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viernes, junio 14, 2024
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Incluyen a Olga Gutiérrez en el “Fondo de Poetas Mexicanas Biblioteca Sor Juana Inés de la Cruz”

La poeta tijuanense Olga Gutiérrez Galindo fue incluida en el “Fondo de Poetas Mexicanas Biblioteca Sor Juana Inés de la Cruz” de la Universidad del Claustro de Sor Juana.


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Durante la ceremonia de la Universidad del Claustro celebrada el martes 28 de mayo de 2024, en Ciudad de México, también leyeron su obra y entregaron algunos de sus libros al “Fondo de Poetas Mexicanas Biblioteca Sor Juana Inés de la Cruz”, además de Olga Gutiérrez (San Diego-Tijuana), autoras como Amaranta Caballero (Guanajuato), Silvia Eugenia Castillero (Guadalajara), Tania Favela (Ciudad de México), Pura López Colomé (Ciudad de México), Xitlalitl  Rodríguez (Guadalajara), Karen Villeda (Tlaxcala) y Blanca Luz Pulido (Estado de México).

“Nos da mucho gusto recibirlas en este Fondo que hemos creado dada la importancia de la escritura poética de las autoras mexicanas desde Sor Juana Inés de la Cruz hasta nuestros días. La Dirección Cultural de la Universidad del Claustro, a través de la Cátedra Iberoamericana Elsa Cross y la Biblioteca Sor Juana han creado este Fondo especial, único en su género, con fondos de poetas vivas nacidas en el Siglo XX y en el Siglo XXI para fomentar la lectura de su obra, así como difundir la importancia y vitalidad de las poéticas de estas autoras”, expresó Rocío Cerón, coordinadora de la Cátedra de Poesía Iberoamericana Elsa Cross y el Fondo de Poetas Mexicanas, y catedrática en la Universidad del Claustro de Sor Juana.

Cerón expuso que el “Fondo de Poetas Mexicanas Biblioteca Sor Juana Inés de la Cruz” fue inaugurado en 2023 y ha recibido libros de más de 15 autoras, entre ellas de Elsa Cross, Carmen Villoro, Sara Uribe, Cristina Rascón, Maricela Guerrero, Coral Bracho, Cristina Rascón, Maricela Guerrero, Minerva Reynosa, entre otras.


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Durante su participación, Olga Gutiérrez refirió previo a la lectura de fragmentos de su obra: “Muchas gracias al Claustro de Sor Juana por la invitación, muchas gracias a Rocío Cerón, que está ahorita con nosotros, a todas mis amigas y compañeras poetas en esta lectura, muchas gracias. Sor Juana, muchas gracias por reunirnos y es un orgasmo, es un orgasmo”.

En noviembre de 2023, ZETA publicó una entrevista titulada “‘Pienso que la poesía es Dios’: Olga Gutiérrez Galindo”, misma que puede leerse íntegra a continuación:

LA ENTREVISTA

Una poeta tijuanense fundamental, parte de la generación de autores fronterizos de la región Tijuana-San Diego nacidos en la década de los 50, es Olga Gutiérrez Galindo.

Aunque su primer poemario “ÍÍÉ” (Ediciones de la Esquina), fue publicado en 2014 cuando ella tenía 63 años, Gutiérrez Galindo es la autora de una obra poética original y sólida, en la que propone una comunión indisoluble entre poesía y fisicomatemáticas.

A “ÍÍÉ” le siguieron poemarios como “Dark Matter” (Universidad de Guanajuato, 2019), “Emily” (CETYS Universidad, 2019) y “Visitaciones” (Cinosargo Ediciones, 2021), de los que la autora prepara una antología con estos cuatro libros, aunque, expresó a ZETA, “no hay prisa si es este año, o si no el otro año está bien”.

Hija de Efraín Gutiérrez Esquivel y Olga Galindo Hernández, Olga Gutiérrez Galindo nació el 31 de agosto de 1951 en Torreón, Coahuila; estudió Fisicomatemáticas en el Tecnológico de Monterrey entre 1971 y 1975.

Vivió en Tijuana de 1977 a 1991, año en que se mudó a San Diego, California, donde reside actualmente. A diferencia de los escritores tijuanenses nacidos en la década de 1950, Gutiérrez Galindo aseguró a ZETA que no tuvo relación con escritores tijuanenses en la ciudad fronteriza hacia finales de la década de los 70 ni en la década de los 80, ni participó en algún taller literario como sus contemporáneos. “Esa etapa se me pasó”, reconoció.

— Luego de que te mudaste a San Diego en 1991, ¿con qué escritores empezaste a tener contacto en el otro lado, a diferencia de Tijuana?

