa por los beneficios otorgados a Canadá, además de exigir una participación en la propiedad de la obra, cuyo costo se estima en 4 mil 700 millones de dólares y que fue financiada por el Gobierno canadiense para aliviar la congestión en el cruce Ambassador y en el túnel Detroit-Windsor. La infraestructura, en construcción desde 2018, se proyecta como un enlace clave para el comercio de bienes manufacturados y autopartes entre ambos países, en un momento en que la Casa Blanca también ha amenazado con aranceles de hasta 100 por ciento a los productos canadienses si Ottawa concreta y profundiza sus acuerdos comerciales con China.
En paralelo a estas fricciones, la industria automotriz norteamericana volvió a colocar el T-MEC en el centro del debate económico, al advertir sobre el impacto de los aranceles en empleo, inversión y cadenas de suministro regionales. Jim Farley, presidente y director general de Ford Motor, quien ha dirigido la armadora desde octubre de 2020, ha señalado en distintos foros que el tratado constituye la columna vertebral del modelo de producción integrada entre México, Estados Unidos y Canadá y advirtió que los aranceles impulsados por la Administración Trump serían “devastadores” para los trabajadores del sector automotriz, al encarecer los vehículos y presionar los márgenes de operación de las plantas instaladas en la región.
Farley reiteró que la empresa concibe a Norteamérica como un sistema único de fabricación y no como tres mercados aislados, por lo que la eventual imposición de gravámenes permanentes en las fronteras con México y Canadá obligaría a reconfigurar complejas cadenas de suministro que hoy permiten que componentes y autopartes crucen varias veces las fronteras antes de integrarse al producto final. El directivo, recientemente designado miembro del consejo de administración de McDonald’s, también ha expresado respaldo a la campaña promovida por legisladores republicanos para flexibilizar regulaciones estrictas de ahorro de combustible que habían impulsado una transición acelerada hacia vehículos eléctricos, al considerar que la estabilidad regulatoria y la certidumbre comercial son factores centrales para sostener planes de inversión de largo plazo en la industria automotriz.
Las advertencias de la cúpula automotriz se suman al debate político en Estados Unidos, donde Trump ha llegado a calificar el T-MEC como “irrelevante” para su país y ha dejado abierta la posibilidad de no renovar el tratado en su forma actual durante la revisión programada para el 1 de julio de 2026, lo que podría derivar en su expiración en 2036 o en la negociación de acuerdos distintos con México y Canadá. Sin embargo, el propio sector privado estadounidense, incluidos fabricantes de vehículos y organizaciones agrícolas, ha insistido en que el acuerdo ha fortalecido la competitividad regional y que su debilitamiento implicaría un aumento inmediato de costos, la fragmentación de cadenas productivas en Norteamérica y una pérdida de terreno frente a competidores como China en mercados estratégicos, particularmente en el segmento de autos eléctricos.
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En México, el Gobierno Federal ha reiterado que su prioridad es mantener vigente el T-MEC y fortalecer sus mecanismos de solución de controversias, al tiempo que busca mayor paridad en la aplicación de reglas entre las tres economías, en especial en materia laboral y en sectores como el acero, la energía y la agroindustria. Marcelo Luis Ebrard Casaubón, titular de la Secretaría de Economía (SE), destacó que el país llegó a 2025 con exportaciones récord por 664 mil 837 millones de dólares y un superávit comercial de 770.9 millones de dólares, desempeño que, sostuvo, respalda la estrategia de defender el tratado como eje de la integración regional y como plataforma para la generación de empleos e inversión.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha asegurado que el Gobierno Federal trabajará para evitar la ruptura del acuerdo comercial de Norteamérica y ha insistido en que la profunda interdependencia económica entre México y Estados Unidos hace conveniente para ambos países preservar el marco del T-MEC, aun cuando Washington mantenga abiertas las opciones de revisión, renegociación o salida. Mientras avanzan las conversaciones técnicas y las consultas internas en los tres socios, la combinación de amenazas arancelarias, disputas por infraestructura estratégica como el puente Gordie Howe y la presión de sectores productivos clave perfila una revisión del tratado marcada por tensiones políticas, pero también por el reconocimiento de que la competitividad de la región depende de la continuidad de un marco comercial común.





