Homenaje a Rius

Foto: Internet/Rius, el más entrañable de los caticaturistas
 
Opinionez lunes, 20 abril, 2020 12:00 PM

Eduardo Humberto del Río García es nuestro Piaget, nuestro Freinet de la escuela activa; Iván Illich, su vecino en Cuernavaca; Skinner el padre del conductismo, Pestalozzi, Montaigne y Federico Froebel. Rius, sin proponérselo, es uno de los grandes educadores de México del siglo XX. Rius es el más entrañable de los caricaturistas; y el centenar de su vastísima obra no solo es la educación política de los mexicanos, sino su educación sentimental.

Qué bueno que los “Supermachos” se encuentren ahora en una exposición en el museo del Banquillo y pasillos del Metro Zapata, al lado de “La Familia Burrón” de Gabriel Vargas. Qué bueno que su esposa Mica y su hija Citlalli, puedan visitarla, porque se sentirán arropadas por Calzonzin y Doña Eme y sonreirán, ahora que necesitamos un motivo para sonreír.

Rius, decano de los ingeniosos cartonistas mexicanos, el más exitoso en su época y que trasciende por ser leído masivamente. Es el genial Eduardo del Río; en muchas bibliotecas, están sus obras y colecciones. Educó de alguna forma -que la SEP no ha podido- a millones de lectores de habla hispana. Reconocido mundialmente por la serie de los “Supermachos”, “Los Agachados,” “El Chamuco y los hijos del Averno”.

En temas que hasta hoy nadie propuso, en libros publicados y editados por millones, de humor agudo, ameno y divertido, fue un artista que abrió millones de empoderamientos e inteligencias con preguntas: planteo dudas, hizo pensar al lector y sembró el interés y amor por leer. Siempre registró amplias bibliografías. Hombre natural de luces que despertó inquietudes en los marginados y clases medias. No se han hecho caricaturas animadas porque es antisistémico al informar, formar despertando conciencias, crítico del sistema explotador.

Con sus críticos y detractores, en un país de mochos y fanáticos, se le debe respeto por su aporte, reconocido por la UNESCO; así como lo fue, nunca ofendió a nadie. Rius tiene la inteligencia que nadie ha probado hasta ahora, con el éxito de sus publicaciones.

En la FIL de Guadalajara el divertidísimo club de Moneros (Magú, Gis, Trino, Efrén, El Fisgón, Hernández, entre otros) producen tal interés, donde llenan auditorios y siguen haciendo reír al público que los admira. Rius tuvo sus detractores. Fue de carne y hueso, eso es innegable; pero su generosidad de su arte popular, queda en la memoria del pueblo y esa es una trayectoria que muy pocos logran.

Tuve la oportunidad de escucharlo junto a Paco Ignacio Taibo en la presentación del último libro Como Destruir México, sin ayuda extranjera. Lo leí desde la secundaria y tenía toda la curiosidad del mundo de conocerle, saludarle y agradecerle. Para efectos prácticos, Rius fue una institución en desventaja frente a la Comisión del Libro de Texto Gratuito.

Fue un personaje con influencia social destacada, que estuvo en la lista de secuestrables por el Partido de los Pobres de Lucio Cabañas, y en los objetivos de grupos paramilitares financiados por el Estado. Seguía después de Arnoldo Martínez Verdugo. Fue una persona de lo más sencilla. Tranquilo, de hablar pausado, vivió de la manera más creativa. Algún día escribió Rius:

“México es un país mestizo, un producto de la fusión de dos razas, del mestizaje (no hubo mestizaje, hubo etnocidio). El mestizaje es la cruza de dos razas, y acá nunca se dio el caso de indígenas que se ejecutaran en el lecho conyugal, a ninguna española… Ni de indígena que se cruzara con gachupín voluntariamente. El mestizaje pacífico nunca se dio en México, pues en todos los casos la cruza se efectuó por violación de las mujeres indígenas a manos de la soldadesca y clero hispanos. El resultado de esas violaciones fueron miles de niños y niñas rechazados, había miles de niños de esos vagando por los campos, viviendo del robo, huyendo de ambos bandos. Sucios, salvajes y muertos de hambre. Cuando se les capturaba, los enviaban como esclavos a las haciendas y minas, y en muchos casos a España, también como esclavos para servir en el ejército (…) el título de mestizo era un insulto. Pero los mestizos fueron y son la base de nuestra nacionalidad. Les suena, ‘hijos de la chingada’ (sic)”.

 

M.C. Héctor Ramón González Cuéllar es académico del Instituto Tecnológico de Tijuana. Correo electrónico: [email protected]

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