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domingo, julio 21, 2024
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“No permito que un oficialismo me imponga ideas”: Juan Zúñiga

“Mi obra es abstracta neofigurativa”, expresó a ZETA el artista plástico que en 2024 celebra 80 años de vida y seis décadas en el arte

Uno de los protagonistas de la plástica bajacaliforniana nacido en la década de 1940 ha sido el maestro Juan Zúñiga, que este año celebra 80 años de vida y más de seis décadas dedicado al arte, desde la pintura, el muralismo y la cerámica.

Desconcertado por el incendio de su casa y taller de la colonia Libertad de Tijuana, ocurrido el 12 de noviembre de 2023, que arrasó con su obra pictórica y de cerámica, así como su vivienda y artículos personales, Zúñiga expresa a ZETA:

“Me quedé patinando con el incendio de la casa. No encontré forma de cómo comprobar que eso no fue accidental. Los bomberos no pudieron apagarlo”, relata el maestro Juan Zúñiga entre vestigios achicharrados o pulverizados de su obra y recuerdos de una de una trayectoria fundamental en el arte tijuanense y bajacaliforniano.

DE MICHOACÁN A TIJUANA

Hijo de Antonio Zúñiga y Aurora Padilla, Juan Zúñiga Padilla nace el 3 de febrero de 1944 en Pátzcuaro, Michoacán. Recuerda que desde temprana edad lo suyo ha sido el arte:

“Tenía cuatro años de edad, aproximadamente, y a partir de esa edad me gustaba dibujar. A mí me encantaba en esa época todo lo de Walt Disney y todo tipo de monitos”.

Entre 1958 y 1962 estudia en la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en ese entonces popularmente conocida como Academia de San Carlos.

¿Qué maestros fueron determinantes en su formación o en su obra en la Academia de San Carlos?

“Había un maestro que para mí fue primordial para toda mi vida, se llamaba Guillermo Castaño Alvarado. Este maestro era muy particular en la forma de tratar a la gente, particularmente a mí. Era demasiado exigente y dije: ‘Bueno, pues lo que me importa es aprender, qué importa cómo sea’. Y bueno, estuve estudiando con él, era extremadamente exigente, mal hablado, mal conducido”.

De hecho, todavía recuerda haber sido ayudante de Guillermo Castaño Alvarado en Xochimilco, donde aprende los secretos de la escultura y la cerámica:

“Pasaron los años y me dijo: ‘Necesito un ayudante. Yo tengo una fábrica-taller allá por Xochimilco’. Está bien, le dije. No me preguntó, me dijo: ‘Te vas a ir a trabajar conmigo’. Y empecé a trabajar con él a hacer escultura, a cuidar sus hornos, él era ceramista también”.

¿Qué aprendió con el maestro Guillermo Castaño Alvarado?

“Responsabilidad, habilidad, no estar esperando que me caigan las cosas del cielo, sino yo tener la capacidad de visualizar e inventar cosas que sepa que van a funcionar adecuadamente y que no me es permitido hacer las cosas mal hechas, sino siempre tener esa seguridad de que lo que produzco es lo que yo esperaba que funcionara y que quedara como yo había visualizado. Nunca me enseñó así como enseñarme, veía su vida y yo tenía que estar muy atento a lo que hacía, lo que hablaba y cómo se movía”.

Trae a la memoria que en 1975, apoyado por el empresario Andrés Iriarte, cursa un posgrado en arte en Castellón de la Plana, en España.

“San Carlos fue la secundaria, Castellón de la Plana fue la universidad, por mencionar los niveles. Este señor, Andrés Iriarte, estaba muy interesado en que yo aprendiera las técnicas italianas, entre otras cosas. Entonces, para eso me  pone dos maestros: un español y un italiano, eran maestros personalmente para mí todo el tiempo. El italiano se llamaba Tiano Peri, era ceramista y artista con el dibujo; tuve bronca para poder comunicarme con él porque él hablaba poco español y pues yo casi nada de italiano, pero como quiera que sea, nos dimos a entender. Yo llevaba todo el bagaje del pasado con las técnicas de mi maestro Castaño, eso me permitió ser más fácil de poder aprender”, cuenta el artista plástico.

De repente, en el recorrido para ZETA, en el patio del taller donde ocurrió el incendio, Juan Zúñiga muestra al reportero un lavadero de cemento con el número 78, mientras asegura que ese año llega a Tijuana, para fortuna del arte bajacaliforniano.

 

SU OBRA PICTÓRICA

Tras su llegada a Tijuana en 1978, Juan Zúñiga pronto se integra al movimiento artístico de la ciudad fronteriza, donde ha forjado una trayectoria fundamental como pintor, escultor y ceramista, además de maestro de diversas generaciones de artistas y alumnos en la Casa de la Cultura Tijuana de la colonia Altamira.

