El poder del ejército

Opinionez lunes, 23 noviembre, 2020 12:00 PM

En México, el ejército es una de las instituciones en las cuales la ciudadanía confía más. Estudios recientes lo ubican en segundo lugar, solo por debajo de las universidades y por arriba del Inegi.

El ejército tiene una dualidad fundamental en la vida de los mexicanos; por un lado atiende tareas muy relevantes en materia de seguridad, y por otra parte está presente en situaciones de emergencias y tragedias como terremotos, inundaciones y todo tipo de fenómenos naturales.

La política no está exenta de su labor; según el Presidente de México en turno, se le asignan tareas adicionales. Por ejemplo, para Felipe Calderón el trabajo del ejército fue pieza clave en el intento de combate a la inseguridad en particular el narcotráfico; la lucha fue frontal y sangrienta, con resultados muy difíciles de asimilar ante la magnitud del problema. Hubo aspectos positivos a resaltar, pero también se cometieron infinidad de abusos causando daños irreparables a familias.

El ejército siempre ha permanecido institucional a los mandatarios nacionales. Todo esto seguramente no es solo por cumplir con su labor y servicio a México, sino que a cambio reciben la promesa de no indagar sus asuntos internos. Ellos tienen su propia justicia e intereses de los cuales los civiles permanecen al margen.

¿Alguien sabe por ejemplo las erogaciones que realiza el ejército, así como sus destinatarios? Cuando algo se difunde ante la opinión pública, es producto de filtraciones o el llamado “fuego amigo”, es decir, provienen de la misma institución.

La detención del ex secretario de la Defensa Nacional General Salvador Cienfuegos por autoridades estadounidenses cimbró las estructuras más sólidas de las fuerzas armadas. Puso a temblar a más de uno y la preocupación generalizada fue evidente, pero lo que definitivamente irritó a la cúpula del ejército fue la inmediata y frívola respuesta del Presidente de México Andrés Manuel López Obrador: “Esta es una muestra inequívoca de la descomposición del régimen, de cómo se fue degradando la función pública”, declaró inicialmente.

Sin tener toda la información a la mano se apresuró a llevar la captura de Cienfuegos al ámbito político y a su típico discurso de la corrupción ancestral. El resultado de su poco tacto resultó riesgoso.

Es público que el ejército no solo objetó dicha detención, sino que presionó para que el gobierno mexicano se inconformara con los Estados Unidos. Pasaron hasta dos semanas para que México enviara una nota diplomática con la supuesta molestia presidencial sobre el caso.

El martes pasado nos enteramos que al General Cienfuegos, el gobierno del aún presidente Donald Trump le retiró los cargos y lo entregará a las autoridades mexicanas donde no existen acusación de por medio.

¡Qué historia tan más rara! No recuerdo ninguna detención hecha por el gobierno de Estados Unidos y que a las semanas se desistan.

¡Claro que hubo una negociación al más alto nivel! Difícil saber con exactitud qué sucedió, pero todo lo anterior es producto de la presión del ejército al gobierno mexicano. No hay que olvidar que los mandos actuales castrenses fueron colaboradores cercanos a Cienfuegos. El ventilador pudo encenderse y se apagó a tiempo.

El caso está sumamente enredado. El Departamento de Justicia de Estados Unidos señala en su comunicado oficial que fueron “consideraciones de política exterior, sensibles e importantes” las que hicieron desestimar el asunto. ¡Ah, caray!

Así pues, en medio de la sospecha e intriga al más estilo de una serie de Netflix, el ejército demostró que “aquel que se lleva se aguanta”. La liberación de Cienfuegos es la prueba irrefutable que con ciertas instituciones en México no se juega.

 

Alejandro Caso Niebla es consultor en políticas públicas y comunicación; socio fundador de la empresa CAUDAE. @CasoAlejandro

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