
Conocido como fundador y principal promotor del Club de Niños y Niñas en Baja California, el empresario tijuanense Enrique Gamboa Núñez ha sido, por más de 60 años, un servidor social por excelencia.
“Yo molesté a mucha gente, a mucha gente”, repitió, “y voy a seguir molestando todo el resto de mi vida. Advertidos están”, dijo, mientras agradeció el apoyo de sus amigos de toda la vida, a los personajes que se han ido incorporando y que han permanecido dando su tiempo y apoyo a cada uno de sus proyectos “porque nada lo he hecho solo”.
A la fecha, su compromiso con la implementación en comunidades hispano hablantes de este programa para la infancia que previene el delito, ofreciendo “un espacio seguro y saludable para el desarrollo integral, físico, intelectual y social de menores entre los 6 y 16 años, especialmente en zonas vulnerables, ofreciendo actividades extraescolares como deportes, arte, educación y fortalecimiento de valores”, ha beneficiado a más de 14 mil menores en 12 ciudades distribuidas en siete estados de la República Mexicana, como Hidalgo, Baja California Sur, San Luis Potosí, Nuevo León, Sonora, Estado de México y Ciudad de México.
La iniciativa ya se extiende a países como Guatemala Colombia y Uruguay y Bahamas en América Latina.
Solidario como pocos, su paso como un activo medular de instituciones como la Cruz Roja, el DIF estatal, los Salesianos, la Fundación Limón Padilla (brinda apoyo educativo a jóvenes de escasos recursos), Meyibó AC (fomenta el desarrollo integral de las personas) y la Sociedad de Historia ha dejado un rastro imborrable desde Tijuana. Su obra es muestra clara de cómo la empatía genuina es capaz de aglutinar esfuerzos, de influir y motivar a un mayor número de personas para trabajar en torno a metas y objetivos comunes; por eso ha sido invitado encabezar varios proyectos en beneficio de Baja California.

El ejemplo más público es el llamado que le hizo la gente Boys & Girls Clubs of America en el año 2001; y ante la petición de clérigos de Baja California Sur, también encabezó en los noventas, un proyecto de renovación de las misiones; o las alertas que llevaron a Gamboa junto con su amigo, el químico Ricardo Gamboa, y los rotarios, a crear y desarrollar un programa de salud para comunidades indígenas en los años 60.
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ZETA conversó con este hombre que, trascendiendo la autoridad formal, ha involucrado a los gobiernos en su trabajo con causas social, y se le preguntó del origen de su vocación de servicio; con orgullo, Gamboa expuso: “En el club Rotario de Tijuana”.
En referencia a la organización local, fundada el 31 de octubre de 1931 por las familias de líderes empresariales y profesionales, con el objetivo de “impulsar el desarrollo social de la ciudad, con proyectos de salud, medio ambiente, educación e infraestructura, Enrique Gamboa Núñez se convirtió en rotario desde su temprana juventud, y a los 25 años (en 1964) llegó a encabezar los esfuerzos de esta organización en el distrito La Mesa.
Actualmente, a sus 86 años, con una energía a la que es difícil seguirle el ritmo, tiene muchos planes y un objetivo definido; ya está cabildeando entre empresarios y gobierno, las estrategias para concretar dos de los proyectos que tiene para este año 2026: por un lado, la edificación de un nuevo espacio para el Club de Niños y Niñas en San Quintín; y poner en marcha un programa para dar mantenimiento a los templos coloniales fundados por jesuitas, que antes renovaron. Porque su objetivo de rotario sigue siendo “ayudar y generar bienestar a la comunidad”.
SALUD Y DESARROLLO PARA COMUNIDADES INDÍGENAS
“Cuando yo estaba en el programa indigenista fui con un amigo a una comunidad de Arroyo de León en San Pedro Mártir y nos dimos cuenta que un alto porcentaje de los residentes indígenas estaban enfermos de tuberculosis”; eso fue a finales de los años 60 y a lo largo de los 70, siendo su primera experiencia en un proyecto de amplio alcance.
“Entonces platiqué con Ricardo Gamboa, que es mi amigo, no mi pariente, y le pedí ayuda. Y él personalmente me acompañó, llevó su equipo, le hizo pruebas a toda la comunidad (apenas 30 personas porque era una comunidad indígena quiligua en extinción), se las trajo a Tijuana en una hielera, y todos estaban enfermos”.