Salvo algunos coleccionistas que conservan alguna pieza de Zúñiga, el incendio arrasó con todas sus pinturas. El Archivo Histórico de Tijuana resguarda un expediente de su obra y vida, además de diversas fotografías digitalizadas de algunas de sus pinturas creadas durante seis décadas de trayectoria.

¿Cómo podría definir su obra pictórica, que aunque se quemó, forma parte de la historia de la plástica tijuanense y bajacaliforniana?

“Mi obra es abstracta neofigurativa. No me gusta trabajar el abstracto puro, porque la gente no vería nada, es más complejo. Yo tengo que traer a la gente desde abajo, para poderla llevar poco a poco al conocimiento. Lo figurativo es para que no cueste mucho trabajo leer, porque el arte es una forma de lenguaje y no todas las personas están preparadas para poder leer este lenguaje, entonces, tengo que darles la facilidad de entrar a la descripción del trabajo a través de lo figurativo, pero en realidad no existe”.

Su obra es abundante en simbolismos, tal como reconoce:

“La gente siempre pregunta ¿qué es? No es qué es, sino qué simboliza, porque mi pintura también es simbólica. O sea, mi pintura abarca todas las corrientes: el realismo, el expresionismo, el impresionismo, el abstracto, ahí meto todo eso; no es abstracta cien por ciento, tiene todas las corrientes conocidas y mi sello, obviamente”.

¿Qué papel juegan los símbolos en su obra?

“A través de los símbolos, si les interesa ahondar más, se van a poner a investigar, a estudiar, a preguntar. Por ejemplo, algo sencillo como el compás, ¿cuánta gente sabe el significado del compás? Poquísima, si no es que casi nadie, excepto si un individuo es masón. Una pintura mural, para que sea mural, tiene que ser un libro abierto, donde el idioma que contiene casi cualquiera pueda leerlo, entenderlo. Esa es la característica de lo que hago: tiene que decir algo, si no dice nada no tiene sentido”.

Además de que sus obras son neofigurativas, ¿qué más tienen en común?

“Cumplen una función de enseñanza a la gente que lo ve. Mi trabajo es constructivo para la gente, es ilustrativo, es para el bien, para el crecimiento espiritual e intelectual de la gente, por eso ocupo todas las corrientes del arte”.

Otra de las características en la obra pictórica de Juan Zúñiga es el uso de colores cálidos, como el amarillo, naranja y en general colores primarios (rojo, amarillo, azul).

“El uso del color no es accidental, es con un profundo conocimiento, es parte del abecedario que uno tiene que saber para poder escribir lo que quieres narrar. El color es un lenguaje. Científicamente está comprobado que los colores emiten cierta radiación, cierto espectro y ese espectro te va a ti a propiciar en tu cerebro una respuesta determinada. Si yo sé manejar ese lenguaje, yo sé cómo quiero que tú reacciones. Si yo quiero transmitir con mi trabajo, que es intenso lo que estoy tratando de comunicar o que es agresivo, el color que tengo que usar es el rojo, pero si quiero transmitir que debe haber calma, empleo azul. Y si quiero neutro, pues el amarillo”.

“NO PERMITO QUE UN OFICIALISMO ME IMPONGA IDEAS”

Juan Zúñiga es autor de diversos murales creados en Baja California, como “La cosmogonía del Quinto Sol”, en el paso turístico peatonal Tijuana-San Ysidro; “Tierra y libertad”, en Rosarito, actualmente destruido; “La puerta”, en el acceso turístico peatonal de línea internacional de Tijuana; “La filantropía y el arte en la educación”, en CETYS Universidad; y “La historia del libro” (en coautoría con Rosendo Méndez), ubicado en el interior de la Librería El Día de Tijuana, entre otros.

Un mural también emblemático de su legado pictórico es indudablemente “Raíces históricas de Baja California”, creado en el Palacio Municipal de Tijuana.

“Narra la historia de Baja California desde los primeros habitantes hasta el presente. Es un homenaje también a las mujeres que trabajan en las maquiladoras”, revela.

Luego se le cita al entrevistado un fragmento de “De aquellos páramos sin cultura…” de Roberto Rosique (Secretaría de Cultura, Centro Cultural Tijuana, Instituto de Cultura de Baja California, 2016), donde se lee que Juan Zúñiga “Sostiene su presencia particularmente en los diversos murales creados en la localidad, resueltos en su mayoría bajo preceptos convencionales y aferrados a discursos oficialistas”.

¿Sus murales están “resueltos en su mayoría bajo preceptos convencionales y aferrados a discursos oficialistas”?

