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miércoles, junio 12, 2024
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“Si hay constancia de que el hombre existe, ésta es la poesía”: José Luis Rivas

“He tomado cosas prestadas de mi madre, de mi abuela, tías, historias que he escuchado decir en una peluquería; he asaltado y robado en todas partes”, expresó a ZETA el poeta mexicano

El poeta, ensayista y traductor mexicano José Luis Rivas Vélez estuvo recientemente en Tijuana para recibir un reconocimiento por su trayectoria, por iniciativa del también poeta Eduardo Hurtado.


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Celebrada el 26 de mayo último, la distinción contó la participación de Jorge Ortega, en conversación con el autor agasajado en el Centro Cultural Tijuana (CECUT).

“La coordinación del Ciclo Trayectorias está a cargo de Roberto Nogami, Omar Silva y Eduardo Hurtado. Durante el Ciclo Trayectorias se presentarán en el Centro Cultural Tijuana algunos de los más destacados representantes a nivel nacional de las diversas disciplinas artísticas. En esta ocasión, toca al poeta José Luis Rivas recibir un reconocimiento por su larga trayectoria como poeta, creador y como traductor de poesía. Como poeta nos ha dado algunas de las obras más significativas del Siglo XX y de inicios del Siglo XXI; y como traductor nos ha dado generosamente en nuestra lengua algunas de las versiones de mayor creatividad y, al mismo tiempo, lealtad de diversos poetas de nuestros tiempos, entre ellos Saint-John Perse, Derek Walcott y muchos más”, tal como refirió a ZETA Eduardo Hurtado.

“Me siento bastante honrado con esta distinción que me produce también mucha alegría”, fueron las primeras palabras de agradecimiento que expresó a este Semanario José Luis Rivas, al tiempo que trajo a la memoria algunos recuerdos del inicio de su reconocida trayectoria como traductor y poeta.


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CAMBIÓ MEDICINA POR LITERATURA

José Luis Rivas (Tuxpan, Veracruz, 28 de enero de 1950) es el poeta veracruzano vivo más importante de la actualidad, cuya obra se distingue de otras latitudes del país por el registro lírico del habla de la región y de la flora y fauna nativa del estado de Veracruz y en general del Golfo de México.

¿Empezaste tu trayectoria traduciendo o escribiendo poesía?

“Yo he escrito poesía desde muy joven, quizás desde que estaba en la secundaria, pues con motivo de los enamoramientos que como adolescente uno tiene, esto lo fui haciendo de manera constante, también la lectura de poesía y de literatura. Aunque yo, a en esta época, enfilaba mis estudios hacia la carrera de Medicina, deserté de eso para poderme ir a Ciudad de México a estudiar Filosofía; siempre con el propósito de hacerme de un acervo amplio para tener una concepción también filosófica de la poesía y de la literatura”.

¿Qué fue determinante para que cambiaras Medicina por Literatura?

“Curiosamente, al salir de la preparatoria un par de amigos que se iban a Ciudad de México a estudiar Arquitectura y otro Matemáticas, junto conmigo, pues celebramos nuestra salida de la preparatoria, muy contentos de que ya habíamos dejado ese escalón. De repente, un amigo me hizo notar que en realidad, aunque podía desempeñarme como un buen médico, pues todas las aspiraciones que yo tenía en el plano de la escritura se verían de algún modo un tanto obstaculizadas por tomar ese camino; entonces, se me hizo patente que sí, lo que yo verdaderamente quería hacer era ser escritor“.

EN LA CÁTEDRA DE XIRAU Y BATIS

Fue en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) donde Rivas conoció a su maestro Ramón Xirau, tal como reveló a ZETA:

“Había obtenido en el examen de ingreso a la Universidad Veracruzana el tercer lugar para Medicina, pero decidí irme a presentar un examen en la UNAM para estudiar Filosofía. Y bueno, afortunadamente lo pasé y de ahí comienza una serie de frecuentación no solamente de la filosofía, sino también de estos profesores que daban una clase de filosofía y poesía, como mi maestro Ramón Xirau, a quien durante mucho tiempo prácticamente acosé buscando más información y formarme más en esos planos; luego también me di cuenta que convenía, si quería ser escritor, pues pasar por Letras Hispánicas, y bueno, también hice por ahí un recorrido un par de años. Tuve la suerte de conocer a un maestro estupendo llamado Huberto Batis, que también sirvió para darme aliento en la carrera que emprendía”.

¿En qué sentido influyen Ramón Xirau o Huberto Batis en tu vocación y en tu obra?