“Después fuimos a otras comunidades, a Juntas de Nejí, una comunidad Kumiai en Tecate, localizada un poco antes del punto más alto de la sierra, y lo mismo. Cuando supo la Secretaría de Salud nos llamó la atención, porque no podíamos meternos en temas epidemiológicos, pero nadie lo estaba haciendo”.

A pesar de estos funcionarios, continuaron su labor y alcanzaron a trabajar en dos comunidades más, en Santa Catarina con los Pai Pai y los Kumiai de San José de la Zorra, todos grupos pequeños en peligro de extinción, “pero las limpiamos de tuberculosis”.
Para completar este proyecto en favor de los grupos indígenas de Baja California que estaban en abandono, solicitó recursos al Club Rotario Internacional, quienes les concedieron una subvención del fondo de salud, nutrición y desarrollo humano por hasta 260 mil dólares, con lo que trabajaron en las comunidades originarias.
“Era una etapa de un programa rotario que se llamaba salud, nutrición y desarrollo humano, fue un programa precioso. La primera fase era de salud. También pusimos dentaduras; Lino Pacheco, otro amigo que tenía un laboratorio dental por la avenida J -Tijuana-, se compró una compresora para sus aparatos, porque allá no hay luz y así montábamos el laboratorio donde llegábamos. También pusimos lentes”.
“En aquel tiempo, les pusimos tractores, construimos papalotes de viento para apoyar un sistema de riego: conseguimos semillas, forraje, instalamos una escuela técnico pecuaria en San José de la Zorra, para detener a los jóvenes y enseñarles el cultivo en esa zona, que sí es buena porque es una tinaja de agua que a los seis metros se encuentra el líquido”.
“Todo ese programa duró 12 años”, recordó con nostalgia.
POR LA RESTAURACIÓN Y MANTENIMIENTO DE LAS MISIONES DE BC
En la conversación, don Enrique Gamboa habló también del proyecto en el que él y sus amigos invirtieron tiempo y esfuerzo en los años 80 y 90, y el cual retomó este 2025 con intenciones de concretarlo en el 2026.
La conservación de las misiones Jesuitas en Baja California “son dos joyas arqueológicas que deben darse a conocer, tal como le dije al secretario General de Gobierno, Alfredo Álvarez Cárdenas, y deseo ayudar”.
Pero esta es una historia de persistencia que se reinicia; “…hace pues como 20 años algo así, me encontré con Luis Coppola Bonilla, era dueño del hotel Finisterra, allá en Los Cabos, y me dice: ‘Oye, te quiere conocer el padre Mario Mengini Pecchi’. Él era párroco en la iglesia en Cabo San Lucas, y le dio por estudiar las misiones jesuitas, y no más hay dos misiones en Baja California; estaban dos: Santa Gertrudis La Magna – construcción iniciada en 1752-, que está al norte, pegada paralelo 28, colindando con Baja California Sur, y San Francisco de Borja – construida en 1758-, que está aquí al sur del nuevo municipio, San Felipe”.
“Vino el padre a ver si le entraba a esto. Me dijeron: ‘Usted puede darle a un programa’; de inicio puse peros, pero al final dije sí. Platiqué con varia gente; don Luis Coppola me dijo: ‘Yo le entro contigo’., Juanito Bremer, de la Exportadora de Sal ESSA en Guerrero Negro, también participó”.
“Cuando empezamos, estaba como delegada del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Julia Bendimes, y nos sujetamos a los protocolos y requerimientos del INHA, incluso ellos nos trajeron restauradores oficiales del Instituto”.
“Nosotros -la empresa familiar, Fundidora Gamboa- recaudamos fondos, la exportadora de sal también, los dos hablamos con gente y colaboró, para los materiales y pagarles a los restauradores”.
“Levantamos las paredes que estaban apuntaladas, le metimos cimentación al piso, se usó la cantera y se contrataron canteros de la región que, dirigidos por los restauradores, repararon los techos, los espacios para desazolvar el agua, todas, completas.
Sin contar la organización, tramites y preparación, la restauración física, “ese proceso llevó más o menos tres años”, detalló, mientras recordó que, al concluir, llevaron al sacerdote Mario Meguini Pecchi, quien ya estaba enfermo, para que viera que su propuesta había generado resultados, el resultado de su obra.
De acuerdo a los reportes públicos, fue en 1997, que el Instituto Nacional de Antropología e Historia, con apoyos privados, concluyó las restauraciones…pero a lo largo de 28 años les ha faltado el mantenimiento.