“Mentira, jamás, nunca. Oficialista me suena a político y no es cierto; no permito ni he permitido ni voy a permitir jamás, ni antes ni después, ni aunque esté muerto, que un oficialismo me imponga ideas que no sean las propias”.

A propósito de que sus murales no tienen un “discurso oficialista”, ¿qué tienen en común?

“Un mural es como un libro abierto que narra algo, que puede ser historia, pueden ser las vivencias de las personas, que es un discurso que mueve y promueve a la gente en cuanto al contenido, o sea, es para poder educar a través de esa creación algo que yo pretendo que la gente se empape en él”.

“LA PINTURA ES UNA FORMA DE COMUNICACIÓN”

En 2024, Juan Zúñiga celebra 80 años de vida y poco más de seis décadas dedicadas al arte.

¿Qué ha sido la pintura para usted durante su vida?

“La pintura es una forma de comunicación, de mi forma de pensamiento, es un trabajo que está hecho con la finalidad de construir mentes, recrea la inteligencia, te hace crecer, porque el arte es una forma de alimentar el espíritu”.

¿Cómo describiría su lenguaje artístico, independientemente si crea una pintura de caballete, un mural o una pieza de cerámica?

“No manejo una sola corriente del mundo del arte, sino todas las corrientes: la realista, que es una de las madres de la pintura; la expresión, porque también es una parte del trabajo del pintor; la neofigurativa, porque también es una base del pintor. Al final, hay tres escuelas nada más, de ahí salen todas las demás: realismo, expresionismo y abstraccionismo, pero intermedios hay otras corrientes. Yo no me sujeto nada más a una escuela del arte, las ocupo todas; no las mezclo, las uso en ciertas zonas para poderle dar fuerza a lo que quiero transmitir”.

¿Qué tanto ha influido la frontera en su obra?

“Pinté un libro que llamé ‘El libro de los migrantes’ donde narro a mi manera lo que para mí significa moverse de un país a otro, eso es lo que la frontera me hizo ver y por eso tuve que hacer un libro, de 30 páginas y quedó abierto, no lo terminé. Si se me prende el foco ahorita, me pongo al día, tengo que revisar las noticias de todo lo que ha acontecido a partir de ese momento para continuar narrando con pintura lo que está pasando ahorita. Puedo ocuparme del conflicto de Israel y Palestina”.

 

EL INCENDIO

En el recorrido para ZETA, Juan Zúñiga muestra al reportero montones de figuras de cerámica que quedaron del incendio, aunque la obra pictórica quedó hecha ceniza y sólo cuatro hornos se salvaron por su resistencia a las altas temperaturas.

Zúñiga cuenta que transcurría el 12 de noviembre de 2023 cuando se encontraba durmiendo plácidamente en su casa-taller, localizado en la parte alta de la colonia Libertad.

“Era la una de la mañana cuando me di cuenta. Estaba dormido, entonces empecé a toser, era el humo, definitivamente ya no aguanté y abrí los ojos, estaba blanco todo, no se veía nada. Agarré del brazo a mi esposa y casi la saqué arrastrando de la cama. Y yo diciéndole a mi hijo, vámonos para afuera. Al final no tenía con qué tomar fotografías porque también se quemó el celular. Los bomberos viendo el show”, narra a ZETA Juan Zúñiga al lado de su esposa, doña María Eugenia.

“Perdimos todo: documentos, credenciales, pasaportes, todo, todo”, refiere, aunque reconoce que, afortunadamente, los tres salvaron la vida.

Todavía con la incertidumbre, dice que su obra pictórica era su seguro de vida, pues este año también renunció como maestro de la Casa de la Cultura de Tijuana.

“Eran pinturas que estuve pintando durante 60 años, unas 60 pinturas, no llegaban a cientos porque yo poco produje de caballete. Yo tenía tal cantidad de material ahí que dije: Éste es nuestro seguro de vida, cuando ya no pueda trabajar agarro un cuadrito y lo vendo; si se acaba, agarro otro y lo vendo”.

Finalmente, advierte tras haberlo perdido todo: “Me quedé patinando con el incendio de la casa. No encontré forma de cómo comprobar que eso no fue accidental”.

Los interesados en comunicarse con el maestro Juan Zúñiga, pueden marcarle a su celular de Tijuana: 664-809-0584.

Autor(a)

Enrique Mendoza
Enrique Mendoza
Estudió Comunicación en UABC Campus Tijuana. Premio Estatal de Literatura 2022-2023 en Baja California en la categoría de Periodismo Cultural. Autor del libro “Poetas de frontera. Anécdotas y otros diálogos con poetas tijuanenses nacidos en las décadas de 1940 y 1950”. Periodista cultural en Semanario ZETA de 2004 a la fecha.
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