“En San Diego, con todos los que estaban escribiendo en el café Claire de Lune, era un mundo de poetas. Una cosa de San Diego es que se tenía un respeto hacia el poeta y hacia la poesía. En Claire de Lune se invitaba a un poeta y ese poeta podía 10 minutos leer su poema y después el público se apuntaba, el público tenía tres minutos para leer. Era una delicia porque venían de todas las edades, de todas las ideologías, de todas las formas de escribir y hacíamos amistad con todos ellos. Fue un momento increíble en San Diego, y yo creo que en el mundo, porque no había yo visto algo igual”, reconoció Olga Gutiérrez, para luego rememorar a diversos autores:

“En el Claire de Lune estaba una poeta muy famosa, Gabriela Anaya Valdepeña, también Brandon Cesmat, Delores Fisher, Megan Webster, Roger Aplon, Chris Vannoy, Lisa Stouder; en fin, la mayoría eran americanos, casi todos escribían en inglés. Ahí también estaban Joan Lindgren y Mark Weiss, ellos asistían y leían sus poemas; Paula Jones, Linda Hutchinson, Elaina Taylor, Luna De Mente, Cait Casey, Rosalie Fisher”, constató.

“Yo lo que hacía era leer mis poemas en inglés y también algunos poemas en español. Fue una época dorada, muy hermosa; eso yo creo que fue desde 1997 hasta el 2000 y pico que se cerró el Claire de Lune (el café cerró en 2016)”, valoró.

Durante la entrevista para ZETA, Olga Gutiérrez Galindo también evocó el Encuentro de Poetas Tijuana-San Diego llevado a cabo en 1999 en la Casa de la Cultura Tijuana de la colonia Altamira, donde se reunieron alrededor de 20 autores tanto tijuanenses como del otro lado; ése sería el inicio de su relación con poetas tijuanenses.

Para empezar, recordó cómo surgió la idea del Encuentro:

“Realmente Rebeca Noriega me dijo a mí y ella a Eduardo Arellano. Alejandro Rodríguez dijo que la Casa de la Cultura nos recibía; Alejandro organizó la comida y los eventos artísticos anteriores a la lectura. Ordenó que se reacomodara la Biblioteca para recibirnos. Megan Webster, Gabriela Valdepeña y yo reunimos a los demás poetas americanos e hicimos las traducciones; el que convocó a los mexicanos fue Eduardo Arellano, y Mark Weiss y Joan Lindgren hicieron las traducciones”, rememoró.

“Estaba Alejandro Rodríguez en la Casa de la Cultura, que después fue también director del IMAC (Instituto Municipal de Arte y Cultura). Me acuerdo de habernos reunido con él anteriormente Megan Webster, Rebeca Noriega, Eduardo Arellano y Gabriela Anaya Valdepeña. Alejandro Rodríguez fue el que nos tuvo todo el espacio increíblemente, incluso con comida, música y todo; estuvo muy impactante, muy bien organizado”.

Sobre el Encuentro de Poetas Tijuana-San Diego de 1999, trajo a la memoria:

“Serían unos veinte poetas, yo creo. Estaba Pancho Morales, Eduardo Arellano, muchos poetas. Fueron varias mesas, eran de cuatro: dos de Estados Unidos y dos de Tijuana. Fue muy lindo, todo mundo entendía todo porque fue bilingüe la lectura. Yo me hice muy amiga de los dos traductores, Joan Lindgren y Mark Weiss, que cuando venimos a Tijuana fue cuando yo los conocí; ellos habían hecho las traducciones de los poetas mexicanos al inglés, y mi amiga Megan Webster, Gabriela Anaya Valdepeña y yo, hicimos del inglés al español”.

De ese Encuentro, Olga Gutiérrez Galindo mostró fotografías donde aparecen, además de ella, otros poetas participantes, entre ellos reconoció a Eduardo Arellano, Francisco Morales, Elaina Taylor, Lisa Stouder, Gabriela Anaya, Luna De Mente, Cait Casey, Megan Webster, Linda Hutchinson, Chris Vannoy, Gilberto Zúñiga, Mark Weiss y Carlos Adolfo Gutiérrez Vidal.

— ¿Por qué fue importante este Encuentro de Poetas Tijuana-San Diego de 1999?, cuestionó ZETA a la autora.

“Fue muy lindo leer en inglés y en español, porque todo mundo se entendía en los dos idiomas. Eso de estar cada poeta con su forma de poesía, su estilo de poesía, su persona, conviviendo con otros mundos, otros poetas, es impactante; ésa era la gran diversidad que se veía en este encuentro. Había poetas jóvenes, poetas no tan jóvenes, diferentes tipos de escritura. En fin, era una representación de lo que es verdaderamente la frontera.

