¿Sin esperanzas?

Opinionez lunes, 7 diciembre, 2020 12:00 PM

“El amor se debe poner más en las obras que en las palabras”.

-San Ignacio de Loyola, IV Semana.

 

Vivimos en un mundo enfermo, sin esperanzas. Sin ilusión de vivir.

Violento, triste, agresivo. ¿Sin esperanzas? ¿Esperanzas de qué?

Como que quisiéramos hacer del mal nuestra norma de vida y esto resquebraja nuestra alma, creada a imagen y semejanza de un Dios que se ha hecho hombre para enseñarnos como ser felices; pero la inercia nos hace perder el rumbo.

Nosotros mismos somos culpables del mal en el mundo y cuando vienen las catástrofes humanas parece que no sabemos dónde escondernos de un mal que es estructural y del que nosotros somos parte.

Al terminar cada año, al salario mínimo se le aumentan dos pesos. Mientras que los diputados federales reciben un aguinaldo cercano a los $300 mil pesos (trescientos mil). Cada legislador le cuesta al pueblo mexicano casi tres millones de pesos al año.

Los diputados de todos los partidos difícilmente se confrontan cuando de subirse el sueldo se trata. Muy pocos aceptarían recibir la mitad de lo que reciben por hacer nada o casi nada por este país con más pobres cada vez.

México no es un país sin esperanzas, es un país que está dispuesto a compartir en la solidaridad los bienes materiales y espirituales; a los mexicanos no nos cuesta compartir lo que robamos, lo mal habido, lo ganado bajo un sistema injusto donde el salario mínimo es de 100 a 150 pesos diarios. ¿Se imagina usted a un diputado popular que ganara dos o tres salarios mínimos? Alguien amargosamente dijo que lo que piden del Teletón cada año mejor no se lo deberían robar las empresas a sus trabajadores; en lugar de aparecer como bienhechores por dos días, debieran ser justos con su gente todo el año.

Se imagina usted que Roberto Madrazo donara sus bienes para los paisanos de Tabasco y sin que nadie lo supiera. Ganaba el maratón del Cielo. Pero muchas veces damos de lo que nos sobra, como los ricos que echaban en abundancia en el templo de lo que no les hacía falta para vivir, según narra nuestro Señor Jesucristo, comparándolos con la ancianita que dio dos moneditas y que era todo lo que tenía para vivir ese día. Ella sí dio en realidad expresó Jesús.

Este mundo y nuestros pueblos no pueden tener esperanzas si no hay justicia económica, educativa, social. En México, tras una crisis y otra, surgen nuevos ricos y pobres. Y no es difícil hacerse rico si uno cierra el corazón a las necesidades de los demás; al fin que se fija un salario mínimo de hambre y que ruede el mundo.

El Papa Benedicto XVI en su mensaje para la Paz (2008), subrayaba como un síntoma de enfermedad social la falta de esperanza. Urgiendo a la comunidad creyente y a los hombres de buena voluntad que pongamos por obra iniciativas que alienten a la comunidad humana a tener esperanza a través de la solidaridad, obras de caridad y la justicia.

No se puede ser fantasioso o iluso, pero ¿quién puede existir sin ilusiones de vivir? Las nuevas generaciones estamos perdiendo de vista que vivir sin problemas y retos es una farsa. Todo lo queremos resuelto. Es deprimente recorrer los campos de exterminio, en Europa del Este: Auschwitz, Babyn Yar, Katyn, Bykyvnia, por decir algo. Y saber que la locura de unos fue la suerte de millones. Unos cuantos que querían vivir en la opulencia y el gozo sin fin, olvidándose que millones de seres humanos necesitan ayuda, consuelo y amor.

¿De qué sirve que México tenga más de 70 mil millones de dólares en reserva de oro en el Banco, mientras el salario mínimo sube dos pesos, y se dice que más de 60 millones de mexicanos viven en la pobreza? ¿Será la injusticia una de las causas de tanto crimen, secuestro, violencia, narcotráfico? ¿No es la injusticia la causa de tanta inseguridad?

A los millonarios tzares rusos, profetas cristianos como Soliviov y Berdiaev les suplicaron que fueran justos y solidarios con los campesinos y pobres. Y no los escucharon; llegaron los bolcheviques, y en setenta años de marxismo y leninismo derrocaron a los zares y mataron de hambre a millones de pobres rusos. Devastando el país y encumbrándose los hipócritas comunistas en el poder y la riqueza.

Por eso Juan Pablo II no creía ni en capitalismos fascistas-salvajes ni menos en el comunismo marxista: URSS, China, Corea del Norte, Venezuela, etcétera. No es sencillo; tenemos que ser hombres de esperanza, justicia y caridad.

 

Germán Orozco Mora reside en Mexicali.

Correo: saeta87@gmail.com

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