Aquí de nuevo surge la presencia e información de otro amigo, Camilo Magoni, vitivinicultor y enólogo italiano, que llegó al Valle de Guadalupe, en Ensenada, en 1965.

“Camilo es un enamorado de la Baja California, hace viajes periódicamente a la arriba a la sierra a vivir con los nativos; él me dijo que las misiones restauradas no están en si mejor estado.
“Entonces le pedí que nos ayudara para tener el apoyo de la comunidad en un proyecto que nos permita sacar los terrenos de las misiones de la propiedad ejidal e involucrar al gobierno y un consejo ciudadano para garantizar el mantenimiento sustentable de estos espacios, y en eso estamos”.
Gambia Núñez explicó que el 29 de septiembre del 2025, al concluir la ceremonia en la que el Grupo 21 lo reconoció como Personaje del Año, aprovechó la presencia del secretario General de Gobierno, Alfredo Álvarez Cárdenas, para proponer el involucramiento del Gobierno del Estado.
“Quiero que hable usted con la gobernadora y le diga que es una lástima que dos monumentos históricos tan bonitos, que son unas joyas arqueológicas que están en nuestro estado, ubicadas en ejido, pero nadie las cuida”, le solicitó.
Gustoso, manifestó que tuvo una respuesta rápida del funcionario en la primera semana de diciembre pasado; “llamó y nos envió un especialista en temas ejidales”, les hicieron llegar fotografías aéreas de la ubicación de las misiones en las dimensiones de los ejidos, porque están buscando que los propietarios comunitarios cedan el espacio “que no es ni una centésima parte del todo”, comentó, “para catalogarlo como terreno misional”.
Ante la disposición gubernamental para apoyarlo en la recuperación de los espacios, ya convocó al sociólogo expresidente del Colegio de la Frontera Norte, Tonatiuh Guillén, y a otros seis empresarios y profesionales para que integren el comité ciudadano del proyecto, “para vigilar que las cosas sucedan bien, queremos ser un equipo fuerte”.
Asimismo, ya empezó a pedir favores. “Tenemos un joven profesional tijuanense para que nos haga el levantamiento topográfico; ya dijo que no nos cobrara nada, y eso es una gran ventaja”, comentó mientras recordó que el altruismo no se trata sólo de donar dinero, y que se ha dado cuenta que a la mayoría de la gente que apoya proyectos es más generosa en especie.
También advirtió que hace falta una revisión y análisis profesional del estado de los edificios por el deterioro del tiempo. “A lo mejor ahorita en un primer momento, será restaurar otra vez y después dar mantenimiento”.
En ese momento intentó reclutar a la reportera de este Semanario: “¿No te gustaría hacer algo a beneficio de esto, o sea, hacer una nota a beneficio de todo?”.
Luego habló de la importancia de conglomerar la participación del mayor número de personas. “A mí no me gusta criticar al gobierno, porque con unos y con otros, yo he hecho siempre obras sociales, al final, se trata de hacer que la gente colabore, y que el gobierno colabore”.
— ¿Cómo planean lograr que las comunidades indígenas se desprendan de una parte de sus terrenos ejidales, por mínima que sea?
“Mira, ahí entra el Estado y tenemos que hacer trueques”.
“¿Cómo podría el gobierno beneficiarlos a ellos? Pues haciendo un camino, porque el acceso actual está muy mal; eso beneficiaría tanto a la misión como a la a la comunidad y empoderaría al gobierno”.
“En el área, hay zonas de aguas termales, cuevas con pinturas rupestres. Los senderistas que hacen la Travesía Baja de Costa a Costa, que atraviesan a pie, en su punto más angosto, la Baja California, desde la Playa de Altamira en el Océano Pacífico hasta Bahía de Los Ángeles en el Mar de Cortés, descansan en La Misión de San Borja, la gente las visita incluso en las condiciones adversas actuales; podemos imaginar los beneficios que traería un mejor acceso”.
“Queremos fomentar el turismo. ¿Tú crees que no hay gente que quisiera ir a conocer las misiones?”.

MÁS CLUBES DE NIÑOS Y NIÑAS
“Cuando vinieron a verme de Estados Unidos para fundar en Tijuana el primer Club de Niños y Niñas de Latinoamérica, yo estaba trabajando en las misiones todavía y ya tenemos 16 años funcionando” recordó Gamboa.
“Eso no lo voy a dejar”, respondió cuando se le preguntó si continuaría en el proyecto.