“Fue una mezcla: lo que vivimos en Tijuana-San Diego, la mezcla de los idiomas, de las procedencias, de las diferentes experiencias que cada quien tiene, unidos todos en la cuestión de la poesía. En poesía, tener esta comunión diversa te abre mundos. La frontera te abre, te llena de vida”.

“ÍÍÉ”, primer poemario de Olga Gutiérrez Galindo, fue editado en 2014 por la también poeta Amaranta Caballero en Ediciones de la Esquina; incluso Caballero es la autora de la cuarta de forros del tercer y cuarto poemario de Gutiérrez: “Dark Matter” y “Visitaciones”, respectivamente.

“Actualmente, en el panorama de nuestro país, allende fronteras, no hay poética más interesante, vital, inteligente que la escrita por Olga Gutiérrez”, sostiene Amaranta Caballero en la cuarta de forros de “Visitaciones”.

“En mi vida, Amaranta ha sido de gran trascendencia, no sólo porque mi obra poética, gracias a ella se dio a conocer, sino por haberme ofrecido su amistad”, reconoció Gutiérrez.

— ¿Por qué Amaranta Caballero ha sido importante no sólo en la edición de “ÍÍÉ”, sino en tu trayectoria?

“Es impactante que lo que yo escribí hubo respuesta del público, hubo un contacto con alguien sin habernos jamás conocido, simplemente que esto nos unió, eso es lo que le agradezco a Amaranta Caballero. Gracias a Amaranta que publicó mi libro, pude yo establecer un contacto con seres que en mi vida había visto, con personas que no eran mis amigos, que no sabía nada de ellos y, sin embargo, había un nexo que podía traducirse después en amistad y que en muchos casos así pasó, o era una persona que en mi vida había visto y que algo le hizo a esta persona mi escritura, pues es un sentimiento de ‘no estoy sola, hay alguien’. Qué padre esa conexión con el lector, lo noté más en las lecturas en físico, presenciales, que había una respuesta. La respuesta no tiene que ser que te entiendan, que les caíste bien, nada de eso; tiene que ver con la conexión, incluso si no les gustó, hasta eso es bonito, o sea, hay algo que está ahí conectando, eso es lo maravilloso”.

Olga Gutiérrez Galindo escribe con el heterónimo “enriKetta luissi”, conformado por tres identidades, tal como reveló a ZETA:

“‘enriKetta luissi’ viene de mis abuelas que no conocí, más que lo que me platicaban de ellas. Enriqueta era mi bisabuela materna, que era una santa, una niña bien de Chihuahua que lo que se esperaba de ella es estudiar francés, tocar piano y ser buena persona. La ‘K’ en ‘enriKetta’ es de Kafka. Y ‘luissi’ es por mi bisabuela paterna, que era lo opuesto a la bisabuela materna, era de origen italiano, era libre como el viento; el marido le decía ‘Quiero casarme’ y ella decía ‘No me voy a casar jamás, porque me vas a atar y yo no me caso’, y no se casó. Aunque el hombre tenía mucho dinero y era no sé quién, dijo ‘No, no me caso’. Entonces, por eso está ‘enriKetta luissi’, las dos cosas que existen”.

— ¿Consideras que estas identidades que conforman el nombre de “enriKetta luissi” te dictan, te orientan?

 “Creo que sí. O sea, esa fuerza de creatividad de que indaga, que ve mi inconsciente -si acaso existe el inconsciente, no sé-, y que va viendo cómo estoy viviendo lo que estoy padeciendo o experimentando, impulsa, activa ciertos lugares y entonces son los poemas que vienen ahí, las palabras que ahí salen, las conexiones que yo conscientemente no las haría”.

— ¿Cómo fue el proceso de escritura y publicación de “ÍÍÉ”?

“‘ÍÍÉ’ fue un libro que salió en tres sábados, o sea, me despertaba a las cuatro de la mañana a oscuras, tenía yo mi libreta y me estaban dictando, entonces escribí y escribí y escribí, cuidando de no empalmarme. Amaranta Caballero lo revisó y dijo ‘Esto está para publicarse’. Se llama ‘ÍÍÉ’ porque se repite todo el tiempo, estaba yo acostada y oía yo ‘ÍÍÉ, ÍÍÉ, ÍÍÉ’, hasta que ya de publicado en Guanajuato, en el Teatro Juárez, estaba un japonés joven escribiendo, dice: ‘Por diez pesos, le escribo su nombre en japonés’. Le digo ‘No, escríbeme ‘ÍÍÉ’ en japonés’. Me dijo: ‘¿Sabe usted qué significa IIE en japonés?’. Le dije ‘Ni idea’. Dice ‘Quiere decir ‘no’”.

— ¿A qué te refieres cuando dices “me estaban dictando”?

