— Hola venía a sacarme una muela.
— Muy bien, sin dolor son 100 euros y con dolor son 500 euros.
— ¿No será al revés?
— No, es correcto.
— Pues entonces sin dolor.
Cuando el dentista empieza a sacar la muela el paciente empieza a gritar:
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— ¡¡¡AAAAAAHHHHHHHHHH!!!
— Estese calladito o tendré que cobrárselo con dolor.
Autor: Anónimo de Odontología.
Típica encuesta
— Perdone, es para una encuesta. ¿Tiene internet en casa?
— Sí
— ¿Y está contento con su actual compañía?
— ¿Se refiere a mi mujer? Hasta el copete.
Autor: Un ex.
Préstamo
Dos amigos gallegos:
— Oye Manolo, ¿me prestas 25 euros?
— Bueno, vale, pero con la condición de que no te los quedes mucho tiempo.
— ¡Ah! Por eso no te preocupes, en una hora ya no los tengo…
Autor: La Pilarica.
Humor intelectual
— ¿Por qué vas tan elegante a la universidad?
— Porque tengo clase.
* * *
— Quisiera comprar un libro sobre la fatiga y el cansancio.
— Lo siento, están agotados.
* * *
— Oye, ¿te gusta la teoría de Einstein?
— Relativamente.
* * *
— Alguna vez pensé que entre tú y yo todo se podría.
— Y, pues sí, se pudrió.
* * *
— Mi hijo está practicando natación.
— ¿Y qué tal le va?
— Nada mal.
* * *
— Doctor, soy asmática, ¿es grave?
— No, señora, es esdrújula.
* * *
— El mes pasado contraí matrimonio.
— Contraje.
— Claro, tenía que ser formal.
* * *
— No me quieres porque soy daltónico, ¿verdad, Celeste?
— ¡Me llamo Violeta!
* * *
— Oye, ¿cómo te llamas?
— No soy el ayer, ni soy el mañana.
— ¿De qué hablas?
— Me llamo Eloy.
* * *
— Hola, cielo, ¿cómo estás?
— Parcialmente nublado, con probabilidades de lluvia.
* * *
— Joven, ¿podría decirme dónde vio por última vez a la señora de las empanadas?
— Por su puesto.
Autor: El ocurrente.
Interrupción
Estaba un sacerdote sentado en la mesa a punto de almorzar, cuando de repente entra un hombre asustado gritando:
— Padre… padre he pecado.
El padre asustado también le responde:
— No, no, es de pollo.
Autor: Un rabino.
Exorcista
Dos borrachos van por la calle y uno le dice al otro:
— Creo que me iré a casa, mi mujer me estará esperando para jugar al exorcista.
— ¿El exorcista? ¿Y cómo se juega?
— Pues mientras ella me echa el sermón yo echo las tripas.
Autor: Un monaguillo.
Minerales
Profesor:
— Jaimito, dígame qué mineral es éste.
Jaimito:
— Es una piedra.
Los compañeros, susurrando:
— Basalto, Jaimito, basalto.
Jaimito:
— ¡¡¡UNA PIEDRAAAA!!!
Autor: Pepito.
Miyagi
En una entrevista de trabajo:
— Muy bien, Javier, el puesto es casi suyo, pero antes una última pregunta, dígame un personaje que admire.
— Miyagi
— ¿El de Karate Kid?
— No, el de los Rolling.
— ¿Mick Jagger?
— Usted sí que habla inglés bien, nivel pro.
Autor: Maestro de idiomas.
Padre nuestro
Una mujer sin hijos, después de haber probado todos los métodos para quedar embarazada sin lograrlo, se entera que una amiga se ha quedado en estado sólo con un Ave María en la iglesia del pueblo de al lado. A los pocos días, decide ir a la misma iglesia con el deseo de quedar embarazada también.
— Buenas Padre —saluda al párroco
— Buenos días, hija, ¿en qué puedo ayudarte?
— Mire Padre, una amiga me ha dicho, que vino aquí y que quedó embarazada con sólo un Ave María.
— No hija, no. Fue con un Padre Nuestro, y ya lo corrimos.
Autor: Una novicia.
Santos abogados
Llega un abogado al cielo y toca la puerta, en eso le sale a recibir San Pedro y le pregunta:
— ¿Y tú quién eres?
— Yo soy abogado.
— Los abogados no entran aquí.
— Cómo que no, si el cielo es un lugar público… ¿y tú quién eres?
— Soy el Portero y Guardián del Cielo…
— Entonces muéstrame tu Acta de Nombramiento.
San Pedro titubea por un momento y se va a preguntarle a Jesús:
— Señor, allí afuera hay un abogado que dice que puede ingresar al cielo porque es un lugar público.
Jesús se acerca con el abogado y le dice:
— Mira, aquí no entra ningún abogado.
El abogado, molesto, le pregunta:
— ¿Y tú quién eres?
— Yo soy el hijo de Dios…
— Entonces muéstrame tu Acta de Nacimiento, a ver si es cierto.
Se voltea a ver a Jesús y le dice a San Pedro:
— Mira, mejor dejamos entrar a este abogado o luego me pedirá el Acta de Matrimonio de mi padre y entonces sí que estamos amolados.
Autor: Un notario.