Mi nana pa’ mi tata

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Opinionez lunes, 1 noviembre, 2021 12:00 PM

Cuando hace 3 años dejaba el gobierno estatal Francisco “Kiko” Vega, nunca imaginamos que Jaime Bonilla sería un gobernador igual de malo; con estilos diferentes, pero resultados tristemente parecidos.

Todos recordamos las movilizaciones en el Centro Cívico de Mexicali exigiendo la renuncia del gobernador panista por diferentes motivos, entre ellos el opaco manejo de servicios como el agua, la corrupción imperante, aumentos en impuestos o derechos que vinieron a sumarse a situaciones de orden federal, como los llamados “gasolinazos” (que si bien no correspondían al orden estatal, alentaron el hartazgo social y un ambiente de crispación).

El triunfo contundente en el 2018 del actual Presidente Andrés Manuel López Obrador y el pésimo gobierno de “Kiko” Vega dejaron el camino despejado para que Morena, con su candidato Jaime Bonilla, arrasara en Baja California de la forma que sucedió.

Como es normal, la expectativa que generó el triunfo del nuevo gobierno fue grande, máxime que se visualizaba una estrecha coordinación entre federación, estado y municipios… cosa que no se vio reflejada o simplemente no sucedió, a pesar de que todos provenían de similar partido.

El gobernador Bonilla hizo lo mismo que muchos políticos emanados de Morena: intentar imitar (sin lograrlo) al Presidente López Obrador en su estilo de gobernar. En teoría no tendrían nada de malo aspirar a convertirse en un gobierno parecido al mandatario nacional, el problema es que no tienen ni la experiencia ni la estatura política, y mucho menos el respaldo ciudadano.

Más allá de gobernar, Jaime Bonilla estuvo más interesado en extender su mandato, cosa que no sucedió (ahí creció su rencor). Sabía que el poder se le esfumaba y más pronto que tarde dejaría de ser alguien con peso específico. Su mayor frustración fue el no lograr colocar a un incondicional como su sustituto, por lo que la candidata resultó Marina del Pilar Ávila, quien ahora es la gobernadora electa.

Fue tal la rabieta del gobernador Bonilla que en plena campaña electoral quiso convertirse en el centro de atención al tomar medidas como la expropiación del Club Campestre en Tijuana o atacar a ciertos candidatos de oposición en búsqueda de reflector. A pesar de sus intentos “vanidosos” con efectos cortoplacistas, sus impulsos no influyeron en el resultado electoral ni para bien ni para mal.

Al paso de las semanas y seguramente al sentir que el nuevo gobierno lo ignoraba, o no era tomado en cuenta (no tendría por qué ser de otra manera), buscó a toda costa hacerse presente con decisiones absurdas a semanas de terminar su gestión; por ejemplo, municipalizar el agua. El colmo fue que hasta intentó que se discutiera y aprobara la revocación de mandato. Evidentemente fue ignorado y hasta humillado, legalmente hablando.

Lo más lamentable es que en los temas que más preocupan a los bajacalifornianos, como la inseguridad, entrega números rojos: el crecimiento en homicidios dolosos o feminicidios es muy preocupante; la infraestructura es mínima; el intento de reactivación económica y generación de empleo, es más un esfuerzo empresarial y de inversión privada que impulsado por políticas gubernamentales; finanzas propias en ruinas; el diálogo con diversos sectores (empresarios, medios de comunicación, organismos) está fracturado.

Lo único rescatable dese mi punto de vista es la organización en la aplicación de vacunas y la entrega de recursos a la UABC.

Al analizar la situación real por la que atraviesa el estado es claro que el primer gobierno morenista perdió una gran oportunidad por diferenciarse del gobierno panista de Francisco “Kiko” Vega. En pocas palabras, y como se dice en algunos lugares de forma coloquial, resultó “buena mi nana pa’ mi tata”.

 

Alejandro Caso Niebla es consultor en comunicación y políticas públicas.

@CasoAlejandro

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