“Bueno, influyen ambos. Yo estaba muy convencido de que el primer libro, ‘Adrede’ (Joaquín Mortiz, 1970) de Gerardo Deniz, era de inspiración mallarmeana. Él me dijo ‘Sí, por esto y por aquello otro y tal’. Yo le pregunté quién era Gerardo Deniz y me dijo: ‘Un muchacho que trabaja en el Fondo de Cultura Económica que se llama Juan Almela’. Y así me iba informando de muchas cosas, y bueno, decía ‘esto sobre Mallarmé no lo conoce, no conoce que hay unas traducciones tales, no sabe que hay estos libros sobre Mallarmé’. Aparte, si existían, estaban en francés, pues eran difíciles de conseguir. Él me hablaba mucho de libros que eran importantes para comprender a Rimbaud, a Mallarmé, Dylan Thomas que también he traducido, no tan abundantemente. Él mismo fue traductor de Dylan Thomas, hay por lo menos unos 14 poemas traducidos por don Ramón en un número de la Revista de la Universidad de México. Él tradujo también ‘Bajo el bosque lácteo’, él le puso ‘Bajo el bosque de leche’, en inglés ‘Under Milk Wood’. Él lo tradujo y me dijo que Juan José Gurrola lo había llevado a escena, que eso ha de haber sido algo verdaderamente fantástico, bajo el título que él le puso, ‘Bajo el bosque de leche’”.

DESDE LA TRADUCCIÓN

José Luis Rivas es uno de los traductores más prolíficos que ha acercado al español a autores como Saint-John Perse, Ezra Pound, Derek Walcott, Pierre Reverdy, Michel Tournier, Aimé Césaire, T.S. Eliot, por citar algunos.

¿Cómo descubres la obra de Saint-John Perse y cómo empiezas a traducir?

“Fíjate que en el caso de Saint-John Perse me ocurrió algo curioso: hacia 1976, muy tardíamente, 26 años tenía yo, en una colección de poesía, Los Poetas, de la Compañía General Fabril Editora de Buenos Aires, había varias obras de Saint-John Perse: ‘Crónica’, ‘Antología Poética’ hecha por Jorge Zalamea. La Compañía General Fabril Editora tenía poesía de Rimbaud, Ungaretti. En fin, de todos esos títulos del que no me hice fue precisamente el de Perse, porque su seudónimo me parecía muy pretensioso, quizá el pretensioso era yo. Y bueno, pues no lo leí hasta que presenté unos materiales de mi primer libro que fue leído por un comité donde estaba Adolfo Castañón, Guillermo Sheridan, Jaime Moreno Villarreal, Evodio Escalante y de repente un amigo que también estuvo ahí entre los lectores me dijo: ‘Tu poesía me recuerda mucho a la de Perse’. Entonces dije: ‘No puede ser, yo no lo he leído’. Entonces empecé a leerlo propiamente y resultó que justamente pues sí había bastante vínculo de temas, de incorporar en los escritos tanto a la zoología como a la botánica y cuantas cosas que son susceptibles de ser poetizadas.

“Empecé a leer a Perse con mucha dedicación, y lo sigo haciendo de tal forma que preparo la traducción de toda su obra poética, estoy ya casi próximo a terminar esa odisea, pero ahí la llevo. Lo que estimaba como propio no salió a la luz, sino hasta la aparición de mi primer libro, ‘Tierra nativa’ en el Fondo de Cultura Económica. Estuvo ciertamente precedido por una plaquette en Taller Martín Pescador, pero en el lapso en que se llevaba a cabo el trabajo de edición de ‘Tierra nativa’, el Martín Pescador me solicitó un texto y yo le entregué y salió publicado antes que ‘Tierra nativa’ (1982), se titula ‘Fresca de risa’ (1981), salieron unos 100 ejemplares cuanto más”, rememoró José Luis Rivas.

“Por otra parte, he venido a descubrir que estaba de algún modo sumergido en mi propia ascendencia, porque -esto es un conocimiento reciente- he sabido que mi abuelo era haitiano, lo cual también me hizo luz respecto de por qué los que estimo tres más grandes poetas de las Antillas, Saint-John Perse, Derek Walcott y Aimé Césaire, pues son dos poetas que he traducido ampliamente. Me siento mucho más compenetrado con sus obras.

“De Césaire se hizo una antología de su poesía en la que trabajamos Fabienne Bradu y yo. Recientemente el ‘Cuaderno de un retorno al país natal’ ha sido publicado por la UV, y bueno, me gustaría traducir todo Césaire, pero he traducido una buena parte también de su poesía, aparte del ‘Cuaderno…’. Y de Walcott también he hecho una antología y traduje el ‘Omeros’, la ‘Ilíada’ antillana digamos escrita por un originario de Santa Lucía, frente a Venezuela”.

VERACRUZ O “TIERRA NATIVA”

José Luis Rivas es autor de “Tierra nativa” (1982, Premio Carlos Pellicer), “La transparencia del deseo” (1986, Premio Nacional de Poesía Aguascalientes), “Brazos de mar” (1990, Premio Xavier Villaurrutia); su obra se encuentra antologizada en obras como “Raz de Marea. Obra poética (1975-1992)” (FCE, 2000) y “Ante un cálido norte” (FCE, 2006).

En “Tierra nativa” habita Veracruz, el Golfo de México, el habla de su gente, flora y fauna. ¿Cómo o por qué escribiste “Tierra nativa”?

