El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reunió, el 15 de enero de 2026, con la líder opositora venezolana y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado Hernández, en un almuerzo privado en la Casa Blanca, que se extendió poco más de dos horas, menos de dos semanas después de que fuerzas estadounidenses capturaron al entonces mandatario del país sudamericano, Nicolás Maduro Moros, en Caracas, Venezuela.
El encuentro, programado para las 12:30 horas de Washington D.C., en un comedor privado del complejo presidencial, sin acceso a la prensa, representó el primer cara a cara entre ambos, en un contexto marcado por el reacomodo de la política estadounidense respecto a Venezuela. En la reunión participó Marco Antonio Rubio García, titular del Departamento de Estado de EE.UU. (DOS, por sus siglas en inglés).
Machado Hernández llegó a la Casa Blanca poco después del mediodía acompañada por colaboradores del Comando Con Venezuela, entre ellos David Smolansky Bacal, ex alcalde de El Hatillo, con vínculos con Rubio García y con congresistas republicanos de Florida como María Elvira Salazar Fernández y Carlos Antonio Giménez González.
A su salida, Machado Hernández declaró brevemente a simpatizantes congregados en las inmediaciones: “Sepan que contamos con el presidente Trump para la libertad de Venezuela”. La líder opositora calificó el encuentro como “muy bien”, sin revelar detalles sobre el contenido de la conversación, ni si entregó a Trump una medalla alusiva al Premio Nobel de la Paz, como se especuló.
Sin embargo, horas antes de la reunión, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, confirmó que Trump mantenía su postura respecto a que Machado Hernández no cuenta con los apoyos suficientes en Venezuela, para liderar una transición en ese país. “Fue una evaluación realista, basada en lo que el presidente estaba leyendo y escuchando de sus asesores y su equipo de seguridad nacional. En este momento, su opinión sobre ese asunto no ha cambiado”, afirmó Leavitt, en rueda de prensa.
La portavoz añadió que el mandatario reconocía los esfuerzos de la opositora y su lucha por la democracia en el país sudamericano. “Sé que el presidente esperaba con interés esta reunión y que confiaba en que sería una buena y positiva conversación con la señora Machado, quien es realmente una voz notable y valiente para muchas personas en Venezuela. Así que el presidente espera, obviamente, hablar con ella sobre la realidad en el país”, señaló.
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El 3 de enero de 2026, horas después de la captura de Maduro Moros, Trump declaró que sería “muy difícil” para Machado Hernández liderar Venezuela. “No cuenta con el apoyo ni el respeto dentro del país. Es una mujer muy amable, pero no goza del respeto necesario”, afirmó el mandatario estadounidense, en una rueda de prensa.
La Administración Trump excluyó a Machado Hernández y a la oposición venezolana del proceso de transición en Venezuela, otorgando respaldo a Delcy Eloína Rodríguez Gómez, quien fungía como vicepresidenta bajo Maduro Moros y asumió el poder como presidenta encargada con el aval de Washington, por un plazo inicial de 90 días prorrogables.
Tras su salida de la Casa Blanca, Machado Hernández se trasladó al Congreso de Estados Unidos, donde mantuvo reuniones bipartidistas con senadores de ambos partidos, el Republicano y el Demócrata. La líder opositora también tenía previsto realizar declaraciones públicas en las escaleras del Capitolio.
El encuentro se produjo un día después de que Trump sostuviera una conversación telefónica con Rodríguez Gómez, a quien calificó como “una persona fantástica” y “alguien con quien hemos trabajado muy bien”. El mandatario estadounidense reveló que la llamada fue “larga”, que abordaron “muchos temas” y que se está llevando “muy bien con Venezuela”.
Rodríguez Gómez describió la llamada como “larga, productiva y cortés”, desarrollada “en un marco de respeto mutuo”. Según su mensaje en difundido en la aplicación de mensajería instantánea Telegram, abordaron “una agenda de trabajo bilateral en beneficio de nuestros pueblos, así como de asuntos pendientes en la relación de nuestros gobiernos”.
La conversación entre Trump y Rodríguez Gómez se centró en petróleo, minerales, comercio y seguridad nacional. Estados Unidos completó su primera venta de petróleo venezolano, por un monto de 500 millones de dólares, según confirmó un funcionario estadounidense. La operación forma parte de un acuerdo energético entre Caracas y Washington, con previsión de ventas adicionales en los próximos días y semanas. Los ingresos de las ventas permanecen en cuentas bancarias controladas por el Gobierno estadounidense, con la cuenta principal ubicada en Catar.
La portavoz de la Casa Blanca, Taylor Rogers, calificó el acuerdo como “histórico” y afirmó que “beneficiará a los pueblos estadounidense y venezolano”. Rogers aseguró que el equipo de Trump facilita conversaciones con compañías petroleras “listas y dispuestas a realizar inversiones sin precedentes para restaurar la infraestructura petrolera de Venezuela”.
Trump firmó un decreto de emergencia destinado a colocar bajo protección especial los activos venezolanos, incluidos los ingresos petroleros, ubicados en territorio estadounidense, con el fin de impedir que sean embargados por tribunales o acreedores.
El 15 de enero de 2026, Rodríguez Gómez presentó ante la Asamblea Nacional un proyecto para reformar la Ley de Hidrocarburos de Venezuela, con el objetivo de abrir la puerta a una mayor inversión extranjera. La presidenta encargada afirmó que la reforma incorpora “los lineamientos de la ley antibloqueo”, marco legal aprobado en 2020 que habilitó inversiones bajo un esquema de confidencialidad, para eludir las sanciones impuestas por Washington desde 2019.