“Pienso yo que ‘enriKetta luissi’ es la que escribe, le llamo a esta fuerza creadora ‘enriKetta luissi’, que sabe más de mí que yo, porque pienso que todo incide, todo lo que vivimos, oímos, escuchamos, todo se guarda y por alguna razón se combina de tal forma que se convierten en palabras y que sale el poema, ahí está todo, así sale. Así me pasó con ‘ÍÍÉ’, pero en ‘ÍÍÉ’ fue como no poder parar; casi no lo edité, está como en bruto”.

— En “Dark Matter” se lee en el poema “En la galaxia de nombre impronunciable”: “Habrá siete escaleras por las site vías galácticas / por los siete agujeros negros y los siete demonios cuánticos / habrá siete a las siete sombras que revelarán mis nombres infinitos”. A propósito de cuando dices “mis nombres”, ¿quién habla en la poesía de Olga Gutiérrez Galindo? ¿Podrías hablarnos del “yo lírico”?

“Ese yo es indescifrable, creo que lo conozco poquito, es infinito, desconocido, se presenta, algún día dejará de presentarse, espero que no. Es una razón de vivir muy fuerte el tener a esta persona, ‘enriKetta luissi’, en mi vida, no puedo decir salvación, pero es algo más fuerte que mi cuerpo, que la materia, y creo que eso trasciende, no muere; es un enigma”.

Por la obra de Olga Gutiérrez Galindo deambula también Emily Dickinson, ya sea como epígrafes o incluso en sus versos y hasta en el título de su tercer poemario.

— ¿Por qué en tu obra siempre está presente el nombre de Emily?

“Sí, es Emily Dickinson. Ella siempre está en mi cabecera, tengo sus obras completas (The Complete Poems of Emily Dickinson), todos los días leo algo, poquito, un poema, medio poema y siempre aprendo algo, es como mi biblia, más que mi biblia. Hay una conexión con Emily desde niña, desde la primera vez que leí un poema de ella en el colegio me impactó, no podía entender gran cosa de lo que estaba diciendo, pero hubo algo que me centró en ella y estoy así con la obsesión desde siempre. Y siempre aprendo de ella, no me sé nada de memoria de ella, pero su poesía me llega muchísimo. Tengo sus obras completas y al azar leo algo, y siempre hay algo”.

Gutiérrez hasta se percató de la exactitud en la medida de los versos de Dickinson: “Cada línea, está todo bien cuidadito lo que escribió. Cada palabra está en su preciso lugar, como muy matemático en cierta forma también”.

De hecho, especuló: “Yo creo que si Emily Dickinson se hubiera salido un poquito más y alguien -una Amaranta Caballero- le hubiera dicho ‘Mira, Emily, vamos a publicar tus libros’; si Emily hubiera leído frente a un público y visto lo que causaba en la gente, pues otra cosa hubiera sido su vida, no aislada totalmente. Esa sensación es única. Es decir, ‘ya me puedo morir ahorita’. Para mí, eso es, ya hay esa humanidad, o sea, todas las estructuras se rompen, estás en otro nivel”.

Leer “Visitaciones” de Olga Gutiérrez Galindo es también encontrarse de repente con algunas reflexiones sobre literatura:

— “Diría que mi obra es una intersección de meta-literatura y meta-matemáticas en una taza de yogurt”, se lee en “Visitaciones”.

“Eso es poesía, es todo, es no nada más irse con la literatura o nada más matemáticas. Es meter las dos cosas en una taza de yogurt, con la textura del yogurt, con el color del yogurt, con el aroma del yogurt, con la acidez del yogurt, es eso”.

— Finalmente, ¿ciencia y poesía es para ti como una visión del mundo?

“Definitivamente, sí. Eso es una cuestión que me pregunto mucho: ¿Qué es la poesía? ¿Qué es las matemáticas? ¿La poesía incluye las matemáticas? ¿Las matemáticas incluyen a la poesía? Pienso que la poesía es Dios, aunque en Dios también están las matemáticas. Todo esto de las matemáticas y la física que aparece en mi obra, es porque yo estudié eso y se me viene natural; o sea, para mí, las matemáticas es poesía y la poesía es matemáticas. Para mí la poesía y las matemáticas es la forma en cómo yo veo la vida”.

Autor(a)

Enrique Mendoza
Enrique Mendoza
Estudió Comunicación en UABC Campus Tijuana. Premio Estatal de Literatura 2022-2023 en Baja California en la categoría de Periodismo Cultural. Autor del libro “Poetas de frontera. Anécdotas y otros diálogos con poetas tijuanenses nacidos en las décadas de 1940 y 1950”. Periodista cultural en Semanario ZETA de 2004 a la fecha.
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