“Vino este descubrimiento de ‘La tierra baldía’ de Eliot en la traducción del profesor Ángel Flores, después empecé lentamente a tratar de leer a Eliot, era  algo que me fascinaba, era un autor que proponía una manera distinta de composición en el plano poético. Yo me imbuí bastante en el poema, en los recursos que estaban ahí en juego. Luego sopesé algo que ha sido decisivo para mí: me di cuenta con la lectura de la antología de ‘Poesía en movimiento’ (Siglo XXI Editores, 1966) que hicieron Paz, Segovia y compañía, que los poetas incluidos, incluso los poetas nacidos en provincia, hacían todos gala de un lenguaje que podríamos llamar culto y que no se encontraban ahí palabras ni diálogos digamos relativos al lenguaje regional, a la aparición también de esa flora y esa fauna de nuestro país, y sobre todo, la presencia del mar, salvo en alguno, como Gilberto Owen, era bastante escasa.

“Entonces, dije: ‘Bueno, yo creo que tengo algo que decir en ese sentido y, por otra parte, la forma: cierto punto en la arquitectura de ‘La tierra baldía’ me sirvió de modelo, pero también con un enfoque por completo distinto. Yo quería, en vez de una Londres encaminada hacia la muerte, el deterioro, el desgaste de sus habitantes y de su mundo, presentar una imagen paradisíaca de la provincia mexicana que yo conocía, en especial del pueblo en que nací, que es un pequeño puerto del norte de Veracruz llamado Tuxpan y que está a la vera del Río Pantepec y a 10 kilómetros del mar, el Golfo de México.

“Con esos elementos fui armando mi poesía y con muchas cosas recogidas digamos del seno familiar, porque creo que uno de los aspectos más formativos es precisamente el que vives en el seno familiar; tuve la suerte en hacer prácticamente entre un clan con tías, parientes, que ahora consideraríamos lejanos, pero que en ese tiempo eran próximos, formaban parte de una red de afectos muy estrechos. Y también tenían pues su manera particular de hablar, su propio léxico, etcétera. Entonces, con esos elementos que todavía traía yo resonando en la cabeza, quise hacer una especie de ‘La tierra baldía’ que no fuera en contra exactamente, sino que diera otra imagen, una imagen diferente”.

“HE ASALTADO Y ROBADO EN TODAS PARTES”

Hacia el final de la entrevista para ZETA, se le solicitaron a Rivas algunas consideraciones finales sobre poesía. Para empezar, se le cuestionó:

¿Cuál es el papel del poeta al reflejar el lugar de donde es?, como la flora, fauna, el vocabulario de la región…

“Yo creo que es muy importante. Esto lo ha hecho magistralmente Rulfo, cada personaje tiene este lenguaje inventado por Rulfo, tiene cada personaje una presencia propia por su léxico y eso creo que es muy importante. He querido, casi como en un plano, que algunas expresiones entren y generen una inquietud, una especie de pregunta, no dar una respuesta, sino provocar una inquietud”.

¿Quién habla en tu poesía?

“Pues muchos seres. He tomado cosas prestadas de mi madre, de mi abuela, tías, historias que he escuchado decir en una peluquería, cosas así; he asaltado y robado en todas partes, juegos también hasta con la ‘Suave patria’, dice López Velarde: ‘y pájaros de oficio carpintero’, y yo ahí digo: ‘y árboles de oficio zapotero’. Hay acercamientos y alejamientos, por ejemplo, con Pellicer, al que en cierta forma sí le reclamaría que no haya incorporado el lenguaje de su Tabasco natal, pero bueno, nos regaló una obra espléndida, ‘nos enseñó a ver’, como dijo Octavio Paz, en fin. Y bueno, también Pellicer es una presencia fuerte en lo que he escrito, está atrás como lo está atrás Cesare Pavese que también no se le ha vinculado mucho con mis cosas, pero sí tiene mucho que ver en ese sentido de apropiación de un pueblo, la apropiación del habla, la naturaleza de un pueblo, su fauna, su flora, todo eso”.

Finalmente, ¿es posible llegar a alguna conclusión sobre qué es poesía o has llegado a algún punto de partida?

“Como dijo San Agustín: ‘Todos sabemos qué es el tiempo, pero quién podría definirlo’. Todos lo sabemos, todos sabemos qué es la poesía, pero tratar de decir ‘es esto o aquello’, bueno, se puede decir ‘es esto y aquello’, pero no se puede llegar a una definición, es como el Tao. Lo decía el poeta Luis Cardoza y Aragón: ‘La poesía es la prueba inobjetable de la existencia del hombre’ (‘La poesía es la única prueba concreta de la existencia del hombre’), no recuerdo exacto cómo lo dijo, pero es eso. Si hay constancia de que el hombre existe, ésta es la poesía”.

Autor(a)

Enrique Mendoza
Enrique Mendoza
Estudió Comunicación en UABC Campus Tijuana. Premio Estatal de Literatura 2022-2023 en Baja California en la categoría de Periodismo Cultural. Autor del libro “Poetas de frontera. Anécdotas y otros diálogos con poetas tijuanenses nacidos en las décadas de 1940 y 1950”. Periodista cultural en Semanario ZETA de 2004 a la fecha.
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