Rodríguez Gómez sostuvo que los recursos provenientes de las ventas petroleras se destinarían a reforzar el sistema de salud, impulsar el desarrollo y financiar proyectos de infraestructura. “Sabemos que son muy poderosos, sabemos que son una potencia nuclear letal, pero no tenemos miedo de encarar diplomáticamente, a través del diálogo político, como corresponde”, declaró. “Si algún día me tocase, como presidenta encargada, ir a Washington, lo haré de pie, caminando, no arrastrada”, añadió.
La presidenta encargada reivindicó el derecho de Venezuela a mantener relaciones internacionales diversas. “Tenemos derecho a relacionarnos con China, Rusia, Cuba, Irán, con todos los pueblos del mundo, y también con los Estados Unidos”, afirmó.
El 13 de enero de 2026, Nicolás Ernesto Maduro Guerra, diputado e hijo de Maduro Moros, transmitió un mensaje de su padre desde su reclusión en Nueva York, donde permanece detenido junto a Cilia Adelina Flores de Maduro. “Nos dicen que están firmes y fuertes, que tienen claro el papel de lucha que les toca jugar, que tienen tranquilidad de conciencia y la fe puesta en Dios y en el pueblo de Venezuela. Confían en Delcy, en el equipo que está al frente y en nosotros”, declaró Maduro Guerra durante una movilización en Caracas.
“A ti, Delcy Eloína, mi apoyo incondicional en la tarea tan dura que te toca. Cuenta conmigo”, expresó el diputado el 5 de enero de 2026 durante la sesión de instalación del nuevo Parlamento, que conservó la mayoría chavista con 256 de 285 diputados.
Previo a su encuentro con Trump, Machado Hernández se reunió el 13 de enero de 2026, con el papa León XIV en una audiencia privada en el Vaticano. La líder opositora declaró en redes sociales que pidió al pontífice católico que intercediera “por la liberación de los más de mil presos políticos y por el avance sin demora de la transición a la democracia en Venezuela”.
El encuentro confirmó el relevante papel mediador que el Vaticano mantiene en Venezuela. Según reveló The Washington Post, el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, convocó de manera urgente, el 24 de diciembre de 2025, al embajador de Estados Unidos ante la Santa Sede, Brian Burch, para informarse sobre los planes de Washington en Venezuela. Según documentos oficiales reservados citados por el periódico, Parolin admitió que Maduro Moros “se tenía que ir”, pero rogó a la Casa Blanca que le ofrecieran una vía de salida, señaló que Rusia estaba dispuesto a concederle asilo político y “suplicó a los americanos que tuvieran paciencia”.
La captura de Maduro Moros ocurrió el 3 de enero de 2026, a las 02:01 hora local de Venezuela (06:01 UTC), en el marco de la Operación Determinación Absoluta liderada por autoridades estadounidenses. El operativo, que duró aproximadamente 40 minutos, fue ordenado por Trump tras meses de preparación. Según el jefe del Estado Mayor, Dan Caine, 150 aeronaves militares participaron en la operación militar, que combinó acción de inteligencia y fuerza militar coordinada a gran escala.
Maduro Moros y Flores de Maduro fueron extraídos inmediatamente a Nueva York para enfrentar cargos ante la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York, por narcotráfico y tráfico de armas, y quedaron recluidos en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn. El 5 de enero de 2026, ambos comparecieron ante el Tribunal Federal del Distrito Sur de Nueva York, donde se declararon no culpables de todos los cargos. La siguiente audiencia fue fijada para el 17 de marzo de 2026.
Investigaciones periodísticas de Venezuela, incluyendo el Monitor de Víctimas, identificaron a 77 fallecidos durante el ataque al 6 de enero de 2026: 42 militares venezolanos, 32 militares cubanos (admitido por las autoridades de la isla) y tres civiles. Entre las víctimas civiles se encontraban Rosa Elena González, una anciana de casi 80 años de edad, que murió cuando una explosión derribó la pared de su dormitorio en Catia La Mar, y Yohana Rodríguez, una comerciante colombiana. Los registros de ingresos a los hospitales del Distrito Capital sumaron más de 90 heridos.
En otro frente, China intensificó su presión sobre Venezuela para recuperar préstamos otorgados durante las últimas dos décadas. Según fuentes financieras internacionales, la deuda pendiente de Venezuela con China ascendería a aproximadamente 20 mil millones de dólares. Durante los gobiernos de Hugo Chávez Frías y Maduro Moros, China se convirtió en el principal prestamista de Venezuela, bajo un esquema de “créditos por petróleo”. Sin embargo, la caída en la producción petrolera venezolana en años recientes dificultó que el país cumpliera con las cuotas de barriles destinadas a saldar los intereses y el capital de los préstamos.
El portavoz de la Embajada china en EE. UU., Liu Pengyu, declaró que “China tomará todas las medidas necesarias para proteger sus derechos e intereses legítimos”. Aunque Pekín criticó la intervención estadounidense como una violación a la soberanía, sus diplomáticos mantienen contactos con representantes de la Casa Blanca, para evitar que sus activos en la Faja del Orinoco y en el sector gasífero sean confiscados o desplazados por empresas norteamericanas.