“Soy presidente emérito nacional fundador, pero el presidente está en San Luis Potosí. Mauricio Mier, es buen muchacho, a veces me consulta para ciertas cosas, pero ya no me meto”.
Cuando se le preguntó de los resultados de este proyecto en Tijuana dijo “yo creo que casi tres mil niños sí atendimos. Y han salido muchos buenos chamacos, empezaron su educación con nosotros y ahora son profesionales; tenemos uno que está ahorita allá en Tesla”.
De su reclutamiento para el proyectó, narró: “Vinieron y me dijeron: ‘Oiga, usted fue a visitar un Club de Niños y Niñas en San Diego’; yo había acudido con mi amigo y compañero de misión Alejandro Villalvazo y nos gustó el esquema”.
“Aquí en Tijuana me preguntaron si había oído hablar del señor Tom Hazard, del Hazard Center de San Diego, a quien había conocido a través de la organización de un tornero de pesca para una casa hogar en Los Cabos que apoyamos con patrocinio; después de esa primera visita vino el hijo Hazard y me pidió que iniciara el proyecto en Tijuana”.
“Les solicité tiempo para empezar, pero volvieron creo que dos tres veces a convencerme. Hasta que lo consiguieron y fui a hablar con Kiko Vega, quien ya me había invitado a colaborar con el DIF; fue en el último año de su administración como alcalde de Tijuana, en 2001”.
Con apoyo de alumnos de la UABC realizaron una encuesta que justificó científicamente su proyecto, al constatar que en medio del clima de inseguridad que vivía Tijuana en la primera década del siglo, en la ciudad más del 40 por ciento de las trabajadoras de la industria maquiladora eran madres solteras que se veían obligadas a dejar a sus hijos solos o con vecinos, y en riesgo de caer en manos de los criminales, y con este modelo de prevención del delito podían minimizar los riesgos de los menores en las calles.
“Le pedimos un terreno y nos los dio; era un agujero lleno de basura en el fraccionamiento Loma Dorada, pero con eso trabajamos. Invité a mis amigos, al arquitecto y empresario Roberto Curiel, que sacó los desperdicios, las piedras y compactó el terreno (ahí están las canchas y el gimnasio); nivelamos el terreno, hicimos la maqueta, invité al desarrollador Raymundo Arnaiz, y a muchos más; el constructor don Raymundo Muzquiz nos regaló mucho concreto. Nos donaron mucho material, pero no teníamos dinero”.
“Al final, en dos años construimos un edificio con tres millones de dólares en Tijuana, con puro dinero de la iniciativa privada”.
Este, el primer centro de Latinoamérica, fue inaugurado en 2008, siendo el primero de su tipo. Ahora ya son 17 años desde su fundación, donde los menores, hijos de hombres y mujeres, viudos o solteros, matrimonios en los que ambos padres trabajan o disfuncionales que residen en zonas poco favorecidas, reciben clases de “manualidades, pintura, danza, valores, inteligencia emocional, autoestima, liderazgo, ajedrez, gimnasia, basquetbol, voleibol, futbol, Tae Kwon Do, tutorías, computación, inglés, así como talleres sobre alimentación saludable”.
Con clubes en Tijuana y Rosarito, los esfuerzos de Gamboa para seguir creciendo se dirigen este 2026 a las comunidades menos favorecidas en los nuevos municipios de San Felipe y San Quintín, los cuales, de acuerdo a las declaraciones públicas de Kurth Honold Morales, secretario de Economía e Innovación de Baja California, serán apoyados.
En San Quintín ya empezó a hablarle a los amigos, a buscar apoyos, terrenos y donaciones con la intención de concretar acciones y compromiso antes de que finalice el naciente año.
“Se tiene que tener la voluntad de dedicarle tiempo a esto”, expuso, al tiempo que agradeció a todos los amigos y colaboradores que por su permanencia y conexión con la comunidad.
En 2011, este Semanario ya reconocía la labor altruista de Enrique Gamboa Núñez, al designarlo Personaje del Año por su trabajo social en favor de los menores menos favorecidos. Ahora, por ser un ejemplo de resistencia y permanencia, de motivación consciente en proyectos que dejan una huella imborrable en la historia de Baja California, por ser un creador constante de comunidades de servidores sociales, que han hecho y seguirán haciendo de esta entidad un mejor lugar para vivir, el Semanario ZETA ha elegido a Enrique Gamboa Núñez como el primer bajacaliforniano en ser reconocido por segunda ocasión como Personaje del Año.





