Sembrado

Columnaz viernes, 27 agosto, 2021 8:00 AM

El martes 24 de agosto, el periodista Humberto Padgett fue detenido en Tijuana. Un policía municipal fue quien, después de discutir con el reportero de investigación del programa de Ciro Gómez Leyva, decidió, al calor de la discusión, esposarlo.

Padgett estaba haciendo investigación para reportajes de la vida en la frontera, luego que realizó una serie de la inseguridad y la violencia que se vive en Zacatecas. En su haber por la búsqueda de la información, llegó hasta Tijuana, una ciudad que conoce, pero en la cual requiere de asistencia de georreferenciación para trasladarse de un lugar a otro.

Como suele ser más común de lo que se cree, Humberto terminó haciendo fila para cruzar a los Estados Unidos, sin ser ésa su intención. Hasta allá lo llevó el GPS del vehículo en el que se transportaba.

Ahí empezó el problema. Se dieron cuenta de dónde estaban, y que es difícil salirse de una fila internacional y regresar a Tijuana, pidieron apoyo a un policía municipal, al tiempo que hacían a un lado su vehículo para no entorpecer el flujo de la línea hacia San Diego.

Esto también es muy común: que las personas que por error llegan a la garita soliciten el auxilio de la policía, y cuando ésta tiene la disposición para ayudar, hay una ruta para el retorno a la cual, maniobrando el vehículo, se puede llegar.

La otra forma de salir es ser contactado por el Cártel de la Línea, estructura criminal que, en colaboración con policías municipales, defraudan a quienes quieren cruzar, o cobran piso para ayudarlos a pasar de una línea a otra. Padgett no se topó con el Cártel de la Línea, pero sí con la municipal, lo cual, en ocasiones, es prácticamente lo mismo.

Después de un tiempo sin ser auxiliados, el periodista acudió de nueva cuenta, lo cual, aparentemente, molestó al oficial -sólo identificado como Ventura-. Periodista al fin, Humberto empezó a grabar con su celular la escena, y esto encorajinó más al policía municipal, quien le advirtió que lo presentaría “ante la Ley”. Lo esposó y lo trasladó, junto a otros detenidos, la mayoría adictos e indigentes, a la cárcel municipal de la “20 de Noviembre”, trayecto en el cual, el oficial vertió amenazas veladas. Entre otras cuestiones, le dijo “Soy Ventura, hijo de La Línea, y aquí es Tijuana y los chilangos nos pelan la…”.

Cuando al periodista lo presentan ante el Juez Calificador, el oficial presentó como “evidencia” una bolsita de metanfetaminas que dijo, había sustraído a Padgett, versión que se contrapuso con la de otro oficial, quien aseguró haber “encontrado” la bolsita de droga en el piso, cercana a Padgett. Entonces el Juez le dijo que sería acusado de narcomenudeo y entregado al Ministerio Público. Antes de hacerlo, lo trasladaron a los separos, donde el periodista fue testigo del manejo de drogas en esas instalaciones, y el círculo vicioso en el que se encuentran los adictos detenidos, una semana sí y otra también.

Detenido a las 9:00, para la 1:00 aún no era puesto a disposición del Ministerio Público. De hecho, eso nunca sucedió. Después de su estancia en los separos de la Municipal, el reportero fue informado que le impondrían una falta administrativa por “alterar el orden” y una multa de 4 mil 481pesos. De la droga ya nada se dijo. Del narcomenudeo, menos.

Humberto Padgett fue puesto en libertad después de pagar la multa, y ya para estas horas no se encuentra en la ciudad a la que llegó para realizar reportajes de investigación, y de la cual se va con una experiencia de la inseguridad en primera persona.

Conoce ahora lo podrido del sistema municipal, porque lo vivió. Del hacinamiento en que tienen a los adictos e indigentes detenidos, y de cómo contribuyen a las arcas municipales pagando multitas cada vez que son detenidos. Que, en un espacio de 6 por 3 metros, tienen “detenidos” a 12 personas, sin agua, sin líquido para poder descargar los escusados. Que el examen médico es cuestión de un minuto. Que la Municipal de Tijuana lleva a los detenidos ante condiciones inhumanas de inmundicia, corrupción y opacidad.

El policía Ventura, como muchos otros de la Municipal de Tijuana comisionados a la línea internacional, como lo dijo él al periodista, están coludidos con el Cártel de la Línea, la estructura criminal que controla la actividad delincuencial de esa zona, desde los vendedores ambulantes, hasta los ladrones, los defraudadores, y ellos que cobran piso a quienes sorprenden en las garitas.

Y, es evidente, los policías municipales andan cargados de droga para cuando se ofrezca ponerle un cuatro a una persona, implicarla en un ilícito para justificar una vendetta personal o una detención arbitraria, ilícita. Eso también es un secreto a voces, los municipales (y otras corporaciones no son la excepción), siembran droga o armas a su libre albedrio, criminal e impunemente para perjudicar al ciudadano y beneficiar al delincuente.

Seguramente esto no es una novedad para el Secretario de Seguridad Pública de Tijuana, Pedro Cruz, pero sí es una situación que, sea por incapacidad, por falta de tiempo, por complicidad o por conveniencia, no ha combatido al interior de la corporación que encabeza.

La inseguridad que se respira y se vive en Tijuana, está sustentada en la corrupción en la que están inmiscuidas las distintas corporaciones policíacas, que más que proteger, extorsionan, atentan contra los derechos humanos, y proveen de impunidad a los criminales. Y para el caso, el de Humberto Padgett es un ejemplo más.

Ya le quedan pocos días a la Alcaldesa suplente, Karla Patricia Ruiz MacFarland, al frente de la administración municipal, quién sabe si actuará en consecuencia; pero lo que sí, es que ella y su secretario de seguridad pasarán a la historia como quienes ni siquiera intentaron combatir la criminalidad, no sólo en la garita internacional, donde el Cártel de la Línea opera impune, sino en cualquier distrito de la ciudad que, durante sus meses de administración, regresó a ser la ciudad más violenta del país.

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