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domingo, enero 4, 2026
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Cocinero Chino: no es suficiente terminarlo

 La obra de Óscar Ortega llegó a etapa de conclusión, luego de casi dos años de un proceso irregular, polémicas y repudio generalizado. El “cochinero” no es un caso cerrado

 

El Cocinero Chino, la obra maquinada por Carlos Torres Torres, exesposo de la gobernadora Marina del Pilar Avila Olmeda, llegó a su etapa de conclusión en medio de cuestionamientos, polémicas y un repudio casi generalizado de la sociedad mexicalense, quienes ya toman a broma la expectativa de la estructura de más de 20 metros erigida en la entrada de la calle Juárez, en el mal llamado Centro Histórico de Mexicali.

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Este 31 de diciembre era la fecha límite para la entrega de la obra al Ayuntamiento de la Capital bajacaliforniana, administración que erogó 1.5 millones de pesos en su construcción, al que se le suman “donaciones” de empresas como Cadena y Valle Dorado (favoritas del gobierno estatal) que ayudaron en la cimentación y el material del proyecto, el cual -según estimaciones realizadas por ingenieros para ZETA– rondaría entre los seis y ocho millones de pesos, a lo que se le debe agregar el costo de la maquinaria que estuvo permanentemente en el lugar.

En las últimas semanas, la obra mostró avances sustanciales y prácticamente fue concluida, salvo por detalles mínimos, por lo que -muy seguramente- el Ayuntamiento de Mexicali no ejercerá multas en contra del artista plástico tijuanense, Óscar Ortega, el cual fue electo mediante adjudicación directa.

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La obra inicialmente corrió por cuenta del Ayuntamiento de Mexicali, luego se involucró la Sidurt, y tras una serie de conflictos políticos internos, fue cedido a la Secretaría de Cultura, dirigida por Alma Delia Ábrego.

Más allá de que la única motivación para la construcción de una estatua racista -pues reduce a la comunidad china en Mexicali a una oferta de servicios- es para que turistas puedan tomarse selfies (según lo expresado por la gobernadora), lo importante de la herencia del actual gobierno morenista es que se construyó en total opacidad e ignorando por completo a la ciudadanía.

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Tanto la gobernadora Marina del Pilar Avila Olmeda como la alcaldesa Norma Alicia Bustamante desdeñaron la opinión de la ciudadanía, incluso de la comunidad china, para construir una estructura de más de 20 metros y que hace referencia a un proyecto de interés exclusivamente económico, donde invirtieron los amigos empresarios de la 4T, como Raúl Villarreal Álvarez (socio del secretario de Economía, Kurt Honold), Rodrigo Llantada Ávila (secretario del Ayuntamiento de Mexicali), Francisco Pérez Tejada (exalcalde de Mexicali), Tony Woo (empresario de origen chino), Marco Antonio Moreno (exsecretario de Hacienda de Marina del Pilar) y demás amigos cercanos, con la promesa de que sería un proyecto que elevaría la plusvalía y reviviría al Centro Histórico de Mexicali, pero que ha sido un rotundo fracaso, pese a los esfuerzos e inversión, dado que sólo ha reactivado el giro nocturno de la zona.

El verdadero problema es que un gobierno que se dice cercano a la gente, ignoró a la población, perdió una gran oportunidad para enaltecer algún símbolo de unidad mexicalense y generó un desgaste de la imagen, tanto del gobierno como de la comunidad china, la cual se involucra poco con el resto de la población.

La conclusión del proyecto no sepulta las preguntas sobre el costo de la obra, las condiciones en las que se otorgó, si cuenta con permisos para su construcción, o bien, conocer el origen de la idea que, según especialistas, pareciera una ocurrencia de borrachera y no un proyecto de identidad chino-mexicalense.

El proyecto Cocinero Chino, bautizado como “Cochinero” por los mexicalenses, es erigido como una Estela de Luz o el monumento Yaqui, en Sonora, pero careciendo de sentido, de identidad y, sobre todo, envuelto en una serie de dudas y sospechas de corrupción, que si bien no es la más grave que se ha registrado durante esta administración, al menos en Mexicali es la más visible.

El cochinero es de Carlos, de Marina, de Norma, de Cadena, de Valle Dorado, de los nuevos ricos de la 4T, pero no de los mexicalenses; nosotros no nos hacemos responsables por las decisiones unilaterales que toman los gobiernos y que imponen su agenda mediante caprichos. El “Cochinero” no es huérfano (a lo mucho, fue abandonado), pero tiene responsables; y aunque no tenga color -pues es totalmente blanca-, todos sabemos que es vinotinto.

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Autor(a)

Eduardo Villa
Eduardo Villa
Periodista desde 2011 y corresponsal en Mexicali del Semanario Zeta. Participante del Border Hub del International Center for Journalists y coautor del libro “Periodismo de Investigación en el ámbito local: transparencia, Acceso a la Información y Libertad de Expresión”
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