El presidente Donald Trump firmó el 7 de enero de 2026 un memorando presidencial que ordenó la retirada de Estados Unidos de 66 organizaciones internacionales que “ya no sirven a los intereses” nacionales, según anunció la Casa Blanca. La medida involucró a 31 organizaciones de las Naciones Unidas (ONU) y a 35 entidades no pertenecientes a la ONU.
El documento, compartido por la Casa Blanca en su cuenta de la plataforma X, instruyó a todos los departamentos ejecutivos y agencias estadounidenses a cesar tanto la participación como el financiamiento de estas entidades. Según el memorando presidencial, las organizaciones afectadas “operan de manera contraria a los intereses nacionales, la seguridad, la prosperidad económica o la soberanía de Estados Unidos” y buscan “agendas globalistas” que no se alinean con las prioridades de Washington.
Marco Antonio Rubio García, titular del Departamento de Estado de Estados Unidos (DOS, por sus siglas en inglés), respaldó la decisión presidencial y calificó la medida como “una promesa cumplida”. Rubio García declaró que Estados Unidos abandonaría “66 organizaciones internacionales antiamericanas, inútiles o derrochadoras”. Añadió que estos retiros “cumplen una promesa clave que el presidente Trump les hizo a los estadounidenses: dejaremos de subsidiar a los burócratas globalistas que actúan en contra de nuestros intereses”. Según el funcionario federal, la actual Administración “siempre priorizará a Estados Unidos y a los estadounidenses”.
El titular del DOS especificó que la Administración Trump encontró que estas instituciones son “redundantes en su alcance, mal gestionadas, innecesarias, derrochadoras, mal dirigidas, capturadas por los intereses de actores que promueven sus propias agendas contrarias a las nuestras, o una amenaza para la soberanía, las libertades y la prosperidad general” de la nación estadounidense.
Entre las 35 organizaciones no pertenecientes a la ONU de las que se retiró Estados Unidos figuran el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la Alianza Solar Internacional, el Foro Global sobre Migración y Desarrollo, el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral, el Centro Internacional para el Estudio de la Preservación y Restauración de los Bienes Culturales, el Foro Mundial contra el Terrorismo y la Coalición de Libertad en Línea, entre otros.
La orden presidencial también determinó que Estados Unidos se retiraría de 31 entidades adscritas al sistema de las Naciones Unidas, entre ellas la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC), ONU Mujeres, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat), ONU Energía, ONU Agua, la Universidad de las Naciones Unidas, el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales, el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la Comisión Económica y Social para Asia y el Pacífico, la Comisión de Derecho Internacional, el Centro de Comercio Internacional, la Oficina del Representante Especial del Secretario General para la cuestión de los niños y los conflictos armados, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), el Fondo de las Naciones Unidas para la Democracia, la Comisión de Consolidación de la Paz y la Alianza de Civilizaciones, entre otras.
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La Casa Blanca aseguró que esta decisión pondrá fin a la financiación hacia estos organismos con dinero de los contribuyentes estadounidenses y permitirá al país reorientar recursos hacia “prioridades internas y políticas que favorezcan su independencia”.
El documento oficial señaló que muchas de las organizaciones afectadas “promueven políticas climáticas radicales, gobernanza global y programas ideológicos que entran en conflicto con la soberanía y la fuerza económica de Estados Unidos”. El memorando agregó que los contribuyentes estadounidenses “han gastado miles de millones en estas organizaciones con escasos resultados, mientras que estas suelen criticar las políticas de Estados Unidos”.
El anuncio se enmarcó en una amplia retirada de Estados Unidos de organismos multilaterales que ya incluyó la salida del país de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Consejo de Derechos Humanos de la ONU (CDHNU), la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos en Oriente Próximo (UNRWA), el Acuerdo de París sobre cambio climático y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Estados Unidos había vuelto a formar parte de la Unesco bajo la presidencia de Joe Biden.
La medida se produjo desde el retorno de Trump a la Casa Blanca, ocurrido el 20 de enero de 2025. Desde entonces, el presidente republicano implementó su visión de “Estados Unidos primero”. Como en su primer mandato presidencial, que se extendió de 2017 a 2021, Trump decidió retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre el clima y de la Unesco.
La Administración Trump también recortó ampliamente la ayuda estadounidense en el extranjero, lo cual golpeó los presupuestos de numerosas organizaciones de la ONU que se vieron obligadas a reducir sus actividades sobre el terreno, como la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA).
Desde la tribuna de la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre de 2025, Trump lanzó un ataque frontal contra la ONU, que según él está “muy lejos de alcanzar su potencial”.
La retirada de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático representó, según expertos, el último esfuerzo de Trump y sus aliados para distanciar a Estados Unidos de las organizaciones internacionales centradas en el clima y en abordar el cambio climático. La UNFCCC, acuerdo de 1992 entre 198 países para apoyar financieramente actividades relacionadas con el cambio climático en países en desarrollo, es el tratado base del histórico Acuerdo de París.
John Kerry, exsecretario de Estado y enviado climático de Estados Unidos, criticó esta decisión, considerándola predecible y perjudicial a los intereses estadounidenses en el ámbito global, describiéndola como un “regalo a China y carta de salida de la cárcel para países contaminadores que desean eludir responsabilidades”.
Rob Jackson, climatólogo de la Universidad de Stanford quien preside el Proyecto Global de Carbono, advirtió que la retirada de Estados Unidos podría obstaculizar los esfuerzos globales para reducir los gases de efecto invernadero porque “da a otras naciones la excusa para retrasar sus propias acciones y compromisos”. Expertos señalaron que será difícil lograr un progreso significativo en el cambio climático sin la cooperación de Estados Unidos, que es uno de los mayores emisores de gases de efecto invernadero del mundo.
Con esta decisión, Estados Unidos se convertiría en el primer país en abandonar el tratado climático, dado que prácticamente todas las naciones son miembros, según el Consejo de Defensa de los Recursos Naturales. Una salida de este tipo también podría dificultar que un futuro presidente reincorpore al país al Acuerdo de París, ya que este se negoció bajo el marco de la UNFCCC.






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